Concierto en madrugada

Paisaje
La ola de calor que había en la región tenía agotada a la población de la ciudad en la que vivía Hermila. En su colonia el tema del intenso calor se había vuelto una plática recurrente. A Hermila le gustaba escuchar las distintas estrategias que tenían las personas para mitigar el calor. Ponían atención cuando platicaban con su mamá. Doña Chepita, la vecina que tenían frente a su casa, recomendaba preparar cafecito y agregarle una pizca de azúcar, pedía que tuvieran cuidado para que no estuviera muy caliente, no fueran a quemarse la lengua. Don Isidro, otro vecino, sugería preparar café, endulzado al gusto, pero agregarle cubitos de hielo y tomarlo helado. Martina, hija de doña Chepita, prefería prepararse una limonada natural, agregar hielo, poca azúcar y una pizca de sal y bicarbonato, para ella era un suero casero.
Doña Estela, otra vecina, ponía a remojar una pequeña toalla en agua templada, ni fría ni caliente, la exprimía y se colocaba sobre el cuello. Había que estar al pendiente para que cuando se quitara lo fresco de la toalla se volviera a remojar y repetir el proceso. Jorge, el hijo de doña Estela y amigo de Hermila, contaba que para él lo mejor era comer paletas de hielo, eso le refrescaba.
A Hermila le gustaban las propuestas de bebidas frías y paletas. El sábado, al mediodía, se sentía agotaba. Intentó preparar el café helado. Algo falló en la cantidad de café que puso porque quedó demasiado amargo, para su gusto, y no lo tomó. Decidió prepararse una limonada. Le gustó cómo quedó el sabor, bien tanteado de azúcar, sal, bicarbonato y limón. Se bebió rápido la limonada. Después de comer sintió de nuevo las ganas de beber más limonada, para su mala suerte ya no había limones. Recordó que la vez más reciente que había ido al mercado el precio del kilo de limón estaba muy caro. Decidió no distraerse más. Tenía que leer un libro con más de 300 hojas para un reporte escolar que entregaría el lunes.
Fue a su cuarto, acomodó un tapete sobre el piso, abrió la ventana. Prendió el ventilador y se sentó para iniciar su lectura. Se recargó sobre la pared. Aunque el ventilador estaba a la máxima velocidad el aire se sentía muy caliente. Hermila comenzó a bostezar. Releyó una página más de tres veces. Se quedó dormida.
Una sensación de aire fresco la despertó. Un poco desconcertada buscó a tientas el apagador de la luz. ¿Qué hora era? ¿Cuánto tiempo había dormido? Eran las 13:20 am. Se sentía renovada. El olor a tierra mojada invadió el cuarto. Había llovido, lo suficiente para generar esa ráfaga de aire que la despertó. Apagó el ventilador. Dejó la ventana abierta. Retomó la lectura, el ritmo comenzó a fluir. Después de unos minutos detuvo la lectura. Prestó atención, el canto de los grillos se escuchaba. Era un concierto en madrugada. Cerró el libro. Dejó que los grillos arrullaran su sueño.







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