Del periodismo impreso al periodismo digital

Imagen tomada de https://www.unir.net/revista/artes/periodismo-digital/

 

En estos tiempos de inteligencia artificial, plataformas de información, redes sociales y todo lo que implica la tecnología llamada digital, me parece importante no renunciar a un periodismo crítico, que además de lo digital, se siga expresando en forma impresa. Recuerdo con nostalgia a los suplementos culturales de los periódicos nacionales del país, publicados cada domingo y que eran una lectura estimulante. Incluso Bellas Artes publicaba un Encarte Cultural en todos los periódicos del D.F. hoy Ciudad de México que era ampliamente distribuido en el país. Viene a mi memoria los días en que a Tuxtla Gutiérrez llegaban los periódicos, vía Mexicana de Aviación hacia el mediodía. Uno de los puntos de distribución era la librería “El Progreso” de mi abuelo Antonio Puig y Pascual que en los años en que cumplía los 12 de edad, administraba mi padre el Maestro Andrés Fábregas Roca, ante el fallecimiento, unos años atrás, de mi abuelo. Los periódicos venían “desarmados” y había que armarlos sección por sección, y yo era uno de los que en esa librería efectuaba esa tarea. Así que desde niño estuve familiarizado con la prensa escrita. Recuerdo en particular a los diarios nacionales Excelsior y Novedades que, por cierto, el domingo eran doblemente demandados por contener sus suplementos culturales, quizá el más conocido, México en la Cultura del diario Novedades dirigido nada menos que por Fernando Benítez. Incluso, todavía en vida de mi abuelo, recuerdo el paso por la librería El Progreso de ese periodista singular que fue Tío Ruma Moguel, que repartía los periódicos redactados por él a mano y que se titulaban La Estrellita del Oriente. Sólo en Chiapas se dio un periodismo tan propio como el que desempeño Tío Ruma. Así mismo, las mañanas de domingo en Tuxtla Gutiérrez eran propicias para acudir al Correíto, el estanquillo maravilloso de Don Arturo Ramos, una joya en plena Tuxtla Gutiérrez, que nos traía las novedades del mundo y el universo de los llamados cómics que nosotros conocíamos como cuentos. Quizá para los niños, los adolescentes y los jóvenes que no vivieron esas experiencias, estas remembranzas no les digan nada, pero deben saber que fue la letra impresa la que protagonizó la revolución cultural más importante a nivel del mundo. Mi padre solía encuadernar los suplementos culturales lo que me dio acceso a ellos de manera ordenada cuando aún era un niño. Incluso, al momento en que México en la Cultura se dejó de publicar en el periódico Novedades y su equipo encabezado por Fernando Benítez emigró a la revista ¡Siempre!, que dirigía el Jefe José Pagés Llergo, siguió siendo una lectura dominical muy buscada en el país. Internacionalmente el suplemento cultural del periódico español El País llegó a ser un verdadero repositorio cultural. Llegué a tener encuadernados muchos de esos suplementos que fueron a dar a alguna de las bibliotecas a las que he donado mis libros y publicaciones. La página internacional de El País era lectura obligada no sólo por lo variado de sus textos sino por la documentación que proveía. Hoy, ese periódico declinó de su destino. La Jornada Semanal sigue publicándose con materiales importantes. Pero algo de lo que más se extraña son los quioscos o estanquillos en donde se vendían los periódicos, las ofertas de editoriales, revistas y todo género de publicaciones. Hoy, esos establecimientos casi han desaparecido. Recuerdo el que había en Coyoacán, en la Ciudad de México, en la esquina de la plaza central. Allí me acercaba todos los días, al despuntar la mañana, para comprar La Jornada y El País. Muchas veces nos encontramos en ese puesto con el finado Carlos Pereyra y conversábamos acerca de las noticias, de las primeras planas, para despedirnos con un apretón de manos y encontrarnos en el mismo sitio en otra de esas mañanas en el quiosco de los periódicos en Coyoacán. ¿Es válido afirmar que todo eso es una pérdida? ¿Con qué hemos reemplazado esa inolvidable experiencia de acudir al sitio en donde se expendían los periódicos? Soy consciente de que a los niños que han nacido con el celular y la tableta, a los jóvenes que hacen su vida con el teléfono móvil en la mano, estas remembranzas no les dicen nada. Nunca han experimentado el ir a comprar el periódico y explorarlo al detalle como lo hacía y recomendaba el finado Maestro Gregorio Selser, gran historiador y periodista argentino que vivió exiliado en nuestro país. Viene a mi memoria el día en que pasé por el departamento en el que habitaba el Maestro Selser para conducirlo a que cumpliera un compromiso con los estudiantes de antropología de la UAM-Iztapalapa. Habíamos organizado un ciclo de conferencias acerca de la situación política en América Latina y el Maestro Selser fue uno de nuestros conferencistas, Al llegar a su domicilio, su esposa me invitó a pasar y pude saludar al Maestro Selser que estaba sentado frente a una mesa redonda cubierta de periódicos. “Es lo que hace todo el día” me dijo sonriendo su esposa.  Al igual que el Maestro Selser, mi padre, el Profesor Andrés Fábregas Roca leía a detalle el periódico y en varias ocasiones le escuché decir “todo está en el periódico”. Atrás quedaron esos días. Quizá por eso es importante que los jóvenes de hoy sepan de la importancia que tuvo la prensa escrita y la revisión del periódico cotidianamente. Pensando en ello, se me ocurre que una Mesa Redonda o Conversatorio como le dicen actualmente, con la temática acerca de las transformaciones de la prensa escrita en prensa digital, sería importante llevar a cabo en la próxima Feria del Libro de la UNACH. Veremos qué opinan el Rector Dr. Oswaldo Chacón Rojas y el Lic. José Luís Ruiz Abreu al respecto.

Bosques de Santa Anita, Tlajomulco, Jalisco. A 26 de abril de 2026.

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