Se busca a …

Pachamama. Imagen de http://genderlatm.wp.horizon.ac.uk/

 

A mi mamá y a las ancestras de mi linaje.

A las madres buscadoras.

 

El autobús arrancó puntual a su destino, Verónica se acomodó en su asiento. Aún sentía la agitación de haber llegado corriendo al andén. Justo a tiempo, dijo para sí. Intentó ir pausando su respiración. Se alegró de que no tenía acompañante en el otro asiento, cerró los ojos y comenzó a respirar profundamente. Dejó a un lado su mochila. Sintió muy agradable el aire acondicionado.

Su semana había sido intensa; era el tercer viaje que hacía fuera de la ciudad donde vivía. Viajar le gustaba, era parte de los gajes de su oficio. Sin embargo, esos viajes habían sido no tan cercanos y sentía cansancio.

Era fotógrafa de alimentos, le gustaba. Tenía un par de años trabajando en una empresa y también se organizaba para hacer trabajos independientes. Había tenido la oportunidad de conocer la gastronomía de distintos lugares en el país, disfrutaba conocer la comida en los pueblos, sobre todo porque tenía la oportunidad de conocer la historia de cómo había surgido cada platillo. En la medida que se fue relajando, comenzó a reflexionar sobre la importancia de tener un espacio laboral en el que realizaba las cosas que le gustaban.

El camión se detuvo en un semáforo. Verónica corrió la cortina. Observó un poste que tenía varios anuncios de personas desaparecidas. Aunque los anuncios no estaban en buen estado, sino despintados y despegándose, atraparon su atención. Se busca a …, decían todos. Se preguntó, ¿cuántas personas desaparecidas había en ese lugar, en otra ciudad, en los estados, en el país? ¿Cómo se llegaba a tanta indiferencia para normalizar las desapariciones? ¿Qué hacían las autoridades? El autobús siguió su paso. Verónica pensó que estaba próximo a celebrarse el 10 de mayo, día de las madres, muchas personas desaparecidas eran hijas, hijos e incluso madres que hacían falta en sus hogares, en sus familias. ¿Qué celebración tendrían las madres? Ninguna, seguirían en la lucha diaria desde sus trincheras, con el dolor, la impotencia, pero también la fortaleza, la resiliencia y la esperanza que surge del trabajo de mujeres en colectivo.

Respiró profundo, pensó en las mujeres fuertes y amorosas de su linaje. Desde el corazón les agradeció su presencia.

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