El hombre sin atributos, 2
Casa de citas/ 783
El hombre sin atributos
(Segunda de tres partes)
Héctor Cortés Mandujano
Es inevitable; habrá algún día, tan bello como hoy, en que estaré muerto
Robert Musil,
en El hombre sin atributos 2
El hombre sin atributos 2 (Seix Barral, 2004), la novela de Robert Musil, fue traducida del alemán por Feliu Formosa y Pedro Madrigal, y revisada por Pedro Madrigal según la edición establecida por Adolf Frisé en 1978.
Ulrich, el hombre al que se refiere el título, se reúne con su hermana Agathe (casada por segunda vez), por la muerte de su padre (p. 35: “A Ulrich le sorprendió el montoncito de cenizas que quedan de toda una vida”. Ha visto muy pocas veces a su hermana. Platican, y dan varias versiones sobre una traducción de Shakespeare; cito la que consideran más literal (p. 47):
“Los cobardes mueren a menudo antes de su muerte;
“los valientes no prueban la muerte más que una sola vez.
“De todas las maravillas que he oído aún,
“muy extraño me parece que los hombres deban sentir temor,
“viendo que la muerte, un fin necesario,
“vendrá cuando quiera venir.”
Recibe Ulrich una carta de Clarisse, que comienza así (p. 55): “¡Mi adorado, mi acobardado, mi ado!”.
Por la forma en que hablan y se comportan en público, en un restaurante, Agathe dice a su hermano (p. 92): “¡Nos han tomado por dos amantes!”.
Esta segunda parte es más una novela y está centrada en los dos hermanos, que se reencuentran, se vuelven cómplices y viven juntos (Agathe abandona a su marido), se enamoran y tienen relaciones sexuales, se aman apasionadamente; un gran escándalo para aquella época (y también para ésta).
Cuando aún no ha dejado a su marido, Agathe piensa con frecuencia (p. 211): “Estoy ya un poco muerta”. Y también en lo que su hermano Ulrich le decía (p. 219): “Echa al fuego todo lo que tienes, hasta los zapatos. Si ya no te queda nada más, no pienses siquiera en la mortaja y échate desnudo al fuego”.
Ulrich se siente atraído por su hermana, pero se da cuenta que casi no la conoce y no ha compartido con ella ninguna relación fraternal, sino hasta la muerte del padre (p. 235): “¡Mi sentimiento por Agathe es sólo imaginación!”.
Ulrich y Bonadea hablan de lo distinto que es tener relaciones sexuales. Dice ella (p. 243): “En oposición a la disponibilidad permanente de la mujer, el hombre, y concretamente la parte más masculina, se intimida muy fácilmente”.
Diotima, otra de las amantes de Ulrich, dice que (p. 244), “el leitmotiv de todas las empresas amorosas masculinas, y en especial el de sus pretensiones de superioridad, es el miedo”.
Ulrich dice a su hermana (p. 255): “Mi querida Agathe, hay un círculo de problemas que tiene un gran perímetro y carece de centro. Y todos responden a la pregunta siguiente: ‘¿Cómo tengo que vivir?’ ”.
Le sigue diciendo (p. 259): “siempre he tenido amantes con las que mis relaciones han sido falsas. Han sido ilustraciones de ideas súbitas, caricaturas de mis caprichos, y por tanto simples ejemplos de mi incapacidad para establecer relaciones naturales con otras personas. […] siempre he escogido amantes que no me gustaban…”.
Y agrega (p. 260): “Me excita mucho más la vida que hay en una novela, donde aparece ordenada en un sistema; pero cuando tengo que vivirla en toda su prolijidad, siempre la encuentro ya envejecida, minuciosa hasta parecerme pasada de moda y superada en su contenido ideológico”.
Agathe, su hermana, dice el narrador (p. 332): “Lo amaba de un modo tan desvergonzado como se ama a la vida. Ulrich se despertaba todas las mañanas en todos los miembros de Agathe, cuando ésta abría los ojos”.
Agathe conversa con un señor a quien casi no conoce. Él le dice (p. 334): “Probablemente es usted demasiado joven para saber que nuestra vida es muy simple. Sólo resulta irremediablemente intrincada cuando uno piensa en sí mismo; ¡pero en el momento en que no pensamos en nosotros mismos, sino que nos preguntamos cómo ayudar a otro, se simplifica mucho!”.
El general, amigo de Ulrich, propone que es fácil hacer lo que hacen los gobiernos totalitarios (p. 391): “¡Si usted pone en mis manos los periódicos, la radio, la industria cinematográfica y tal vez unos cuantos instrumentos culturales más, me comprometo a conseguir en un par de años (como me dijo una vez el amigo Ulrich) que los hombres se conviertan en antropófagos”.
La novela, publicada en vida de Musil, termina en la página 414. A partir de la siguiente página, en esta edición, se publican todos los capítulos que se dieron a conocer póstumamente. En 1938 Musil da a la imprenta veinte capítulos, que retira antes de ser publicados. Aquí los hermanos, que hasta antes se han amado espiritualmente, digamos, unen sexualmente sus cuerpos. Ulrich tiene 32 años y es (p. 432) “atlético, bello, de un rigor matemático y de una filosófica amplitud de pensamientos”; Agathe tiene 27 años.
Las siguientes notas corresponden a esos 20 capítulos que Musil no publicó en vida.
Los hermanos se están vistiendo para ir a una fiesta. Ulrich llega por la espalda de Agathe, la abraza y la muerde; la alza y ella (p. 473) “se volvió cayendo hacia su hermano, continuando su ascensión, por así decirlo, aún en la caída, para acabar en sus brazos”; (p. 474): “Ellos no tenían en la mente nada que no fuera el puro acontecimiento corpóreo, que colmaba toda su conciencia”.
A partir de entonces, se vuelven amantes…
Contactos: hectorcortesm@gmail.com








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