¿Son genios? Tal vez no, 1

Casa de citas/ 789

 

¿Son genios? Tal vez no

(Primera de dos partes)

Héctor Cortés Mandujano

En cada etapa cambio de tema, la forma de abordarlo, la técnica.

Es necesario, porque si no te quedas estancada y empiezas a hacer arte,

lo cual es desagradable

Paula Rego

 

Cómo piensan los artistas (Fondo de Cultura Económica, 2015), de la periodista, editora y escritora peruana Fietta Jarque, es un libro bello como objeto y por su contenido: Jarque entrevistó, “a lo largo de casi treinta años”, a 51 artistas disímbolos y cada trabajo periodístico es ilustrado por una obra de la persona entrevistada.

Dice la autora en la presentación (p. 7): “Los artistas hablan sobre su forma de trabajar, las circunstancias en que surgieron ciertas obras, los motivos que tuvieron para plantearlas de determinada manera”.

Martin Creed (Wakefield, 1968), dice la entrevistadora, tiene un cierto minimalismo en su trabajo. Viene de una familia de cuáqueros (p. 37): “Siempre me enseñaron que no se necesita más de lo indispensable para vivir. Sólo hay que ganar el dinero suficiente para subsistir, poseer el mínimo de objetos. Todo lo demás es inmoral. […] todo lo innecesario en esta vida es en cierta forma un fraude, una falsificación”.

Thomas Schütte (Oldenburg, Alemania, 1954) afirma que no sigue ninguna línea trazada en su trabajo (p. 55): “Uno de mis maestros fue Gerhard Richter y él podía tener diez estilos distintos a la vez. Desde entonces no me interesan los estilos”. Tampoco le gustan las producciones que necesiten mucho dinero (p. 58): “Con lo que cuesta producir un video puedes construir una casa. Yo puedo trabajar con todo tipo de técnicas, herramientas y materiales”.

Wolf Vostell (Leverkusen, 1932-Berlín, 1998), “pionero del happening, del arte electrónico o del videoarte y la instalación”, declaró sobre el desgaste de las ideas (p. 68): “La lástima para un artista es morir. Para artistas como yo hay trabajo para más de mil años” y también: “En un cierto modo los políticos son amigos del arte. Los enemigos del arte son los académicos”.

John Baldessari (National City, California, 1931) habla del color (p. 74): “al parecer el ojo humano puede percibir más de cien tonos de rojo. […] ¿Ha escuchado lo último en Estados Unidos? El marrón es el nuevo negro. Quiere decir que si antes se usaba el negro como color de moda en la ropa y otras cosas, ahora se está pasando al marrón”.

Ilustración: Luis Daniel Pulido

Nan Goldin (Washington, 1953), fotógrafa, ha hecho una exposición de 350 obras, El patio del diablo (p. 79): “Son imágenes de sus amigos en la cama, vistiéndose en la bañera, con sus amantes o masturbándose”; ella dice (p. 80): “Pienso que el sexo es lo que más nos acerca a lo sagrado y nos hace conscientes de la importancia del instante presente”.

Mariana Abramovic (Belgrado, 1946), dice Fietta (p. 91), “se sentó siete horas cada día, inmóvil y silenciosa. Enfrente había otra silla por la que fueron pasando, después de guardar cola, a veces durante horas, personas del público que se sentaban mirándola a los ojos. La performance se tituló The artista is present y fueron 700 horas de resistencia frente a 1.400 espectadores que a veces duraban unos minutos y otras casi un día entero. Se podía asistir también por internet, cerca de 800.000 lo hicieron”.

Paula Rego (Lisboa, 1935) confiesa (p. 117): “Un amigo muy querido, que murió hace pocos días, escribió que yo pintaba para darle un rostro al miedo. Yo siempre estuve asustada de todo”; dice también (p. 118): “Me hubiera gustado nacer niño, pero desafortunadamente no fue así, para decepción de mi abuela”.

Christian Boltanski (París, 1944) hace fotos borrosas, “difusas, fantasmales” (p. 139): “Mi gran orgullo hoy es no tener asistente ni secretario. Desconfío de los artistas que se convierten en directores de una pequeña empresa. Procuro hacer las cosas yo mismo. […] También es que pienso que la emoción está en las cosas mal acabadas”.

Fiona Ran (Indonesia, 1966) cuenta una historia simpática, aleccionadora, en un poema sobre (p. 167) “un monje irlandés del siglo VI” quien, en un libro, leyó sobre las maravillas en la tierra. (P. 168): “No se las creyó y tiró el libro al fuego. A Dios no le gustó el gesto y le envió un ángel que le dijo que como castigo sería enviado a un largo viaje de siete años para que las viera con sus propios ojos. Lo hizo en un pequeño bote hecho de cuero y navegó en busca de una isla, la del paraíso en la tierra. A esa isla se le llamó la isla de Brendán. Cuando finalmente llegó al paraíso, dio la vuelta y regresó. ¡No se quedó!”.

Íñigo Manglano-Ovalle (Madrid, 1961) hace una referencia a las nubes, como si fueran ellas seres vivos. Habla (p. 173) “específicamente (de) un tipo nube que es el cumulonimbus. La nube que todas las nubes quisieran ser”.

Tony Oursler (Nueva York, 1957) declara (p. 223): “Yo siempre he pensado que el arte refuerza la vida. Yo toco asuntos muy oscuros en mi obra, pero no soy una persona oscura”.

Hans Op de Beek (Turnhout, Bélgica, 1969) no ve mayor diferencia entre la pobreza y la opulencia en el terreno artístico (p. 232): “El universo más elitista sigue siendo bastante mediocre, sólo confirma los clichés”.

Richard Serra (San Francisco, 1939) tiene esculturas, no trabaja para las galerías de arte, su trabajo se exhibe públicamente (p. 245): “Cualquier cosa que esté dentro de un museo cuenta con la aceptación de que eso es arte, simplemente por estar ahí. Eso no sucede afuera. Tiene que encontrar su forma de sobrevivir”.

Sol LeWitt (Connecticut, 1928-Nueva York, 2007) hizo un trabajo sobre su vida. Escribe Fietta (p. 254): “Autobiografía se desarrolla a través de 1.101 fotos que el artista tomó de cada uno de los objetos de su vivienda en Nueva York poco antes de partir hacia Italia. Un detallado archivo de su entorno que pretende retratarlo con detenimiento a partir de su ausencia”.

Carlos Cruz-Diez (Caracas, 1923) dice (p. 286): “Siempre he dicho que la perfección es la acumulación de fracasos. Cuando uno llega a estructurar su discurso, como un poeta o un novelista, uno va fracasando hasta que termina por surgir la estructura deseada. No es tener ideas, ideas tenemos todos. Es estructurar una plataforma conceptual. Y eso es lo que hay que lograr, lo que han conseguido grandes artistas del pasado como Velázquez o Monet. Ellos inventaron un discurso”.

Contactos: hectorcortesm@gmail.com

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