A las faldas de la montaña

Montañas de Chiapas. Foto: Ángeles Mariscal

 

Beatriz llegó mas temprano que el resto de sus compañeras para la reunión que habían organizado. Estaban por emprender un nuevo proyecto y todas estaban entusiasmadas. El punto de reunión era la escuela primaria que había en el pueblo donde vivían. Doña Carmina, una de las personas que trabajaban en la escuela la dejó pasar. Beatriz la saludó y dijo que esperaría a sus compañeras Lulú, Martina y Patricia. Se sentó en una de las banquitas que había en el pequeño jardín.

Mientras Beatriz esperaba a sus compañeras revisó los materiales que le tocaba llevar, les dio una breve lectura, verificó que todo estuviera en orden y los guardó. Una ráfaga de viento frío la hizo buscar su suéter. Se lo puso. Miró su reloj, faltaban diez minutos para el horario acordado.

Se levantó de la banquita y caminó para observar el jardín. Le pareció muy bello. Tenía apenas un par de años de haber llegado a vivir al pueblo y era la segunda ocasión que estaba adentro de la primaria. Observó que las banquitas tenían diversos colores, eso le daba un toque alegre a la vista. Había árboles que seguramente daban muy buena sombra en días soleados. Esa tarde tenía dos paisajes en el cielo, por un lado, se apreciaban tonos grisáceos y del otro tenía pinceladas en tono azul decorado con nubecitas blancas. Percibió que el viento se tornaba más frío.

El jardín estaba cercado, Beatriz identificó que era con llantas que tenían detalles tan bien cuidados que le daban un toque especial y combinaban con los colores de las banquitas. Se sintió contenta que ahí fuera su lugar de reunión.

Volvió a sentarse en la banquita donde había dejado sus cosas. Tenía frente a ella el paisaje de las montañas que rodeaban a la escuela. Contempló lo imponente del paisaje. Recordó que de niña siempre le gustaba dibujar montañas. Imaginaba lo que había en ellas, las definía con trazos circulares y coloreaba en tono verde oscuro. Esa tarde estaba frente a uno de los paisajes que más le impresionaba. Admiró lo hermoso de la naturaleza. Se sintió sumamente agradecida de estar ahí, en ese momento respirando, con mucha paz, a las faldas de la montaña.

A lo lejos escuchó que alguien tocaba el portón de la escuela. Se levantó para abrir. Eran Martina y Lulú. La reunión no tardaba en comenzar.

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