Tomás, el taxista bueno

A Tomás Contreras Hernández lo conocí hace un par de días. Tiene 36 años de edad y desde hace cinco es taxista. Es originario del municipio de Villaflores, pero desde hace 19 años vino a Tuxtla Gutiérrez para trabajar. Es padre de familia y un conversador reservado. “Me gusta más escuchar a la gente” dice.

Lo primero que recibí de él –cuando lo conocí- fue una disculpa por el retraso para recogerme –no encontraba el sitio donde debía de hacerlo-. Durante todo el viaje se mantuvo callado hasta cuando le pagué por el servicio. No tenía cambio así que le quedé debiendo 20 pesos de la cuota “hay para la otra” me dijo resignadamente.

Estaba adentro de mi casa cuando Tomás regresó y se puso a tocar el claxon, y por desconfianza decidí no abrir ya que era de madrugada. Al día siguiente me di cuenta que la razón por la que había vuelto era porque dejé olvidada mi cartera. Más tarde me la fue a dejar hasta donde estaba. Nada hacía falta.

De una manera más detallada conté sobre lo sucedido en mis redes sociales. Uno de los “post” que más “me gusta” y compartidos he tenido. Me di cuenta que tenemos mucha necesidad de conocer historias con finales felices. Esas que nos dicen que “no todo está podrido en Tuxtla”.

A veces pareciera que solo quienes han cometido un delito; políticos –no siempre son los mismos que los primeros-;  o  personas a quienes se les han violentado sus derechos pueden estar en los medios de comunicación. Las otras personas, las “ordinarias” –que siempre resultan ser extraordinarias- no aparecen en los medios, no son la nota del día, a pesar que son ellos y ellas, quienes hacen que este país siga adelante. Tomás es de esas personas ordinarias-extraordinarias..

El subirse a un taxi es un acto de confianza

Hasta cuando le hablé para pedirle que me diera una entrevista, Tomás se enteró que yo era periodista, y que a varios nos hizo el día con su ser honrado y generoso.

Hasta, ahora, que conversé con él me di cuenta bien de cómo era el hombre que me regresó mi cartera. Sonríe con frecuencia, es fácil tenerle confianza porque tiene un trato muy amable, hasta para dar la mano es cálido.

“El subirse a un taxi es un acto de confianza tanto para quien se sube como para nosotros que vamos manejando. A mí me han asaltado cuatro veces” cuenta Tomás, quien prefiere trabajar de noche. “No piense que soy flojo, pero no soporto el calor y ya me acostumbré a trabajar en este horario” dice un poco apenado.

El taxista es consciente de todos los prejuicios que hay en torno a su oficio. “Yo sé que muchos aprovechan el taxi para asaltar, abusar de la gente o hasta matarla”.

Tomás nunca ha tomado un curso sobre género ni tampoco ha escuchado sobre feminismo o algo así. Pero en su práctica diaria es un aliado. “Yo siempre les digo, sobre todo a las mujeres que se suben al taxi, que siempre que lo hagan le tomen foto a la unidad y que se lo manden –ahora sí como dice el dicho- a quien más confianza le tengan. Yo no me molesto que hagan eso porque tienen razón, ellas no me conocen  y es normal que tengan desconfianza por tantas cosas que han sucedido. Yo lo que trato de hacer es que sepan que soy alguien de confianza. No les hago plática salvo que el propio pasaje lo haga, siempre trato de demostrarles que no tengo intención de nada malo, no arranco el carro hasta que veo que entran a su casa por cualquier cosa”. Cuando Tomás hace el recuento de lo que hace de manera cotidiana recuerdo que, exactamente, eso hizo el día que olvidé mi cartera.

A pesar que lo han asaltado cuatro veces, Tomás no es prejuicioso, no le gusta juzgar por la apariencia a las personas. “A mí me han asaltado personas que andan muy bien vestidas y he tenido clientes que tal vez a otros les diera miedo por cómo se visten o andan muy tatuados, pero son muy buena gente. No se debe de juzgar por la apariencia”.

La mayoría de los servicios que hace son a clientes frecuentes. Además también le trabaja a dos cenadurías. Su taxi es parte del sitio Fora, que tiene su base en Sams Club poniente en Tuxtla. En ese lugar trabajaba de “propinero” antes de que le ofrecieran ser chófer del taxi.

La gasolina que sube y la ciudadanía que no se organiza

Aunque Tomás es un conversador reservado cuando agarra confianza se suelta sin problemas.

El “mito” de que los taxistas son un referente del pulso de la ciudadanía con él se confirma. Se queja del aumento a la gasolina y de la falta de organización que tenemos como sociedad para hacer algo al respecto.

Como la mayoría de personas en la capital del estado es asalariado. No es dueño de su propio taxi. La cosa no es fácil y es que solo para sacar un carro de agencia se necesitan unos 30 mil pesos y tener seguros los pagos mensuales, y es que a pesar de que tiene clientes habituales, el sueldo en este oficio es irregular y él tiene una familia que sostener.

Tomás terminó la secundaria y después se vino a trabajar a Tuxtla Gutiérrez. Su intención no es ser taxista toda la vida porque, aunque le gusta manejar, el oficio tiene sus cosas desafortundadas, la inseguridad en la ciudad es una de ellas.

Después de conversar le mostré mi “post” en Facebook. Sonrío y me dijo: “ni siquiera abrí su cartera”. La honradez y la dignidad no son opción para las personas extraordinarias.

El número de celular de Tomás Contreras para quienes requieran su servicio: 9612348243.

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