Entre los espacios íntimos y colectivos

Con gratitud y amor, a mi mamá, heroína en mi vida.
Admiro a muchas mujeres en la vida; las que forman parte de mi linaje son grandes maestras, han forjado el andar y me han brindado muchas enseñanzas a lo largo de los años. Mujeres valientes que desafiaron a su época y a quienes agradezco el estar aquí y ahora. Entre las enseñanzas que tengo está el gusto por la lectura y la escritura.
En días recientes tuve la oportunidad de participar en la edición 16 del Festival Internacional Grito de Mujer Sin Fronteras, en el marco del 8 de marzo, Día Internacional de las Mujeres. Este año el Festival está dedicado a las mujeres y niñas inmigrantes, el mundo y sus pasos que construyen futuro, a partir de la invitación que me hizo la maestra Chary Gumeta.
El compartir espacio con Rocío, Karen, Ámbar, Angélica, Luz, Ixhi, Jhenyfeer y Chary, que escriben poesía, es una experiencia que me brindó muchos aprendizajes. Escuchar las voces de mujeres que nos narran historias que parten de lo que las rodea, de sus experiencias y de las personas con las que interactúan, que retratan y comunican contextos, diversidades, lenguajes, latitudes, cuerpos, territorios, resiliencia, encuentros y desencuentros, permitiendo la creación de un tejido colectivo a partir de la escritura.
En cada texto, en cada poema se perciben los colores, detalles, aromas, añoranzas, ausencias, retratos, maternidades, anécdotas, pero también la escritura se convierte en un valioso refugio, donde a través de la palabra escrita y de su compartir en la lectura podemos encontrar actos de resistencia y a la escritura como un acto político.
Escribir implica un acto de valor, pero también de amor, de esperanza, de empatía, de abrazar los instantes diversos que nos impulsan y motivan a deslizar la pluma. En cada texto escuchado y leído hay una apuesta para conectar con las emociones, para vibrar, soñar, denunciar, tejer la memoria colectiva y motivar el andar en un mundo tan lleno de vicisitudes.
Compartir la escritura, sea en poesía o en prosa, es una manera de vibrar, de seguir tejiendo nuestras historias y crear redes entre los espacios íntimos y colectivos, espacios necesarios para gritar, manifestarse, retomar el valor de la escucha y recordar que no estamos solas, solos, que es importante no callar y reconocernos en un mundo tan diverso, ávido de volver la mirada al valor y respeto de los derechos de las personas, de sus sentimientos y de su palabra.
#8M ¡Nos queremos vivas! ¡Nos queremos respetadas! ¡Nos queremos libres de violencias!







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