Mantener el vuelo

Imagen: https://albertogranados.wordpress.com
Margarita revisó qué hora era, 13:45. Suspiró profundo. Se levantó de su asiento, necesitaba estirarse un momento. Tenía casi tres horas trabajando en la máquina de coser. Bebió un poco del agua que tenía en su bote. Caminó hacia la ventana. Sintió los rayos del sol que fueron un grato regalo para su pausa. Estiró la espalda y llevó los brazos hacia arriba. Permaneció así unos segundos, sintió que la espalda le agradecía ese movimiento.
Volteó a ver la máquina, su herramienta de trabajo. Aún le faltaba terminar la encomienda que le había dado su tía Elisa. Margarita tenía seis meses trabajando con su tía, quien era costurera. Doña Elisa le enseñó cuestiones básicas y Margarita aprendió pronto. Por cuestiones económicas Margarita había dejado de estudiar al concluir la preparatoria. Una de sus metas era ser maestra de educación preescolar. Encontró en la costura una manera de poder ayudarse para ahorrar y pagar sus estudios.
El trabajo en la costura había sido de muchos aprendizajes para Margarita, casi siempre terminaba sus encomiendas antes del tiempo establecido. Esta ocasión era diferente, tenía más pedidos de la tía Elisa y el tiempo de entrega era menor que en veces anteriores. Ese día se sentía con tensión en la espalda. De ahí que había decidido hacer una pausa.
Se quedó contemplando unos minutos el paisaje que tenía frente a la ventana. La concentración en el trabajo le había hecho olvidar que el pueblo en el que vivía era hermoso. La casa de su tía Elisa estaba ubicada en una parte alta, desde ahí la vista era muy bella. Para el deleite de su vista y su corazón vio pasar varias aves, algunas solas, otras en parvadas. Tuvo la oportunidad de observar a algunas desde que emprendían el vuelo hasta perderlas de vista.
Algo que maravillaba a Margarita era cómo las aves podían mantener el vuelo. Veía en ellas hacer unos aleteos seguidos, luego pausaban el aleteo y volaban nuevamente, aleteaban casi de manera sincronizada, hacían pausa y mantenían el vuelo. Mientras seguía observando a las aves, el rostro de Margarita dibujó una sonrisa, se imaginó que ella era una de esas aves. Había emprendido el vuelo cuando decidió costurar para poder ir a la universidad, ahora tenía un gran reto, mantener el vuelo para llegar a cumplir esa meta. Perdió de vista a las aves. Era hora de regresar a su encomienda.







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