La vuelta en avión a Europa de un pequeño burgués en 1928
Veinticinco años después del primer vuelo en avión, un periodista sevillano, Manuel Chaves Nogales, emprendió un viaje por la Europa más lejana e inhóspita de entonces: la antigua Unión Soviética de Repúblicas Socialistas.
Subirse a los aviones era, en 1928, un riesgo mayor, porque con frecuencia desaparecían sin dejar rastro o se desplomaban en lugares inaccesibles.
Chaves Nogales era un explorador intrépido y, como él mismo dice, un pequeño burgués con posibilidades de darse aquellos lujos. Era, además, un gran escritor que encontró en el periodismo una válvula para expresar sus crónicas de viajes.
Me he acercado al libro que recoge aquella peligrosa exploración aeronáutica, gracias a mi amigo Iván Camacho Morales, quien me habló con entusiasmo de ese reportero que había escrito ese raro y delicioso texto.
Vuelvo a Chaves Nogales y a su valentía de desafiar el destino a bordo de esos ataúdes aéreos. Hoy sabemos que 1929 fue el año con más accidentes mortales de aviación. Trasladarlos a las cifras actuales significaría un aproximado de siete mil accidentes fatales en 12 meses.
Chaves Nogales no era un “periodista de mesa”, como se clasificaban entonces a los redactores de periódicos, sino un “periodista de patas”. Es decir, le gustaba caminar la manzana para escribir sus historias.
El primer tramo del viaje, iniciado en Getafe, el pueblo donde viví algunos años, concluyó en un aterrizaje forzoso en un viñedo francés. Los pilotos y los tres pasajeros se salvaron de milagro. El libro, sin embargo, no tiene como tema la odisea aérea, sino su exploración por media Europa.
La aniquilación del espacio-tiempo, de la que tanto se habla en tiempos digitales, Chaves Nogales ya lo había pensado: “La aviación, escribe, ha empequeñecido el mundo. Terminará por transformar radicalmente el sentido que de él teníamos. La Tierra, hasta que los aviones empezaron a surcarla, no tenía la medida de lo humano. Era demasiado grande para nosotros” (p. 27). Volar era territorializar. Tomar posesión del mundo.
El periodista se rindió ante París. Escribió que era la única ciudad definitivamente terminada. Las demás estaban a medio hacer. Se lamentaba, sin embargo, de la presencia de gringos: “París teme al peligro norteamericano. Los norteamericanos son demasiado ricos, y vienen demasiado a París. Terminarán por influir en él. Lo estropearán todo. El dólar es demasiado fuerte. Los franceses que resistieron al hierro, no resisten al oro. Es lástima. Esos tíos de Chicago lo van a estropear todo” (p. 46).
Aparte de los gringos, Manuel Chaves se sorprende de la gran cantidad de personas negras: “En cualquier otra ciudad que no fuese esta, no los soportaría. Pero el negro en París se disimula, se destiñe un poco, se hace ciudadano parisién al poco tiempo” (p. 47). Al pequeño burgués, eso sí, le molestaba la manada de ingleses que atravesaban el Louvre.
Otro aspecto que despierta su asombro es la presencia de las mujeres. Dice: “La mujer está hoy en todas partes. En un sitio, gobierna; en el otro, obedece; aquí, goza; allí, sufre; camarera o dueña, y señora de príncipes, cada cual según su temperamento. Vendedoras ambulantes, mecanógrafas, obreras, intelectuales, madres, esposas, amantes de una hora o amante de toda la vida. ¡Qué grata para uno, español, esta omnipresencia de la mujer!” (p. 50).
En Berlín le atosigó la carta de ciudadanía alcanzada por “los homosexuales” que tenían “sus casinos, sus cabarets, sus periódicos. He quedado sorprendido repasando varias publicaciones homosexuales de las que están llenos los quioscos, en los cuales se defiende con argumentaciones de carácter científico y hasta religioso esta aberración” (p. 87).
Abierto al asombro, reconoció que la Rusia del incipiente socialismo, ofrecía techo y comida para sus habitantes, pero ningún lujo. La gente viste mal, pero adivinó los deseos de superfluidad de las muchachas: “hay miles de mujercitas que darían todas las conquistas de la revolución por un par de medias de seda” (p. 146). Más adelante, escribió sobre este mismo tema: “Una de las características del comunismo puro es la implacable supresión de toda frivolidad. Nada de bailarinas, ni de cupletistas, ni de prestidigitadores, ni de números cómicos. Música sinfónica a todo pasto y agua mineral” (p. 177).
Si la curiosidad, como decía Juan Luis Cebrián, el fundador del periódico El País, es la característica de un periodista, Manuel Chaves lo tuvo en suficiencia. Pero fue más allá. Era un impertinente y profundo observador. Catalogó a los bolcheviques como burócratas insoportables capaces de dictar las más extrañas disposiciones gubernamentales que, afortunadamente, no se cumplían.
Como sucede en la Cuba trastabillante de hoy, vio que la URSS estaba llena de iconografía revolucionaria: “En todos los escaparates de todas las tiendas, en los quioscos de los periódicos, en las vallas de los solares, en todas partes se encuentran siempre las caras de los leaders de la revolución, reproducidas millares de veces por esta horrible litografía rusa, de un mal gusto que crispa los nervios” (p. 205).
Ya presagiaba la muerte de Trotsky, de quien decía, 12 años antes de que fuera asesinado por el piolet de Mercader, que era una clase de hombre que solo podía inutilizarse con la muerte.
Al regresar a Alemania, tuvo una sensación de alivio: “he sentido que se me ensanchaban los pulmones y que respiraba otra vez con plena libertad. La dictadura del proletariado se me representa ahora como un estado patológico, como una obsesión o una pesadilla” (p. 255).
En el aeropuerto de Berlín, conoció a una señora rusa que esperaba noticias de la caída de los bolcheviques. Él la desanimó; vaticinó que el socialismo se modificaría muchas veces pero que continuaría existiendo por muchos años.
Sus crónicas, publicadas en El Heraldo de Madrid, fueron reunidas en el libro La vuelta a Europa en avión,editado por Libros del Asteroide en 2023. Mi amigo Iván Camacho, sensible explorador de textos maravillosos, lo descubrió y me lo compartió. Yo, ahora, hago lo mismo con el deseo de que lo puedan disfrutar.







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