Ecuador: un reflexión para América Latina

Ecuador

Lo que actualmente sucede en Ecuador era inédito en el contexto de ese país. Lo digo con conocimiento de causa. Ecuador fue el primer país de América Latina que conocí, allá por los años de 1977-1979, quizá con otra visita en el 1980. Me sorprendió la belleza del país y sus regiones muy bien marcadas: la costa, la montaña, los valles, la selva y la porción insular. La capital del país, Quito, es una maravilla arquitectónica, una joya de la arquitectura colonial, con plazas impresionantes como la de San Francisco. Las iglesias, otra de las huellas coloniales, tienen interiores con una riqueza artística notable. Mi estancia en Ecuador obedecía a una invitación de la Católica Universidad Pontificia del Ecuador que recién abría su escuela de antropología. Varios de los antropólogos ecuatorianos se habían formado en México, bajo la dirección de Ángel Palerm, como los casos de Diego Iturralde o Fernando García, en cuya casa me hospedaron y pasé días inolvidable. Como tantos otros encargos, en este caso, no se me pagaba más que el viaje. Pero valía la pena colaborar en la formación de nuevas generaciones de antropólogos y antropólogas además de conocer a ese país sorprendente. Me pasé días de lo más interesante recorriendo el Ecuador de la mano de Diego Iturralde y de Fernando García, y lo que viví fue un país sin la violencia que desata la delincuencia, que era casi inexistente, a pesar de la notable desigualdad social. Pero esa violencia descarnada de la delincuencia, del narcotráfico, de los crímenes cotidianos, no se conocían en aquel Ecuador. Por cierto, la izquierda buscaba cambiar la desigualdad organizando a los sindicatos que marchaban disciplinados por los callejones de Quito exclamando ante el pase de lista de los guías, que preguntaban qué como se buscaba el cambio social: “Luchando, Creando, Poder Popular” era la respuesta multitudinaria. Muy emocionante era estar en aquellos contingentes. El movimiento indígena era muy fuerte con líderes como Ampan Karakras o Mesías Tatamuez, a los que suceden líderes como Silvia Rivera Cusicanqui, brillantes en su percepción de la realidad e inamovibles en sus propósitos de luchar por una transformación de la sociedad en aquel país de gamonales y de latifundios. Aún las dictaduras de Ecuador eran concebidas como blandas porque nunca llegaron a los extremos de crueldad de un Pinochet o de la Junta Militar de Argentina. La gente de Ecuador construía un país peculiar en medio de las desigualdades. Ciudades como Otavalo dejaban ver la fortaleza de los movimientos indígenas. En alguna visita con mi amiga entrañable Viki Novelo, fuimos a conversar con el Obispo Leónidas Proaño precisamente en Riobamba. Allí escuchamos a un sacerdote partidario de la Teología de la Liberación, admirador de Samuel Ruiz, el Obispo de San Cristóbal. Con Fernando García y Viki Novelo subimos en auto, hasta donde se pudo llegar, al Volcán Chimborazo, imponente, escenario de la película de Igor Gustavo Guayasamín, sobrino del gran pintor ecuatoriano, y que documenta cómo recolectan el hielo los quichuas y lo venden en el mercado de Otavalo o Riobamba. Es una película que nos muestra esas realidades descarnadas de América Latina y la explotación de los pueblos indígenas. En los días del Instituto Chiapaneco de Cultura la exhibimos en Tuxtla y en San Cristóbal. Por aquellas inolvidables experiencias en Ecuador,  me resulta particularmente doloroso lo que hoy sucede en el país. No me cabe duda que los tantos años de la dominación oligárquica soportada con paciencia y con luchas por el pueblo, llegó a sus límites con la presencia del narcotráfico y la delincuencia descarnada. Habrá que seguir con mucha atención los análisis y las reflexiones de los propios ecuatorianos como Fernando García, Elvin Calcaño o Abraham Verduga Sánchez. Ecuador es hoy un espejo de lo que América Latina y El Caribe viven en diferentes contextos y manifestaciones.

A 30 años del Primero de Enero de 1994, el movimiento del EZLN muestra -al igual que lo que sucede en Ecuador-que el camino hacia un cambio radical del mundo es aún muy largo. Lo mismo nos dicen las lecciones que desprendemos cuando analizamos los movimientos guerrilleros que se dieron en Nuestra América y en el Caribe además de los movimientos sociales que han transcurrido o los que actualmente transcurren. Es el camino de la Esperanza en crear un mundo en donde la humanidad viva sin los horrores que ocasiona la desigualdad social abismal que hoy vivimos. Ese camino de la Esperanza a veces es uno, pero luego se bifurca o atraviesa traiciones y obstáculos impensados dando saltos como el agua en los rápidos de los ríos. La Esperanza se estira, se encoge, dos pasos adelante pero uno para atrás: pareciera que no hay la posibilidad de un final como el que debiera, como el que se busca para transformar el mundo. Pero lo importante es que la Esperanza está allí en esos pueblos que luchan. Que Ecuador y su pueblo salgan airosos de este trance es mi deseo más ferviente.

Ajijic. Ribera del Lago de Chapala. A 14 de enero de 2024

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