La influencia cultural salvadoreña en los Estados Unidos

“El sol sale para todas”, detalle de mural participativo organizado por Iván
Ocs y Neri Muñoz con mujeres refugiadas de Guatemala, El Salvador, Honduras y
Nicaragua, en el Albergue San Agustín. Tapachula, Chiapas. Foto: Rafael Sánchez Rodríguez.

 

El pasado viernes 10 de julio tuve el honor de participar como Comentarista en el examen profesional para obtener el grado de Antropóloga que presentó en la Universidad Nacional  de El Salvador, Laura María Ábrego Zelaya, alumna del Mentor de la Antropología Salvadoreña, el Dr. Carlos Lara Martínez. Así mismo, formaron parte del Jurado del examen mencionado, las Maestras Laura Castro (egresada de El Colegio de San Luis) y Ana Lillian Ramírez, ambas destacadas antropólogas salvadoreñas. La sustentante presentó una tesis resultado de su investigación en la Región de Chalatenango, titulada, Migración y Dinámica Sociocultural en el Distrito de Nombre de Jesús, Chalatenango, El Salvador. En mi intervención durante el examen destaqué la contribución del Programa de Antropología de la Universidad Nacional de El Salvador en la formación de un cuerpo bien calificado de profesionales de la antropología, que vienen a consolidar a las antropologías del Sur, como diría Esteban Krotz. Como es ampliamente sabido, Chalatenango fue bastión del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN) en aquellos años de 1980 a 1992. Aún se conserva en la región el recuerdo de la represión por parte del ejército nacional de El Salvador y las masacres como la del Río Sumpul ocurrida el 13 de mayo de 1980. Por ese pasado histórico del que aún se preserva memoria, la tesis de Laura Ábrego reviste mayor importancia y fue muy bien valorada por el jurado. En lo particular recomendé la publicación del trabajo y hago votos porque así suceda. En mi intervención destaqué que lo que no se ha estudiado con detalle son las consecuencias de la inmigración salvadoreña en los Estados Unidos y sugerí que era un gran tema pendiente para la antropología en El Salvador. Al hacer esa observación, tenía en mente que la población salvadoreña está amparada en los Estados Unidos por el Estatus de Protección Temporal (TPS). Dicho documento garantiza la estancia de los salvadoreños en los Estados Unidos además de la autorización para emplearse. El propio Gobierno de El Salvador (Concordancia entre Trump y Bukele) ha habilitado una oficina especial para atender tanto las solicitudes de salida del país como las del retorno. La Oficina de Migración y Extranjería ofrece una variedad de servicios dirigidos a garantizar que el desarrollo económico del país-en un contexto de gobierno fascista-esté basado en el retorno de aquellos salvadoreños que lograron acumular un capital considerable en los Estados Unidos, amparados precisamente por el TPS. Así, en las últimas décadas, un número importante de salvadoreños han retornado a su país y han establecido negocios de índole variada, desde hoteles y restaurantes hasta talleres de mecánica. Según los datos más actualizados que proporciona el propio Gobierno de El Salvador, un 22% de la población total del país residen en los Estados Unidos. Es decir, un millón y medio de salvadoreños viven y trabajan en los Estados Unidos provenientes de un país de 6.4 millones de habitantes. Sin embargo, si se agregan los descendientes de familias salvadoreñas, la comunidad de ese país (el “Pulgarcito de América”, lo nombró Roque Dalton) viviendo en los Estados Unidos se calcula en 3 millones de personas, es decir, el 43% de la población total. La ciudad norteamericana que concentra la mayor cantidad de población de El Salvador es Los Ángeles, California, que bien merece el calificativo de “Ciudad Latinoamericana” dentro de los Estados Unidos. Así mismo, la Capital Norteamericana, Washington, es el lugar de residencia de casi 300,000 salvadoreños mientras que en Nueva York se registra a 200,000 personas de origen salvadoreño residiendo en “La Gran Manzana”. En una suerte de “transformación silenciosa”-y es esto lo que subrayé durante el examen de Laura Ábrego-la influencia cultural de los salvadoreños en los Estados Unidos es notable. Por ejemplo, en la gastronomía, es la “pupusa” el ingrediente gastronómico más popular y extendido en los Estados Unidos. Uno puede consumir “pupusas” en Los Ángeles como si estuviera en San Salvador. Más todavía, la “pupusa” es ya un ingrediente de la comida popular urbana estadounidense, al lado de los “pretzels” y de los “hot dogs”. En Los Ángeles y en Washington se celebra oficialmente el “Día Nacional de la Pupusa” cada segundo domingo del mes de noviembre. En el lenguaje del Spanglish están ampliamente difundidos los vocablos “cipote” (niño), “bicho” (niño), “chucho” (perro), o la expresión tan salvadoreña, “vaya pues”. Las ciudades norteamericanas, en su geografía interna, usan nombres salvadoreños. Es el caso de “El Salvador Corridor” en Los Ángeles que, al igual que “La Villita” mexicana en Chicago, concentran establecimientos de toda índole de los salvadoreños. Y notable: las estampas del Obispo Mártir Oscar Arnulfo Romero, están presentes en los altares de muchas iglesias católicas en los Estados Unidos, notablemente en los estados de California y de Nueva York. Es decir, en el análisis de los flujos migratorios procedentes de América Latina y El Caribe que se instalan en los Estados Unidos, es también un sujeto analítico la influencia cultural y aún política que esos flujos ejercen en el Imperio. Téngase en cuenta los tiempos tan difíciles que vivimos en América Latina en general con el Imperio desatado, con el fascismo venciendo en las urnas, con las presiones que ejerce Donald Trump, y con el contexto internacional en general. ¿Cómo opera la inmigración “latina” en los Estados Unidos en el contexto anterior? Pregunta importante de investigación para la antropología.

Tlajomulco de Zúñiga, Bosques de Santa Anita, A 12 de julio, 2026

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