La araña que teje al mundo

Por Alejandro Rosales Mondragón
A propósito de Folasande, de Claudia Morales
Tejer es “formar en el telar la tela con la trama y la urdimbre”. Dar forma a una estructura, como lo hacen las arañas para resguardarse y colocar allí a sus crías. Lugar en el que se desarrollan las pequeñas ninfas hasta que logran “tejer su propio y pequeño refugio individual, muy cerca del de la madre” (Hoffman, 1999, p. 81). En la misma sintonía, se puede leer a Sócrates, quien afirma que “el tejedor hábil se servirá bien de la lanzadera, quiero decir, como tejedor. Y el maestro hábil se servirá bien del nombre, quiero decir, como maestro”. En definitiva, un telar puede estar construido por la delicada seda que producen las arañas o con las palabras de las que nos servimos los humanos. Las diferencias entre un mundo y otro –aunque pudieran parecer nítidas– son más bien difusas.
El nahualismo dicta que no solo estamos hechos de carne y hueso, sino de sustancias del más allá, del otro mundo. Además de materia somos una entidad anímica, lo que no significa caer en el maniqueísmo cuerpo y alma. El nahual se transmuta. El alma no vive encerrada. El cuerpo es parte de la entidad anímica que se transforma junto con la sustancia sagrada de la que está compuesto.
Probablemente, sea un atrevimiento decir que los actos de leer y escribir son herederos de la práctica del nahualismo, pero me ha surgido esa idea al leer Folasande. El texto es un universo simbólico –un telar– del que el lector toma una pequeña porción para transfigurarse, sin que sea posible elegir en quién o qué convertirse. Como El gran teatro del mundo de Calderón de la Barca, Folasande es lenguaje que se encarna. El lector se ve proyectado en un personaje que habita otra piel y otro espacio, otra lengua. Sin darme cuenta me vi naufragando en las aguas de un mar putrefacto, condenado a muerte, “con mi voz como única defensa”, usando el poder y la magia de las palabras para salvar mi vida. La protagonista nos demuestra, al igual que Scheherezade en Las mil y una noches, que el arte de contar historias tiene la facultad de postergar la muerte (Montes, 1997).
Claudia Morales –tejedora de universos– nos presenta en Folasande un telar que tiene la capacidad de adquirir tantas formas como su protagonista. Se transmuta y nos conmina a transmutarnos con ella. Folasande cobija al lector, le presta un refugio de palabras e imágenes cuidadosamente elegidas. Aún resuena en mí: “Yo soy Luisa de Dupresne, mujer de varios nombres. De oficio modista. Sorda del oído izquierdo. Culpable de haber enterrado a una mujer sin sacramentos”. Releo el fragmento en voz alta y, al terminar, digo: “Yo –también– soy Luisa Dupresne, mujer de varios nombres…”. Me transmuto y soy tan culpable como ella. Lloré sangre –a su lado– el día de su nacimiento. Soy la hija de nadie. Vivo otras vidas. Las vidas y los nombres que usurpó Folasande. Como ella, puedo decir que al querer tanto a Luisa me terminé convirtiendo en ella. ¿Quién diría que su nombre es como el telar de la madre araña con el que cuida a sus pequeñas ninfas? El nombre detiene la caída del ser, lo sostiene, lo salva del vacío, de la anomia, de la muerte.
El texto de Claudia es el oleaje del mar profundo en donde el viejo Magún encontraba las joyas: “los residuos de los barcos que naufragaron en altamar, las alhajas de los ahogados, los secretos que los ríos depositan en las corrientes intestinas del océano”. Con el tío Magún se adquiere el arte de la transmutación, pero se necesita el suficiente valor para desposeerse del alma humana. Dejar vivir el alma animal que nos habita. Correr el riesgo de no ser los mismos de antes, de ser más animales que humanos. Morir y resucitar tres veces como Folasande: la araña que teje el mundo.
En las sombras de Folasande y Jean-Baptiste haciendo el amor – “dilatadas por el vaivén de las velas, jadeantes como las copas de los árboles desordenadas por el viento”– atisbo mi alma puesta en dos cuerpos. Con ellos aprendo el lenguaje de la esposa: “la lengua con la que se anima a las plantas del jardín y se ordena a los criados, con la que se recibe y reprime a los maridos, con la que se les acompaña y fortalece”.
El lenguaje es el soplo de vida que anima a la materia. Se bautiza el mundo para dar origen a la existencia. Los diferentes mitos y leyendas así lo confirman. A los cachorros humanos se les confiere un nombre para ingresar al mundo. Folasande se apropia de la lengua, del nombre de otra, para entrar a un nuevo mundo. Se camufla con la piel y la lengua de los blancos, aunque su alma sea inexorablemente negra:
Nunca dije que yo fuera una modista francesa, tampoco lo desmentí. Al fin de cuentas, tenía el color, aunque no el alma, de los blancos, y también el acento, pues mi primera lengua es el francés del Caribe. Además, sabía de la moda y de los estilos europeos, ya que aprendí con Luisa el arte de vestir a una dama según su complexión y aspiraciones.
Como se ha dicho, la protagonista posee el arte de la transmutación. Es como el agua del mar en donde naufraga: toma la forma del recipiente que la contiene. Su oficio de modista implica enseñar el arte de la transmutación a las otras mujeres “según su complexión y aspiraciones”, para que tomen la forma de la tela que se les confecciona. Les teje otra piel para disfrazarse en la hostil sociedad en donde les ha tocado vivir.
Al terminar el texto, me embargó la duda de que quizás al subir la mirada no habría vuelta atrás. Como nahual que se ve impedido a regresar a su forma humana o náufrago que está condenado a habitar una isla desierta en la que ha quedado varado. Folasande dice sobre Luisa Dupresne: “Supe que de alguna forma nuestra vida se volvería una, no sé cómo explicar cómo lo supe, pero una parte de ella se transformó en mí y quiero creer que una parte mía se quedó con ella desde entonces”. Lo mismo puedo decir de la novela de Claudia Morales: de algún modo una parte de ella se transformó en mí y una parte mía se ha ido con la historia.
También existe la posibilidad de haber partido completamente sin darme cuenta…
Link de descarga del libro: https://barajadesombras.wordpress.com/2026/05/15/folasande-un-libro-de-claudia-morales/







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