Mantener el equilibrio

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El fin de semana llegó con gran recibimiento para Priscila. Había ansiado tener un receso de las actividades escolares y laborales después de una intensa semana. Le gustaba estudiar y trabajar para poder ayudar a su familia en el pago a sus estudios y sostenerse fuera de su ciudad de origen. Sin embargo, el ritmo de esa semana la había agotado y necesitaba una pausa.

Sin percatarse de la fecha en la que se encontraba, el viernes por la tarde Priscila vio mucho movimiento en las calles. Preguntó a sus amistades a qué se debía tanto alboroto, calles con venta de flores, dulces, globos. Le respondieron que era por la víspera del 14 de febrero, día del amor y la amistad.

El sábado la alarma del despertador no sonó. Priscila agradeció poder dormir un poquito más. La despertó el canto de las aves que trinaban contentas en los árboles vecinos a donde ella vivía. Se levantó con buen ánimo, había dormido profundamente. Era buena hora para ir al mercado.

En el trayecto a su destino se encontró con más movimiento que el día anterior. Calles abarrotadas de ventas con detalles con corazones, muñecos de peluches de todos tamaños, ramos de flores y negocios con bocinas fuera de sus locales con música a todo volumen. Priscila recordó que sus amistades del trabajo habían organizado una cena ese sábado por la noche. Aprovecho que iría al mercado para incluir en su despensa ingredientes para preparar una botana. Al interior del mercado se topó con adornos alusivos a la fecha, en algunos negocios hasta había promociones en la compra de más productos. Matilda compró lo que necesitaba, llevaba justo la cantidad aproximada para no excederse en gastos. Recordó que llamaría a su familia y amistades para recordarles su cariño, aunque eso solía decírselos en todas fechas, pero ese día también era especial. Mientras caminaba a casa, observó un árbol grande, con extensas ramas que estaban cambiando de hojas; lo que atrapó su atención fue que en lo más alto de una rama había un pájaro pequeño, que posaba con gran seguridad, sin balancearse. Priscila permaneció ahí algunos minutos, atenta a qué hacía el ave. Se veía muy a gusto, sin perder el equilibrio. Esa escena era un bello ejemplo de la naturaleza; el reto para las personas era cómo mantener el equilibrio en un mundo donde se vive con prisa, donde prevalece lo comercial y el tener más cosas. Se quedó pensando en cuántas personas compartirían como regalo contemplar los paisajes que regala la naturaleza. Se alegró de darse una pausa para vivir ese momento, era su regalo del 14 de febrero.

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