Habitar lo cotidiano

Mercedes revisó el calendario, aún quedaban varios días de vacaciones. Tenía ganas de llevar de paseo a Martha y Mateo, su hija e hijo. Recordó que también venía la inversión por la compra de uniformes, calzado, útiles escolares, pago de inscripción en la primaria. No tenía fácil la tarea de ser mamá soltera.
Se puso a hacer cuentas para ver los ingresos que tenía en su tienda de abarrotes y hacer los apartados para cada pago, para los gastos de Martha y Mateo y verificar si quedaba dinero para poder ir de paseo, por lo menos a un lugar cercano.
A la hora de la comida, mientras su hija e hijo ayudaban a poner la mesa y ella estaba sirviendo la comida Mercedes puso atención en la plática que tenían. El tema de salir a pasear se había hecho presente. Se sentaron, comenzaron a comer y luego se dio el espacio para plantearle a Mercedes que tenían ganas de ir de paseo.
Mercedes escuchó las peticiones, se agradeció haber pensado antes el tema y también haber hecho cuentas para disponer de una cantidad muy módica para un pequeño paseo. Para su sorpresa Martha y Mateo le dijeron que habían ahorrado un poco del gasto que ella les daba para apoyarle en los gastos de la escuela y que podían tomar parte de ese dinero para ir de paseo. Ambos dijeron que también harían ajustes a sus útiles escolares para que no tuviera que comprar libretas nuevas. Ese gesto conmovió a Mercedes quien también les comentó que tenía un apartado de dinero para ir de paseo.
Les propuso dos lugares para pasear, primero su propio pueblo y el segundo lugar fue visitar a tía Carmen y tío Trini, primos de Mercedes quienes vivían en un pueblo localizado aproximadamente a dos horas. Con ellos irían un par de días.
El paseo en el pueblo que habitaban fue más interesante de lo que pensaron. Comenzaron el recorrido desde temprano, llevaron alimentos preparados en casa. Caminaron por las calles empedradas y fueron haciendo breves paradas, Mercedes les iba contando lo que recordaba de la historia del pueblo, relatos que habían compartido sus antepasados.
La parte más emotiva fue cuando contemplaron el atardecer, ahí estaban las tres siluetas en el kiosco del parque esperando el instante fugaz en que el sol se dispone a descansar para dar paso a la noche. De regreso a casa Mercedes escuchaba los comentarios de Mateo y Martha, decían que les había gustado el paseo. Ya era hora de descansar, al día siguiente viajarían al pueblo de sus familiares. Antes de dormir Mercedes se quedó pensando que habitar lo cotidiano es una linda manera de pasear y reconocer las bellezas que hay en el territorio.







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