La cama más cara del mundo
Casa de citas/ 786
La cama más cara del mundo
Héctor Cortés Mandujano
En El cerebro religioso. Neurociencia y espiritualidad (Emse Edapp-Salvat, 2020), de María Inés López-Ibor Alcocer y Ana María de Luis Otero, reproducen la carta que escribió Steve Jobs, fundador de Apple, uno de los hombres más ricos del mundo, en su lecho de muerte. Dice, entre otras cosas (pp. 18-19): “Sólo ahora entiendo, una vez que uno acumula suficiente dinero para el resto de su vida, que tenemos que perseguir otros objetivos que no están relacionados con la riqueza. Debe ser algo más importante, por ejemplo, las historias de amor, el arte, los sueños de mi infancia.
“No dejar de perseguir la riqueza, sólo puede convertir a una persona en un ser retorcido, igual que yo. […]
“¿Cuál es la cama más cara del mundo? La cama de hospital. Tú, si tienes dinero, puedes contratar a alguien para conducir tu coche, pero no puedes contratar a alguien para que lleve tu enfermedad en lugar de cargarla tú mismo.”
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La idea de que el futuro es impredecible es debilitada cada día
por la facilidad con que explicamos el pasado
Daniel Kahneman
Es difícil sintetizar un volumen de casi 700 páginas, como Pensar rápido, pensar despacio (Random House, 2011), de Daniel Kahneman, psicólogo y Premio Nobel de Economía (ya veremos por qué), con traducción de Joaquín Chamorro Mielke.
Pero no es tan difícil centrar el tema a que alude el título. Tenemos dos sistemas de pensamiento, uno rápido y otro lento (p. 35): “El Sistema 1 opera de manera rápida y automática, con poco o ningún esfuerzo y sin sensación de control voluntario. El Sistema 2 centra la atención en las actividades mentales esforzadas que lo demandan, incluidos los cálculos complejos. Las operaciones del Sistema 2 están a menudo asociadas a la experiencia subjetiva de actuar, elegir y concentrarse”.
Kahneman ganó el Premio Nobel de Economía en 2002 por, dice su nota biográfica, “integrar descubrimientos de la psicología en las ciencias económicas, sobre todo en lo concerniente al juicio humano y la toma de decisiones en entornos de incertidumbre”. Este libro también, de algún modo, trata de lo mismo, con muchos ejemplos, anécdotas, investigaciones, experimentos, pruebas…
Escribe (p. 61): “El Sistema 1 tiene más influencia en la conducta cuando el sistema 2 está ocupado […] La gente que está cognitivamente ocupada es más probable que haga elecciones egoístas, use un lenguaje sexista y emita juicios superficiales en situaciones sociales […] controlar los pensamientos y las conductas es una tarea que ejecuta el Sistema 2”.
El Sistema 1 uno es, pues, el rápido (p. 117): “Cuando la información es escasa, cosa que comúnmente ocurre, el Sistema 1 opera como una máquina de saltar a las conclusiones”.
Los dos sistemas están muy ligados. Lo explica con claridad (p. 540): “El atento Sistema 2 es quien pensamos que somos. El Sistema 2 se forma juicios y hace elecciones, pero a menudo aprueba o racionaliza ideas y sensaciones que han sido generadas por el Sistema 1”.
Pensar rápido puede llevar a equivocarnos. Kahneman dice en sus conclusiones (p. 543): “La manera de bloquear los errores que origina el Sistema 1 es en principio sencilla: reconocer las señales de que estamos en un campo cognitivo minado, detenernos y pedir refuerzos al Sistema 2”.
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¿Quiénes somos? ¿De dónde hemos caído?
¿Quién nos ama, sabiendo que nos disponemos a morir?
Roque Dalton,
en “Animalitos”
Leo Taberna y otros lugares (Fondo de Cultura Económica, 2019), del célebre guerrillero salvadoreño Roque Dalton, quien asegura en “La segura mano de Dios” (p. 26): “para mí que todo el mundo merece irse al carajo”.
Escribe en “Samantha” (p. 36): “Bajo este sol, pienso:/ ‘Soy una virgen loca de Tolstoi/ que camina a saltitos/ para no pisar a las culebras muertas de frío”.
En “Sir Thomas” dice (p. 38): “El horizonte es el objeto más inútil de la Creación/ –decía mi abuelo para disimular el caos financiero–:/ un paso hacia adelante lo destruye”.
Dice en “Mattew” (p. 42): “Agradezcamos que cuando estamos juntos aún no nos sentimos completos:/ ello nos obliga a ver por la ventana, hacia afuera”.
En el brevísimo “Noche”, concluye en una línea (p. 57): “Ceguera: es la primera palabra que se te ocurre”.
En “Primavera en Jevani” cuenta que visitó una granja de cerdos, a quienes se trataba como reyes (p. 101): “Se nos informó que el lugar estaba alejado incluso de las carretas y las vías del ferrocarril, pues todo ruido extraño asusta infinitamente a los cerdos, los hace perder peso y puede matarlos del corazón. Nunca vi cerdos con más aspecto de hijos de puta que éstos”.
“Taberna” es el texto más largo y más propositivo de todos en este libro. Lo llama “Conversatorio”, porque recoge conversaciones al azar de un bar en Praga entre 1966 y 1967. Dice una línea (p. 118): “Os digo que está loco: es de confiar”. Y casi al final (p. 134): “Oh país en pañales!/ Oh hijos del Hombre, uncidos a la noria,/ sonrientes y sonrosados!/ Apenas alcanza el dinero/ para la última ronda de cerveza…”
Contactos: hectorcortesm@gmail.com








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