Con la iglesia hemos dado, Sancho

Papa León XIV. Foto: vaticannews.va
Hace unos días el Papa de Roma, el estadounidense León XIV, vivió los improperios del mandatario de su país de origen. El motivo no era otro que las críticas que el Pontífice realizó a los actos militares emprendidos por los Estados Unidos, en concreto se trata del conflicto contra Irán y los subsecuentes problemas derivados por ello en el estrecho de Ormuz. La posición del Papa, justificada por la búsqueda de la paz mundial, fue respondida con la agresividad y grosería que caracteriza al dignatario estadounidense. Palabras que no vale la pena reproducir y que fueron secundadas con una imagen del mismo Trump como si de Jesucristo se tratara; imagen criticada duramente y que fue retirada de manera rápida de las redes sociales con justificaciones inauditas.
La Iglesia católica, la institución más antigua del mundo, no tiene un pasado para vanagloriarse. Incluso situaciones actuales u ocurridas hace pocos años, como los casos de pederastia encubiertos por los máximos dirigentes de tal institución, no son ejemplo de comportamientos éticos, aquellos que se pregonan como fundamento de su fe. Tampoco es necesario recordar la acumulación de riquezas y el apoyo a los poderosos del orbe, aunque hayan representado lo peor de la represión contra seres humanos. Ejemplo de ello es el apoyo a dictaduras como las de Francisco Franco en España y la de Augusto Pinochet en Chile. En fin, el sinnúmero de agravios que pueden hacerse a esa institución no impide reconocer que sigue siendo, por su extensión mundial e influencia sobre muchas personas, una referencia en la opinión pública.
Por lo anterior, no es casual que la frase de Miguel de Cervantes, que da título a este texto, se haya convertido en un dicho para estar atentos a lo que sucede cuando topas con la Iglesia. Y digo topas porque es como se popularizado la frase original escrita en la segunda parte de El Quijote. Toparse con esa institución, con un Estado propio y con millones de seguidores, no resulta fácil, aunque en este caso el que tope sea el presidente de Estados Unidos, el máximo mandatario de un país que, como el mismo Donald Trump afirma, es la mayor potencia militar de la historia. Así, toparse con la Iglesia católica, o con su cabeza más visible, el Papa, no suele ser una buena receta para ningún político que entienda cómo funciona el orden mundial y las sensibilidades afectadas por los millones de fieles de esta adscripción religiosa.
No solo el actual Papa es estadounidense, sino que en dicho país son millones las personas católicas, muchas de ellas votantes de Trump en la última elección presidencial. No cabe duda que el ego del presidente del vecino del norte, que querrá perpetuarse a la cabeza de su país, con él o a través de un reemplazo pensado como títere, no tomará en cuenta esa confrontación con el Pontífice católico. Seguramente no habrá leído El Quijote y no reconocerá la frase de “con la iglesia hemos dado, Sancho”, pero no estaría mal que alguno de sus consejeros hispanos se la recordara, aunque resulta difícil creer que entienda el significado que ha adquirido con el tiempo. Tal vez sería mejor “explicárselo a las piedras”, como señala el dicho popular.







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