José Martí: 173 años de su natalicio

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El pasado miércoles se cumplieron 173 años del natalicio del prócer cubano, de ese personaje Universal que es José Martí. Nació en la Mayor de las Antillas en el año de 1853. A lo largo de su vida, imbuida del contexto caribeño-allí en donde se inició el colonialismo en Nuestra América-se fue cincelando un personaje de múltiples facetas articuladas por su sed de libertad y pasión por la Humanidad. José Martí cultivó la poesía, pero también el ensayo, el pensamiento crítico, la narrativa, la filosofía, hasta surgir como uno de los intelectuales más brillantes de nuestras tierras. Inició ese movimiento renovador de la poesía que fue el Modernismo, pero, sobre todo, fue el ideólogo y organizador de la última lucha por la Independencia de Cuba. En ese camino, se reveló como un dirigente político de capacidades certeras, con un ideario antimperialista, siendo un visionario que advirtió los alcances agresivos del imperio. Hoy, José Martí es ampliamente conocido en el mundo por la fuerza de sus ideas libertarias y sus certeros análisis de la realidad de los pueblos que él llamó de Nuestra América, título del más difundido de sus textos. Pero es un texto seminal: sembró la semilla de la identidad latinoamericana y caribeña y desnudó en toda su complejidad la realidad del colonialismo. Durante su estancia en Nueva York desplegó en las “entrañas del monstruo” una intensa actividad divulgando su ideal libertario y anunciando la importancia de desnudar al colonialismo y de luchar por construir una Gran Patria común, cercana al ideal de Bolívar. Pero es su texto Nuestra América el que expresa una idea muy clara, una visión certera, de la importancia de una identidad común surgida de la conciencia del ser colonizado que atraviesa la historia que forjó a la América Latina y Caribeña. La Nuestra América de José Martí es la que nace de las luchas antimperialistas, contra el colonialismo como condición, lo que es inaceptable. Es esa condición común de ser colonizado lo que exige la forja de una conciencia común que no sólo no va en contra de la variedad cultural, sino que la convierte en la fortaleza mayor de una identidad conjunta que José Martí resumió en el concepto de Nuestra América. El texto martiano se publicó en la Revista Ilustrada de Nueva York el primero de enero de 1891 y el 30 de ese mismo mes y año, fue dado a conocer en México a través del órgano oficial del Partido Liberal. El texto de José Martí es el punto de arranque de los pensadores críticos que años después continuaron la disección y la lucha contra el colonialismo y la cauda de opresión que le acompaña. Franz Fanon, Aimée Césaire, Susy Castor, Gerard Pierre Charles, Jean Casimir, abrevan en la fuente martiana. Nuestra América es también antecedente del México Profundo de Guillermo Bonfil y de las teorías del colonialismo interno pulidas por Pablo González Casanova y Rodolfo Stavenhagen. La presencia de Martí es puesta en escena con la Gran Marcha de las Antorchas que se celebra año con año en Cuba, guardando la memoria y el legado de José Martí. Esa Gran Marcha de las Antorchas inunda las calles de la Habana con la presencia de todo un pueblo que reconoce en José Martí al libertador al demiurgo de una Identidad Común Nuestra Americana. Así lo presenciamos la noche del pasado miércoles con cientos de miles de cubanos y cubanas que salieron a las calles advirtiendo que están prestos a defender a su patria, inspirados en el ideal de José Martí. Los esfuerzos del Centro de Estudios Martianos situado en La Habana, en una vieja casona que habitó la familia de José Martí, han dado frutos importantes al logar, entre otros aportes, publicar las Obras Completas del prócer que aún no terminan de darse a conocer y que alcanzarán, seguramente, un número impresionante de volúmenes. Así mismo, la puesta en marcha de las Cátedras José Martí, constituye una presencia reiterada del pensamiento martiano en los medios académicos. Tenemos el honor de que las Cátedras Martianas estén coordinadas internacionalmente desde México. En la Universidad de Guadalajara está la sede de la coordinación de esas cátedras que se han difundido mundialmente gracias a los impulsos del Centro de Estudios Martianos de la Habana y el trabajo tesonero del Dr. Mario Alberto Nájera, académico de la Universidad de Guadalajara. El más reciente Encuentro Internacional de las Cátedras Martianas se llevó a cabo el año pasado con sede en las ciudades de Tuxtla Gutiérrez, Chiapas y de Chiapa de Corzo en el mismo estado. Las sedes fueron la Benemérita Universidad Autónoma de Chiapas y el Ayuntamiento de Chiapa de Corzo. Conviene recordar que esa visión de José Martí se recuperó en ese Encuentro Internacional y el texto Nuestra América estuvo de nuevo en el centro de la discusión. Como no iba a estarlo si Martí, en 1891, escribió: “A lo que es: allí donde se gobierna, hay que atender para gobernar bien; y el buen gobernante en América no es el que sabe cómo se gobierna al alemán o el francés, sino el que sabe con qué elementos está hecho su país, y cómo puede ir guiándolos en junto, para llegar, por métodos e instituciones nacidas del país mismo, a aquel estado apetecible donde cada hombre se conoce y ejerce, y disfrutan todos de la abundancia que la naturaleza puso para todos en el pueblo que fecundan con su trabajo y defienden con sus vidas. El gobierno ha de nacer del país. El espíritu del gobierno ha de ser el del país. La forma de gobierno a de avenirse a la constitución propia del país.” (Martí, 2002, p.17). Incluso, Martí en otro párrafo de Nuestra América ya advierte de la existencia de los resabios coloniales, presencia que habría de ser la fuente empírica de la teoría del Colonialismo Interno que años después desarrollaron Pablo González Casanova, Rodolfo Stavenhagen y Guillermo Bonfil. Dice Martí: “La historia de América, de los incas a acá, ha de enseñarse al dedillo, aunque no se enseñe la de los arcontes de Grecia. Nuestra Grecia es preferible a la Grecia que no es nuestra” (Martí, 2002, p.18). Y más adelante la claridad del texto no se presta a equívocos: “La colonia continuó viviendo en la República; y Nuestra América se está salvando de sus grandes yerros-de la soberbia de sus grandes capitales, del triunfo ciego de los campesinos desdeñados, de la importación excesiva de las ideas y fórmulas ajenas, del desdén inicuo e impolítico de la raza aborigen-“(Martí, 2002, p. 19). Y otro párrafo de extraordinaria factura analítica: “Éramos una visión con el pecho de atleta, las manos de petimetre y la frente de niño. Éramos una máscara, con los calzones de Inglaterra, el chaleco parisiense, el chaquetón de Norteamérica y la montera de España. El indio, mudo, nos daba vueltas alrededor y se iba al monte, a la cumbre del monte, a bautizar a sus hijos. El negro, oteado, cantaba en la noche la música de su corazón, sólo desconocido, entre las olas y las fieras. El campesino, el creador, se revolvía ciego de indignación, contra la ciudad desdeñosa, contra su criatura. Éramos charreteras y togas en países que venían al mundo con la alpargata en los pies y la vincha en la cabeza. El genio hubiera estado en hermanar con la caridad del corazón y con el atrevimiento de los fundadores, la vincha y la toga; en desestancar al indio; en ir haciendo lado al negro suficiente; en ajustar la libertad al cuerpo de los que se alzaron y vencieron por ella” (Martí, 2002, pp. 19-20). Y remata: “…que si la República no abre los brazos a todos, y adelanta con todos, muere la República” (Martí, 2002, p. 20). Párrafos que anteceden a La Patria del Criollo, el libro del historiador guatemalteco Severo Martínez Peláez (1970). Párrafos martianos que son la base de Albert Memmi, El colonizador y el colonizado (1957) o de Piel Negra, Máscaras Blancas de Franz Fanon (1952). Martí es la fuente inspiradora de las corrientes analíticas contra coloniales en boga actualmente en sus diversas manifestaciones. A 173 años de su natalicio, José Martí sigue entre nosotros alumbrando un camino lleno de tropiezos y dificultades, pero sosteniendo la esperanza en que es posible construir sociedades en las que la desigualdad y la maledicencia estén ausentes, y la vida transcurra en paz y creatividad.
Referencia Bibliográfica: José Martí, Nuestra América. Edición crítica, México, Universidad de Guadalajara/Centro de Estudios Martianos, 2002.
Una postdata tuxtleca: el 31 de enero de 1945 se fundó el Instituto de Ciencias y Artes y Artes de Chiapas, el legendario ICACH que le otorgó a Tuxtla un símbolo de identidad que está presente en la transformación del ICACH, un 31 de enero de 1995, en la Universidad de Ciencias y Artes de Chiapas.
Bosques de Santa Anita, Tlajomulco, Jalisco. A 1 de febrero de 2026.







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