Renovarse como una ceiba

Árbol de ceiba. Cortesía: Graficaitinerante.

Karina se abrigó bien y se colocó la bufanda; la época invernal aún no había terminado y había sorprendido a la población por llegar más gélida que en años anteriores. Mientras recordaba el dicho de febrero loco y marzo otro poco, se cercioró bien de que la bufanda no fuera a desanudarse. Se colocó su bolso y emprendió el camino para el trabajo.

Al salir de casa percibió las fuertes ráfagas de viento, se sintió aliviada de haberse puesto la bufanda. Metió las manos en las bolsas de su chamarra y continuó su paso.

En el nuevo año se había propuesto caminar más y disfrutar de los paisajes. Por fortuna, la ciudad donde vivía le permitía trasladarse caminando, o bien, tomar transporte público. Trabajaba en una tienda grande donde vendían productos naturistas, llevaba la contabilidad del negocio.

Decidió irse por la vía más transitada, tenía ganas de caminar por esa zona. Le favoreció que era temprano y había poco tráfico. Así que fue observando el paisaje. La mayor parte de las personas iban abrigadas, no era habitual ver así a la gente en la ciudad. El clima solía ser cálido la mayor parte del año, incluso en la temporada invernal.

Observó con atención que la flora había comenzado a cambiar, varios árboles tenían pocas hojas, algunos florecían, como los de matilisguate. Aprovechó los minutos que tenía de tiempo a favor para contemplar esas bellezas. A lo lejos, los árboles de matilisguate tenían una vista preciosa y al pasar cerca de ellos era asombrosa la sensación percibida.

Tomó un atajo y salió por otras calles aledañas donde había pequeños andadores, a unos pasos estaba un frondoso árbol de ceiba. Karina recordó que, de niña, le gustaba observar las espinas cónicas que tenían en su tallo las ceibas y cómo cambiaba conforme el árbol iba madurando.

El viento sopló nuevamente, con fuerza, justo cuando ella iba pasando bajo el árbol. Se detuvo un momento y alzó la vista. La imagen fue hermosa. El árbol sin hojas, que permitía ver sus frutos como en forma de cápsulas grandes y el movimiento de sus ramas al compás del viento. La ceiba estaba en su ciclo de renovación. Mientras continuaba su camino, Karina pensó en la importancia de la renovación constante, sin que tuviera que iniciar un nuevo año. La naturaleza era uno de los más bellos ejemplos; a ella le gustaría intentar renovarse como una ceiba. Quizá ya había comenzado, el caminar era parte de eso.

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