Injerencismo: de eso hablamos

Donald Trump. Foto: https://www.whitehouse.gov

 

En la parte final de su importante discurso pronunciado el pasado domingo 31 de mayo, la Presidenta de México, Dra. Claudia Sheimbaum, refiriéndose a la defensa de la soberanía nacional, pronunció la frase “Injerencismo” aludiendo a las constantes intervenciones de los Estados Unidos en los países de América Latina. Cuidadoso lenguaje, evitando irritar al monstruo. En los años más álgidos de la Guerra Fría, y ante las constantes intervenciones de los Estados Unidos, usábamos el término Imperialismo. Con un optimismo desbordado habíamos leído el clásico de Lenin, El Imperialismo. Última etapa del capitalismo. Con ese optimismo recibimos a la Revolución Cubana que hizo su entrada triunfal a La Habana el 1 de enero de 1959. Por fin, se le había puesto el cascabel al gato. Pero el imperialismo no desapareció ni con el triunfo de la Revolución Cubana ni con el fin de ese período llamado “Guerra Fría”. El imperialismo/injerencismo cobró nuevas modalidades, pero se sostuvo. Y no está demás recordar algunos momentos de ese “injerencismo”.  Empecemos por México: en 1846 los Estados Unidos invaden México y sostienen la ocupación militar hasta el 2 de febrero de 1848, fecha del retiro de las tropas después de conseguir lo que buscaban. En efecto, México cedió más de la mitad de su territorio a cambio de obtener su independencia de los Estados Unidos, es decir, dejaron de ser territorios mexicanos los estados de California, Nevada, Utah, Arizona, Nuevo México, Kansas, Oklahoma, y Wyoming. Antes, en 1836, los Estados Unidos se agenciaron al estado de Texas. En total, México perdió más de la mitad de su territorio a través del “injerencismo” norteamericano. Los Estados Unidos aplicaban así el apotegma del “Destino Manifiesto” como gendarmes del “mundo libre”. Luego vino Cuba. En 1898, el Ejército Mambí peleaba por la independencia de Cuba contra el colonialismo español que aún subsistía en el Caribe. José Martí, ideólogo de la guerra necesaria, como él llamó a la brega por la independencia de su país, había muerto en batalla en un lugar llamado “Dos Ríos”, el 19 de mayo de 1895. Aprovechando el momento y seguramente envalentonados por su éxito en despojar a México de su territorio, los Estados Unidos declararon la guerra a España, a la que derrotaron rápidamente y con ello tuvieron la puerta abierta para invadir Cuba. Habían conseguido “el paraíso en la Tierra”. No se conformaron con la Isla Bella, sino que exigieron y lograron arrebatarle a España los territorios de Guam, Filipinas y Puerto Rico. En el caso de Cuba, y bajo coerción, los Estados Unidos introdujeron en la Constitución Cubana un artículo, la famosa Enmienda Platt, por medio de la cual se abrogaban el derecho a intervenir en la Isla cada vez que así les conviniera. Más todavía, en 1903 los Estados Unidos se apoderaron de un terreno de aproximadamente 117.6 kilómetros cuadrados, de los cuales 49.4 son de tierra firme y el resto es mar y pantanos, para instalar allí la base militar de Guantánamo. Hoy, los Estados Unidos usan ese territorio como una cárcel especial y centro de torturas. En 1934, reafirmaron esa posesión a través de coerción y amenazas. En Puerto Rico, la invasión militar de los Estados Unidos ocurrió el 25 de julio de 1898 en el contexto de la llamada “Guerra Hispanoamericana”. En 1952 se estableció el estatus de “Estado Libre Asociado” para lo que en realidad es un territorio colonial. Fueron muy conocido los casos de Oscar López Rivera hecho prisionero por los Estados Unidos por pelear la Independencia de Puerto Rico. 36 años de cárcel le costó a este notable luchador social. Y que decir de Lolita Lebrón prisionera por la misma causa desde 1954 hasta que el Presidente Carter decretó su liberación tras más de 20 años de prisión. Recuerdo que en mis días de estudiante recibimos a Lolita Lebrón en la Ciudad de México, y organizamos un gigantesco mitin en el que habló como en lo mejor de sus años mozos. Hay que leer el gran libro del escritor portorriqueño, Manuel Zeno Grandía, en su edición crítica preparada por la notable investigadora Vivian Auffant Vázquez, Redentores… (San Juan de Puerto Rico, 2024), que profundiza en la cuestión de la identidad portorriqueña. Siguiendo en el Caribe, no olvidemos la invasión a la Isla de Granada, el asesinato del Primer Ministro electo democráticamente Maurice Bishop, y la invasión militar de los Estados Unidos el 25 de octubre de 1983, bajo el amparo de la “Operación Furia Urgente” diseñada por la siniestra CIA. El caso de Guatemala fue muy “sonado”. Ocurrió en 1954, al derrocar bajo golpe de Estado en Guatemala al gobierno legítimamente electo de Juan José Arévalo el 27 de junio. Motivo: a los Estados Unidos no les gustó la Reforma Agraria decretada por Arévalo, porque perjudicaba a la famosa United Fruit Company, la compañía en manos de empresarios norteamericanos, varios de ellos funcionarios del gobierno de Ike Eisenhower. Joaquín Gutiérrez, el gran escritor de Costa Rica, describió el colonialismo que presidía la famosa “Mamá United” como se le conocía a la empresa depredadora, en su novela Murámonos Federico (1973) de la que habló el ilustre intelectual centroamericano durante aquellos inolvidables Encuentros de Intelectuales Chiapas-Centroamérica que organizó el Instituto Chiapaneco de Cultura. Por cierto, en San Juan Chamula, Joaquín Gutiérrez expresó “es una tacita de plata”, al contemplar al poblado. No olvidemos, además, que Joaquín Gutiérrez en su calidad de periodista pasó varios años en Vietnam en donde entrevistó varias veces nada manos que a Ho Chi Min, el gran líder de ese pueblo, por cierto, que venció al colonialismo francés primero y al norteamericano después. No olvidamos el doloroso golpe de Estado que Richard Nixon y Henry Kissinger ordenaron orquestar a la CIA en contra del Presidente Salvador Allende Gossens, electo democráticamente, y asesinado en su despacho del Palacio de la Moneda, en Santiago de Chile, con lo que se sepultó la democracia y a un gobierno popular. La fecha: 11 de septiembre de 1973. Mucho más habría que decir de lo planes de penetración de los Estados Unidos en Latinoamérica, con nombres como “Plan Camelot”, “Plan Condor”, “Plan Simpático”. Sugiero la lectura de Charles Wright Mills, Escucha Yanqui, (edición del Fondo de Cultura Económica en 2019); James D. Cockcroft, América Latina y los Estados Unidos (Siglo XXI, México, 2001); Marshall Sahlins, “The Established Order: do not fold, spindle, or mutilate”, un excelente artículo del antropólogo norteamericano denunciado al famoso Plan Camelot. El texto viene publicado en un libro antológico de los trabajos de Sahlins, titulado Culture in Practice (EEUU, Zone Books). El colonialismo, el “injerencismo” es una activa realidad y por eso es tan peligroso lo que sucedió en Chihuahua. El imperio da sus coletazos finales que durarán hasta que el propio pueblo norteamericano destierre a los depredadores que lo gobiernan.

Bosques de Santa Anita, Tlajomulco. A 1 de junio, 2026

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