Messi y el próximo Mundial de Fútbol

Messi. Imagen: Agencias
La polémica es inacabable: ¿puede alguien que no se dedique a la política, ser político? Para Lionel Andrés Messi Cuccittini, la cosa no ha sido fácil; mediáticamente hablando, un desastre.
Asistir a una reunión con Donald Trump, en medio de una guerra declarada unilateralmente por el estadounidense, ha dado qué hablar del astro futbolista. Y vaya que mucho.
En la discusión si una persona como Messi debe tener una opinión y opción política (que no es lo mismo), debemos colocar el encuentro con Trump en un particular contexto para entender las posibles respuestas a lo que fue un escándalo deportivo en las inmediaciones del próximo Mundial de Fútbol.
Hay que partir de una idea: todo deporte de masas pertenece al imperio de la política; no hay ingenuidad neutral ni en los Juegos Olímpicos ni en al Mundial de futbol. Hablamos de la forma de llevarlos a cabo, donde involucra medios de comunicación, planeación, infraestructura y todo lo que está detrás de lo puramente deportivo. Siendo así, el trabajo de Messi, aparte de su brillante forma de jugar, entra en el terreno de la política como un espacio de discusión mediática donde su figura futbolística no se queda exclusivamente en la cancha.
Cuando salió del Club Barcelona, la noticia se hizo mundial. El superestrella del futbol, con sus lágrimas rodando por sus mejillas, cerraba un espectacular ciclo en un club donde era, sin duda, el más consentido, el niño bonito y educado, el que solo se dedicaba a jugar.
Pero pocos notaron que al finalizar esa etapa (después de seguir jugando en Europa) se abría otra, quizá más planeada por la familia, yendo a un país donde esa desolación por dejar el club de sus sueños, redundaría en dinero. Muchísimo, como ingrediente necesario para que en su camino al retiro pudiese jugar el otro juego, el del American way of life, donde todos ganan y cualquier gambeta viene acompañada de un fajo de dólares. ¿Por qué no se quedó en el Barcelona hasta el final de su carrera? Siempre fue una pregunta existencial, pero también monetaria. Los problemas que supusieron los topes salariales europeos a los futbolísticas y a los clubes, además de las arcas vacías del propio Barcelona que impidieron pagarle lo que Messi (y su buffet de asesores financieros) solicitaba, aceleraron la fuga hacia otros lados. Fue una decisión mercantil, pero también política.
Primero en Francia y luego Estados Unidos, pero principalmente en este país, su presencia ha sido la insignia de una liga que no se caracteriza por ser potente a nivel mundial, pero sí donde corren dólares a raudales.
Puede que el argentino (y su mismo entorno mercantil), al final de su excelsa carrera profesional, haya optado por ser más empresario que jugador. En Estados Unidos, siendo quién es, no le costó trabajo ser la bujía bursátil de una liga ávida de inventar héroes. Jugando a medio gas, es el rey. Su figura engalana la liga y la promueve internacionalmente
Quizá Messi tenga una opinión política con respecto a las preferencias ideológicas de los mandatarios y cómo llevan a cabo sus propuestas desde los poderes fácticos. Pero podía tener una opción política cuando Donald Trump invitó a la Casa Blanca, al Inter Miami CF, el equipo campeón de la liga de futbol en Estados Unidos. Siendo el capitán del equipo, con más razón. De hecho, la tuvo, porque asistió, sonrió, y se sintió cómodo hasta donde las fotografías y medios plasmaron. Pudo no haber ido, pero no lo hizo. ¿Tenía que perder algo, él, una estrella del futbol, considerado como uno de los 3 mejores de todos los tiempos? No, y al parecer tampoco ganar, si se tratara de dinero.
Pero cuando se advierte que Messi será la figura más importante del próximo Mundial, adornándolo y creando un rostro amable y bonachón a un evento internacional cada vez más polémico, la cosa se convierte en un acto rigurosamente político, en cuanto a lo que refiere a las afinidades ideológicas.
Inevitable pensar en Diego Armando Maradona. Mucha tinta ha corrido para generar el relato del jugador atrapado en todos los excesos, en oposición a ser el “ejemplo de los niños”, de frente a Messi, el niño bueno, y a Pelé, quien siempre estuvo muy de cerca de los grandes poderes de la FIFA.
Al final, de nueva cuenta, Maradona tuvo la razón histórica cuando denunció a esta organización de la corrupción y deshonestidad que siempre tuvo. Ahora cobra más sentido. La FIFA no le puede dar un “premio a la paz” a quien ha puesto al mundo al borde de una de una guerra global. ¿Lionel Messi sabrá eso? O solo seguirá “nadando de a muertito”, mientras su leyenda crece a la par del show y espectáculo de un futbol cada vez más vilipendiado por las ya descaradas formas de ganar dinero.
Si es empresario deportivo, le salen bien las cuentas quedando bien con otro empresario que actualmente es presidente de Estados Unidos. Si lo hizo por ignorancia, la cosa pinta mal a quien siempre le han concedido toda suerte de inocencia a favor de desarrollar su grandioso futbol. Porque lo cortés no quita lo valiente, pero lo políticamente correcto tal vez quite lo bobo.







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