Chiapas: Universidad, Academia y Redes Sociales en Tiempos de Guerras

En plena transición de la Era de la Información y la Sociedad Red[1] a la Era del Algoritmo y la Inteligencia Artificial, se acrecienta la relevancia en nuestras vidas de lo mediático, las imágenes, la realidad virtual, lo cibernético, Internet y las redes sociales. En este momento histórico las redes sociales más populares son Facebook, X, YouTube, WhatsApp, Instagram y TikTok. Según la Unión Internacional de Telecomunicaciones, para 2025, 74% de la población mundial usaba Internet; en México, el 86.1% y, en Chiapas, el 71.2%.[2] En ese mismo año solo el 53.1% de los hogares chiapanecos tenía Internet en casa, pero quienes conocemos el Chiapas profundo sabemos que hasta las personas que habitan en las comunidades rurales más apartadas compran fichas para acceder a Internet satelital a pesar de que muchas veces no cuentan con el suministro permanente de electricidad. Agreguemos que también existen aquellas personas que por convicción política o por cuidado a su salud se han desconectado conscientemente de las redes sociales. Por otro lado, hay gobernantes como el actual presidente de EE.UU., quien nos comunica sus decisiones de Estado principalmente a través de sus redes sociales. Impresionante la complejidad del panorama.
Las redes sociales se han convertido en hiperprotagónicas cuando se dan conflictos de todo tipo: interpersonales, familiares, políticos, gubernamentales, internacionales. Pero ahora aterricemos en el conflicto acaecido en el Posgrado de Estudios e Intervención Feminista (PEIF) del CESMECA-UNICACH. Lo que sucede ahí es importante no solo para los 21 posgrados (públicos y privados) localizados en San Cristóbal de Las Casas, sino para el devenir del capitalismo académico y la universidad pública bajo asedio, ambos en crisis profunda como parte de la crisis civilizatoria en curso. Vayamos por partes.
Las narrativas. Como muchxs ya saben, el viernes 17 de septiembre de este año se publicó en el FB del CESMECA la carta donde la institución dio a conocer el cese de cuatro profesoras del referido posgrado señalando que la decisión se tomó “en estricto apego a la normativa universitaria” y se sustentó en “hechos constatados por la Defensoría de los Derechos Universitarios, donde se acreditó la reiterada presencia de conductas de acoso laboral (mobbing), racismo, exclusión e invisibilización, ejercidas de manera coordinada y con impacto directo en la labor académico-administrativa de la Coordinadora del PEIF”.
La carta institucional era muy diferente de lo que desde meses atrás venía circulando en las redes sociales por parte de las profesoras ahora cesadas y que continúa siendo expresado en sus ruedas de prensa y comunicados. Señalaban una “serie de situaciones” vividas tales como: “explotación laboral, violencia institucional, hostigamiento y persecución por la libertad de pensamiento y un intento activo para desaparecer el PEIF”, así como la orquestación de una “campaña de desprestigio pagada en redes sociales y páginas de Facebook fantasma” y “el desprecio y la intolerancia a su voz crítica dentro del CESMECA”.
Dicha narrativa era muy fuerte y encontró eco y acogida en diferentes espacios feministas, académicos y universitarios que, en diferentes latitudes, están enfrentando violencias institucionales y patriarcales a más de la violencia feminicida perpetrada dentro y fuera de las universidades. Hubo otro grupo de mujeres que dudaron en dar automáticamente su solidaridad y buscaron información de manera directa; otras ya conocían de cerca el devenir de los hechos sucedidos a lo largo de los años.
Uno podría preguntarse ¿las solidarias con la causa contaron en su momento con todos los elementos necesarios para saber qué ha pasado en el CESMECA desde, por lo menos, antes de la muerte de la fundadora de ese posgrado? ¿Sabían lo sucedido entre las cesadas y la coordinadora maya tsotsil administrativa del posgrado? ¿Con las ex profesoras-investigadoras del referido posgrado? ¿Conocían los testimonios de las exalumnas en su relación con las cesadas? Tal vez esas firmantes no tenían todos esos elementos que ahora se conocen públicamente a través de FB generando reacciones de todo tipo: a favor y en contra.
La institución. Al leer la carta institucional en el FB del CESMECA-UNICACH, alguien que no conozca la historia a detalle se podría preguntar: ¿Cómo se sustenta esa decisión del cese de las cuatro profesoras? ¿Cuál fue el procedimiento seguido por la Defensoría de los Derechos Universitarios? ¿Cuáles son las pruebas que se reunieron? Al no haber desde esa instancia una explicación pública con todos los elementos, se da pie a todo tipo de especulaciones: ¿Y si lo hicieron por ser las cesadas feministas? ¿Por ser mujeres? Al no desplegar toda la información que reunieron y analizaron se abona a que emerjan dudas, desconfianzas, sospechas. Hay incluso gente que se pregunta si esa respuesta expedita del caso no oculta otros intereses. Y esa sospecha no es casual, sabemos que las universidades son parte del sistema mundo moderno y como tal tienen luces y sombras. Entre las sombras se pueden mencionar que pueden llegar a ser cotos de grupos de poder, trampolines para carreras políticas, espacios para practicar la corrupción.
Decir que así son “todas” las universidades o la aquí referida requeriría de pruebas contundentes y de otro tipo de análisis. Mi punto aquí es, que creo que la forma y los tiempos en que se comparte la decisión de la UNICACH no abonan a dar claridad y sustento a lo anunciado. Como señalan las actuales estudiantes del posgrado en su comunicado de hace dos días, hay “comunicación institucional insuficiente” que crea “incertidumbre” a la par que exigen “atender las situaciones de violencia y al mismo tiempo garantizar la continuidad académica” del posgrado del que son parte.
Democratización de la comunicación y libertad de expresión. Hace más de tres décadas vimos con gran optimismo la democratización de la comunicación, vivimos ese proceso de ruptura del gran monopolio televisivo, radiofónico, periodístico. Vimos surgir y fuimos parte, del surgimiento de los primeros videoastas indígenas en el gran Abya Yala, nos enlazamos con quienes impulsaban las primeras radios comunitarias, los primeros sistemas de Internet comunitario. Vimos y vivimos ese apropiarse de los medios (de las redes sociales incluidas) para luchar por los derechos de las mujeres, los pueblos, las resistencias y en contra de los megaproyectos y los extractivismos de todo tipo. La comunicación comunitaria, la soberanía audiovisual en manos de los pueblos, la autonomía agroecovisual, etcétera, etcétera, han sido parte de la vida de los pueblos en resistencia y de muchxs de nosotrxs. Sin duda, los medios en manos de las mujeres, jóvenxs, otres y pueblos en resistencia ampliaron la libertad de expresión no solo “individual” sino comunitaria y colectiva.
Las redes sociales no solo ampliaron voces, a la vez reprodujeron nuevas formas de concentración, vigilancia y control de la esfera pública. Al ser ellas parte del sistema-mundo regido por el dinero capitalista, buena parte del poder de intermediación desde los medios tradicionales se trasladó hacia unas pocas corporaciones tecnológicas globales. ¿Quién es visto, escuchado o leído? depende de plataformas privadas, algoritmos, alfabetización digital, capacidades tecnológicas desigualmente distribuidas en sociedades, como la nuestra, altamente empobrecidas: en México, en 2025, 29.6% de su población está en el rango de pobreza y, en Chiapas, el 66%. En 2024, Chiapas fue el estado con el índice más alto de pobreza y de pobreza extrema en el país. Pero no me vayan a malentender, las redes sociales no se reducen a un asunto de pobreza o de clases sociales, las cruzan todas, pero sí tienen que ver con un asunto de riqueza extrema obscena: entre 2015 y 2024, la riqueza de los multimillonarios tecnológicos pasó de US $788.9 mil millones a US $2.4 billones, es decir, prácticamente se triplicó.[3]
Las violencias. Mucha gente sabe, otra no, que las grandes plataformas deciden mediante algoritmos qué contenidos circulan, cuáles se vuelven virales y cuáles prácticamente desaparecen; además, sus modelos económicos tienden a premiar aquello que genera mayor interacción, incluso cuando se trata de información falsa, discursos polarizantes o contenidos emocionalmente extremos. A ello se suman campañas coordinadas de desinformación, acoso, discursos de odio, censura estatal y formas de autocensura derivadas del miedo que produce la violencia digital. Digo todo esto porque si uno ve a detalle el caso del PEIF del CESMECA-UNICACH, encontramos todos estos ingredientes adentro. Esos y más.
Y cuando digo “Y más”, me refiero a amenazas cibernéticas que usan un lenguaje aterrador a quien(es) han definido como “target(s)” u objetivo(s). Esa violencia extrema en las redes sociales parece buscar paralizar a la gente diciéndole: te vamos a matar cibernéticamente, que es también una muerte social, política, emocional y espiritual. La amenaza aterradora en redes sociales funciona no solo para quien es amenazado y atacado sino para todo el que la lee. Para el target parece decirle: prepárate, aléjate, cállate, mídete porque ahí viene. Para el resto de la audiencia que consume redes sociales, le manda el mensaje de disciplinamiento que opera, sobre todo, a nivel del inconsciente. Con esa táctica se apuesta a desencadenar nuevas crisis que beneficiarían ¿a quién? Y vienen más preguntas: ¿Son éticos esos métodos y lo son quienes lxs practican? ¿Quién lxs juzgará a ellxs y a los efectos de sus actos? ¿Quién lxs parará? ¿Lo harán los dueños de las redes sociales quienes alimentan sus riquezas con todo esto?
El sistema académico y el universitario. Todo lo que está pasando en este conflicto es como ver y estar adentro de una película de horror, pero la diferencia es que acá para pararla no puedes apagar la computadora o la tele. La protagonista número uno de esta película es la violencia, o más bien dicho, las violencias. Diferentes formas de violencias están enunciadas en los comunicados de las profesoras cesadas, están en el pronunciamiento de la coordinadora del posgrado, en el de las exprofesoras-investigadoras y las exalumnas y en el comunicado de las actuales alumnas del posgrado. Todas ellas apuntan a un sistema académico tóxico, enfermo, que enferma. A un sistema universitario y académico que nos está dañando de diferentes modos a todxs. ¿No sería el momento indicado para reflexionar en colectivo y en voz alta la naturaleza y la forma de operar de ese sistema académico regido por reglas y tiempos capitalistas neoliberales? Hablar sobre la mercantilización del conocimiento, la competencia, los tiempos de eficiencia terminal, el fomento del trabajo individualizado y egocentrado, la rampante burocratización, las becas como paliativas ante la falta de empleo, el envejecimiento de las plantas docentes, la falta de adecuados programas de pensiones, la falta de integración a la vida laboral digna de las nuevas generaciones.
Eso y tantas cosas más que pesan sobre estudiantxs, profesorxs, administrativxs de todos los posgrados, centros de investigación y universidades. ¿Están los feminismos, las feministas, impulsando verdaderamente un debate colectivo de este tipo? ¿Pueden las estudiantes hacerlo? ¿Pueden las autoridades y los administrativos tejerse con todo esto autocríticamente? Parece que lo que digo no tiene que ver con el caso del PEIF del CESMECA-UNICACH, pero tiene que ver y mucho con ellxs y con todxs lxs que estamos en este sistema que cada vez se reproduce más y más y más como un sistema de muerte, con muchas muertes en vida, con muchas ciberviolencias, con muchas afectaciones físicas y psicoemocionales para todxs.
Escenarios posibles. Primer escenario: el mal manejo institucional de la información y del conflicto hunde al posgrado y terminan cerrándolo. Asunto que sería una desgracia porque las epistemologías, las teorías y la política feminista nos han dado mucho y pueden dar mucho más si logran florecer y no destruir. Este posgrado es fruto de la lucha de las mujeres y, como tal, que se cierre sería un retroceso para las mujeres que luchan, sea de forma feminista o más allá de los feminismos. Segundo escenario: la bola de nieve de las violencias cibernética, sociales, políticas crece y crece afectando a muchas otras personas y así se cierra la posibilidad de hacer reflexiones y acciones colectivas de cambio profundo de nuestros sistemas académicos y universitarios. Tercer escenario: la crisis colápsica expresada en CESMECA-UNICACH abre las conciencias personales y colectivas de dónde estamos y permite revisar las causas estructurales y sistémicas de lo que estamos viviendo…
[1] Como le llamó Manuel Castells.
[2] Para estos dos últimos, el INEGI cuenta la población mayor de 6 años.
[3] Tomado de UBS, Billionaire Ambitions Report 2024.







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