Futbol y política (1)

En la celebración del campeonato de la liga, Lamine Yamal del Barcelona ondeó la bandera de Palestina, como si fuese parte de su identidad nacional y puso a debate todo el panorama político de España, pero también del futbol mundial. Español, de padres africanos y musulmanes, el nuevo astro blaugrana, continuó en la línea de lo que ya es ahora una tendencia global: el futbol es todo, menos deporte. También es política y su debate incumbe a una convocatoria que aglutina toda la pasión posible, dentro y fuera de las canchas.

 

Existe una idea de que hay una “generación de cristal” en el futbol actual. Futbolistas jóvenes, millonarios, lúdicos, despreocupados y, sobre todo, apolíticos. Dispuestos a la displicencia, antes del compromiso. Priorizan sus contratos con las empresas deportivas patrocinadoras, con sus clubes, antes que jugarse la vida por estar en el pódium de los dioses del futbol. Su participación en sus selecciones nacionales no es importante, porque la identidad nacional también pasó a ser una entelequia que no opera en su visión de vida. Inmediata y fugaz. No quieren alcanzar la gloria ni la mítica deportiva de “ser los mejores” de su posición. Más bien, triunfar, pero para sus propios fines, nunca colectivos.

 

Esta generación comienza con Messi y Ronaldo. Neymar, un crack en toda la extensión del término, pudo ser el mejor del mundo, junto a los otros dos. Pero decidió irse a jugar a la liga de Arabia Saudita, una menor, pero de sueldos multi millonarios, en donde desarrolló también sus ahora indudables habilidades empresariales y de marketing. Neymar da Silva Santos Júnior, también será conocido en el futbol mundial por sus desplantes teatrales cuando le hacen faltas en el campo. Igualmente será un (mal) actor consumado, como su paisano Vinícius Júnior. En vez de las gambetas y arranques endemoniados y fuera de serie dentro del área, prefiere el foco de atención de los escándalos en la cancha.

Foto: Archivo

 

Kylian Mbappé trae las suyas. Berrinchudo, displicente con su capacidad, siempre se espera más de él, aunque no se ve que le importe mucho. El chico juega cuando quiere, y quizá cuando pueda.

 

Esa generación tan brillante y tan explosiva, no ha creado “historia”. Extraordinarios jugadores, pero (aún) no han hecho la diferencia.

 

Pero no solo en la cancha. Desde luego, Messi, quien sí tiene sagas que contar, no regateó ni una pizca de fama cuando se reunión y sonrió con Donald Trump, en plena guerra de Estados Unidos contra Irán. Insistimos: pudo no haber ido, pero lo hizo. Eludió algún tipo de compromiso por el confort de una fama creada desde su llamativa personalidad, del infante que solo quiere jugar y todo lo demás se lo pasa por el Arco del Triunfo.

 

Por eso llama la atención la actitud de Lamine Yamal, porque rompe la regla de su generación. Incluso, el mismo siendo un chavo despreocupado, banal en mucho de sus comportamientos, que haya tenido posición política suena raro en estos tiempos. Eso si en verdad fue una toma de postura ideológica. Y he ahí una paradoja: Yamal es musulmán y si retoma la bandera palestina, su identidad religiosa toma rumbo político. ¿Lo sabrá? ¿Estará consciente? Quizá pudo ser una moda pasajera: soy musulmán y me va bien alzar la bandera Palestina, pero no sé qué sucede ahí. Porque si otro jugador “de cristal” hubiese alzado una foto de Trump, ¿la cosa sería distinta a una postura política evidente? Romario, senador en Brasil, fue abiertamente simpatizante con Bolsonaro, Cristiano Ronaldo manifestó su admiración por Donald Trump. Son actitudes y presencias políticas. No sabemos si en realidad son apuestas realmente consensuadas por ellos mismos o una tendencia cultural al estilo Tik Tok. Los mundos del inmediatismo, imagen versus proyecto, ideologías diluidas, pasotismos, incredulidades, etc.

 

El Mundial de Futbol apenas iniciará y aún no hemos cantado un gol cuando el debate en torno suyo calienta los campos académicos, los culturales y, sobre todo, los políticos. Bienvenidos seamos a los escenarios de los espectáculos del nuevo orden millennials.

 

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