Artículos publicados por: Héctor Cortés Mandujano

Ilustración: HCM

Vacuidad

Eduardo Galeano: “En cada pelea conyugal, el hombre envejecía cien años y ellas quedaba completamente a oscuras”

Ilustración: Juan Ángel Esteban Cruz

El color del mundo

Saul Perimutter: «El universo está compuesto de materia oscura y energía oscura, y no sabemos qué son ninguna de las dos”

Ilustración: Juventino Sánchez

Pocos leones y muchísimas hienas, 2

El soldado raso, en las redes, se siente con derecho de injuriar al general; el recién ingresado a la carrera de Letras habla con repugnancia de lo mal escritor que es Borges

Ilustración: Juventino Sánchez

Pocos leones y muchísimas hienas/ 1

    Los gobernadores son como virreyes y hacen lo que quieren. No hay continuidad en programas institucionales, no hay contrapesos ante sus decisiones (así sean absurdas o estúpidas), no hay sociedad civil organizada que se les ponga enfrente. Sólo hay algunos momentos en que parecen entender: con los levantamientos y las consecuencias políticas de las matanzas.

Ilustración: Juan Ángel Esteban Cruz

La conclusión de Silvia y Bruno

Neil Harvey: “En Marqués de Comillas el ingreso mensual es menor (870 pesos), lo que deja un peso con 61 centavos para los tres alimentos diarios, que por supuesto la mayoría de los habitantes nunca llega a tomar”

Foto: Raúl Ortega

Silvia y Bruno

Lewis Carroll: “Nunca nadie ha pisado un hada”

Ilustración: HCM

Una niña muerta que mira por la ventana

J. M. Coetzee: «Dios está libre de pasiones y no siente placer ni dolor. En consecuencia, quien ame a Dios no puede esforzarse por lograr que Dios lo ame a su vez; al desear tal cosa, en el fondo desearía que Dios no fuera Dios”

Ilustración: Juan Ángel Esteban Cruz

El plural de la modestia

Pablo Neruda: “Amor, cuántos caminos hasta llegar a un beso,/ qué soledad errante hasta tu compañía!”

Foto: Raúl Ortega

El rápido olvido

Peter Medawar: “Creo que fue San Agustín el primero en llamar explícitamente la atención hacia la gran realización de leer en silencio, es decir, leer sin mover los labios, ni proferir sonidos»