¿Viva México? ¡Qué viva México!

Día de la Bandera. Foto: Moisés Zúñiga Santiago

 

Hortensia se resistía a salir de casa después de la celebración de las fiestas patrias. Le daba una especie de flojera. Sin embargo, la despensa en casa ya no tenía más víveres para cocinar. Emprendió el camino no tan temprano, después de las diez de la mañana. Se dispuso a hacerlo con la mejor actitud para no tardar en volver a casa.

Se topó con la buena fortuna que el trayecto de su recorrido tenía poca gente, era día feriado y no todos los comercios estaban abiertos. La ciudad se veía distinta, más tranquila. El día era bellamente soleado.

A unos pocos metros de haber caminado vio que permanecían las vallas que ponían para el evento del desfile. La actividad ya había terminado. El paisaje de las calles no era agradable, mucha basura regada por todos lados, vasos desechables, envolturas de alimentos, papeles, popotes. Vio a su alrededor y la basura estaba tirada muy cerca de los botes que tenía la labor de recolectarla. A Hortensia le costaba comprender cómo es que habiendo donde colocar la basura, más de una persona decidía tirarla al piso.

Respiró profundo y siguió su camino. A los pocos pasos vio a una señora adulta mayor, sentada en una gradita, a la entrada de una nevería, a un lado tenía una cajita llena de pequeños dulces. Los estaba vendiendo. Observó el rostro de la señora, no estaba atenta a vender sino entretenida viendo una pantalla grande dentro de la nevería, había una película.

Caminó un poquito más y se topó con un señor adulto mayor que cargaba una mochila al hombro, el peso era no liviano. El rostro del señor se veía cansado. Por la mente de Hortensia pasaron preguntas, ¿dónde está la familia de estas personas adultas mayores? ¿Tendrán un hogar? Lo que veía era contrastante con la serie de adornos coloridos en verde, blanco y rojo, los colores patrios de la bandera mexicana que decoraban las calles y algunos comercios que estaban abiertos.

Apresuró el paso e hizo la compra de su despensa. Regresó casi por la misma ruta, tenía la intención de comprarle dulces a la señora que estaba en la nevería. Ahí estaba, en el mismo lugar, aún tenía muchos dulces en venta. Hortensia se los compró todos. La señora mostró el rostro de alegría y le agradeció la compra.

Mientras regresaba a casa Hortensia pensó en las distintas realidades que pasaban en la patria, en el terruño y la frase que se solía decir en las fiestas patrias, pero la puso como pregunta, ¿Viva México? Recordó el rostro de la señora cuando le compró los dulces y sin titubear Hortensia dijo para sí: ¡Qué viva México!

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