El resto es ruido
Casa de citas/ 788
El resto es ruido
Héctor Cortés Mandujano
Derrida. La diferencia como motor de una nueva forma de pensamiento (RBA Coleccionables, 2015), de Jordi Massó Castilla, es un ensayo sobre la vida y obra de este filósofo. Dice Derrida algo en lo que creo completamente (p. 92): “Todo texto participa de uno o varios géneros”.
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Cada pueblo tiene el Dante que se merece
Guillermo Cabrera Infante,
en “Opiniones fragmentarias”
O (Fondo de Cultura Económica, 1998), de Guillermo Cabrera Infante, lo mismo una letra que un número, es una reunión de textos variopintos de este genial escritor cubano.
En “Eppur si muove?” escribe (pp. 19-20): “Ninguna ilustración mejor que la respuesta que da Poncio Pilatos ya viejo cuando le preguntan por Jesús en ‘El Procurador de Judea’: ‘¿Jesús de Nazareth? No, no recuerdo a nadie de ese nombre’ ”; también cuenta sobre Claudie Barrie, actriz, quien llegó a París en busca de “el secreto de su movimiento y la fama” (p. 31): “Lo que encontró fue el secreto de la quietud –la muerte. Aunque por un momento llegó a ser famosa: su retrato estaba impreso en pasquines que la policía pegó por todas las paredes de King’s Road buscando una pista de su presunto asesino». Luego dice (p. 32): “Claudie murió como nació –desnuda”.
“Una inocente pornógrafa” es un célebre texto suyo que analiza la obra de Corín Tellado (o “Corán Tullido”, como también la llama). Dentro de lo que considera GCI inocente, hay en Tellado mucho sexo (p. 47): “aunque no hay la franqueza del inolvidable relajo cubano que consiguió obras maestras como La pepita de Pepita, Siete tiros en el siete o Con el machete en la mano”.
En el pie de página inicial de “Formas de poesía popular” escribe (p. 131): “Siempre me interesó más la poesía popular que cualquiera otra de sus formas cultas: para mí el poeta chileno a citar no es Neruda ni es Nicanor Parra, sino Lucho Gatica. Por supuesto que Lucho Gatica no es el compositor de los boleros que canta, pero, ¿no descansa toda la tradición literaria de Occidente en atribuir su primer poema, su primera novela y la fuente original de todo su teatro al seguro cantor y no al posible autor de la Ilíada y la Odisea?”. (Antes, ha llamado a Lucho Gatica (p. 9) “ese Séneca del bolero”.)
Escribe en “Onomástica” que (p. 151): “En La Habana había un otorrinolaringólogo llamado el doctor Garganta y un veterinario de apellido Pato”.
En “Desde el Swinging London” dice que (p. 170) “desde la muerte de Quevedo no ha escrito nadie en nuestro empobrecedor idioma con la renovadora perfección de Borges […] desde que Juan Rulfo se calló tal vez para siempre”. Otro buen chiste religioso (p. 177): “después de que con gran trabajo Cristo convierte al único pan y al solitario pez en panes y peces milagrosos, desde el fondo del banquete se oye una voz protestante: ‘Pero, Señor, ¿no habrá postres?’ ”. Cita también, entre paréntesis, la que llama “la frase maldita de Nietzsche: Demasiado tiempo han convivido un esclavo y un tirano dentro de la mujer”.
Al final del libro escribe una sintética biografía llamada “Orígenes” en la que escribe sobre él, en tercera persona. No elude cuestiones espinosas. En 1933 le nace un hermano (p. 186): “Decepcionado al tener un hermanito en vez de una hermanita, trata de eliminar la diferencia con un par de tijeras”. Habla con profusión de sexo: 1942 (p. 190): “Una puta generosa, solamente dos años mayor que él, lo introduce al secreto arte de la masturbación”; 1949 (p. 193): “Muy breve (y de nuevo desastroso) encuentro con una trotacalles negra”; 1950: “Primera experiencia sexual con éxito con una mujer adulta”.
Al final juega con una de las ideas del Hamlet (“Lo demás es silencio”) y concluye su libro con (p. 201): “El resto es ruido”.
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Dijo Voltaire (p. 22): “Había más imaginación en la cabeza de Arquímedes que en la de Homero”. La cita corresponde a Arquímedes. ¡Eureka! El placer de la invención (RBA Coleccionables, 2023), de Eugenio Manuel Fernández Aguilar, que explora la vida y obra de este científico rodeado de leyendas.
Una de ellas son sus últimas palabras. Lo mató un soldado, en su laboratorio, cuando le dio una orden que Arquímedes no obedeció. ¿Quién estaba allí para oír lo que se supone que dijo? El soldado era un romano anónimo. Después de ser atravesado por la espada Arquímedes dijo, se supone (p. 27): “No molestes mis círculos”.
Arquímedes nació aproximadamente en 287 a.C. en Siracusa, Sicilia, y fue muerto en el saqueo por un soldado romano en el 212 a.C.
Fernández Aguilar escribe (p. 15): “La vida de Arquímedes discurrió relativamente tranquila teniendo en cuenta que fue contemporáneo de las guerras púnicas. Dedicó su vida al estudio de las matemáticas y a su aplicación a los campos de la física y está considerado como el primer físico matemático de la historia”.
Otra leyenda es que corrió desnudo (p. 29) “por las calles de Siracusa gritando ‘¡Eureka!, ¡Eureka!’, celebrando de este modo el descubrimiento del hoy llamado principio de Arquímedes”. Más que de un científico, la escena parece de un loco exhibicionista.
El principio de Arquímedes, explicado con sencillez, dice que (p. 42) todo cuerpo sumergido en agua o en un fluido (líquido o gas) debe desplazar una cantidad de agua o fluido igual al volumen del cuerpo sumergido.
Se han conservado once libros suyos, aunque se le han atribuido más del doble.
Dijo Cicerón (p. 138): “Considero que hubo en aquel siciliano (Arquímedes) más inteligencia que la que parece que haya podido producir la naturaleza humana”.
Contactos: hectorcortesm@gmail.com








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