El pensamiento hacia atrás
Casa de citas/ 792
El pensamiento hacia atrás
Héctor Cortés Mandujano
Robert Boyle (1627-1691) era aristócrata irlandés y rico, no tuvo necesidad de trabajar en nada que no fuera lo que hizo: ciencia. Además, nos cuenta La ley de Boyle. Boyle. Bajo presión (RBA Coleccionables, 2023), de Eugenio Manuel Fernández Aguilar, que decidió no casarse ni tener hijos.
Todo el tiempo lo dedicó a su pasión científica, que implicaba una larga lista de deseos que no cumplió, pero sí enunció (tomo las primeras cuatro, p. 40): “La prolongación de la vida”, “La recuperación de la juventud, o al menos algunas señales de ella, como dientes nuevos, coloración del pelo”, “El arte de volar” y “El arte de permanecer mucho tiempo debajo del agua”. Las cuatro ya son realidad, con el control de enfermedades; dentaduras postizas, tintes y trasplantes capilares; aviones, globos y cohetes; submarinos y escafandras de buzo…
Era prolífico en investigaciones (p. 71): “Entre 1660 y 1666 publicó doce libros”.
Comprobó, entre otras, que el sonido (p. 79) “requiere del aire para transmitirse” (experimento XXVII), descubrió la que se ha llamado desde entonces Ley de Boyle (p. 96): “El volumen de un gas es inversamente proporcional a la presión que se ejerce sobre él” y creó la bomba de vacío, que (p. 106) “se convirtió rápidamente en un emblema y pasaría a formar parte de la iconografía del siglo XVII”.
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Leo 50 cosas que hay que saber sobre matemáticas (Editorial Planeta, 2007), de Tony Crilly, y de allí comparto estas citas (p. 26) “π es el número más famoso de las matemáticas. […] π, o pi, es la longitud del exterior de un círculo (la circunferencia) dividida por su longitud de parte a parte a través de su centro (el diámetro). Su valor, la razón de estas dos longitudes, no depende del tamaño del círculo. Tanto si el círculo es grande como si es pequeño, π es, en efecto, una constante matemática”.
El álgebra (p. 62) “nos proporciona una forma peculiar de resolver problemas, un método deductivo con una vuelta de tuerca. Esa vuelta de tuerca es ‘el pensamiento hacia atrás’. Piense por un momento en el problema de coger el número 25, sumarle 17, y obtener 42. Esto es pensamiento hacia adelante. Pero ¿y si en lugar de ello, nos dieran la solución 42, y nos hicieran otra pregunta? Ahora queremos el número que nos dé 42 si le sumamos 25. Aquí es donde interviene el pensamiento hacia atrás”.
Escribe el autor sobre el algoritmo (p. 66): “En primer lugar, el algoritmo es una rutina. Es un tipo de instrucciones del tipo ‘haga esto y luego haga lo otro’. Es fácil entender por qué a los ordenadores les gustan los algoritmos, ya que se les da muy bien seguir instrucciones y nunca se salen del camino marcado. […] Es un poco como cocinar. […] Lo único que tenemos que hacer es llevar a cabo el algoritmo en pasos consecutivos, uno después del otro”.
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La revista Biblioteca de México número 91-92 (enero-abril de 2006) dedica sus páginas a Ramón Gómez de la Serna (Madrid 1888-Buenos Aires 1963), famoso entre cosas por sus greguerías; en 1955, la editorial Aguilar publicó el total de ellas (p. 8), “unas 7, 500 en cálculo conservador”.
En “El gran juego de Ramón”, José de la Colina apunta que RGS era un (p. 10) “escritor puro, deliberadamente alejado de los ‘grandes temas’, no perteneció a más ilustre institución que ‘la Academia de mi Real Gana’ ”. Más adelante, escribe (p. 19): “Ramón escribió con todo el idioma, en una relación de amor libre y no de religioso respeto ni a la lengua ni a la sintaxis”.
De “Cien y una greguerías”, una selección para la revista, tomo una muestra para compartir contigo, lector, lectora (p. 33): “Para las estrellas siempre estamos en un abismo”;
“A las mariposas las hacen los ángeles en sus horas de oficina”;
“Al levantar del suelo una hoja caída damos la mano al otoño”;
“Los ríos no saben su nombre”;
“Lo más importante en la vida es no haber muerto”;
“El silencio no duerme: piensa”;
“La mano del mar no aprieta, pero ahoga.”
De su libro Caprichos tomo esta breve historia que tituló “Doña Juana la Loca” (p. 48): “Ya de niña, con la inocencia de la infancia regia, dijo un día a su haya:
“—Quisiera probarme mi esqueleto.
“El aya le contestó:
“—El esqueleto va por dentro, alteza.
“Lloró toda la tarde al saberlo.”
De Las palabras y lo indecible es este fragmento (p. 53): “Haber muerto en mi abuelo no evita que yo sea abuelo de mi vida y de mi muerte. Me han engañado diciendo que nací, pero ya arreglaré esa mentira muriendo”.
En su libro Ismos habla de Diego Rivera (p. 87): “Se cuentan de él sucedidos valientes.
“—¿A qué debemos el honor de verle por la Academia de Bellas Artes?
“—Vengo a mear –respondió el pintor.
“Alguien, vengativamente, le acusa de incendiario en una ocasión.
“Diego desprecia a los burgueses y a los políticos de mediocre ideología.
“—El día en que los pendejos estén de acuerdo –suele decir–, se acabó el mundo.”
Contactos: hectorcortesm@gmail.com








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