El túnel

Por: Miguel Ángel Zebadúa Carbonell*

Niños en Playa del Sol, Tonalá, Chiapas, disfrutan de sus vacaciones. Foto: Elizabeth Ruiz.

Ocurrentes unas, irreales otras, las propuestas de los candidatos presidenciales se parecen al  gol chafa de Giovanni do Santos contra… Escocia. 1-0.

Es que parecería no ven las dimensiones que está provocando la violencia social y política en zonas territoriales donde además del rechazo, desconfianza y encabronamiento social, son territorios ausentes de autoridad. Lo interesante de esto es que ocurren a pocos días de las elecciones. Hay una combinación de miedo social, donde la alta e imparable violencia política sería motivo de que alguien en el mundo le preguntase al gobierno mexicano ¿qué está pasando allí?: 250 mil muertos, periodistas, mujeres, extranjeros, candidato (30 van. ¿Son pocos?, ¿muchos?,¿se aclararán un día?) Nadie ha señalado, comentado, criticado la descomposición y peligros existentes en México.

Parece no se ha movido hasta el domingo el marcador de las insalvables y cuestionadas encuestas. Aunque ahora las campañas entraron a un túnel, oscuro, directo, sucio. Tono elevado sin que los protagonistas moderadores del debate hicieran algo para llevarlo a un terreno menos tenso; unos, mal librados de tiros sin barrera: directos pero sin buena defensa; otros, con marcación personal como recurso último tratando de colocar a todos en el achigual. Entonces la palabra venganza apareció en el aire como una abstracción esperando hacerse concreta con chance de repetición.

Abajo, atacados por el miedo inducido pero con una expresivo hartazgo mezclado con una –otra más- esperanza anhelada pero arrebatada varias veces un domingo de julio de que por fin algo cambie en sus vidas prisioneras de la doctrina liberal, hecha dogma por los privilegiados de siempre. Arriba, la derecha empresarial asomó desde su cómoda y estrecha visión intentar iniciar una campaña de clara intervención política para prevenir y defender a la sociedad de una peste medieval. Sin embargo, pararon o les ordenaron parar su ofensiva. Como sus pares venezolanos, aprovecharon la ley de la ventajas que les da sus jugos, leche, restaurantes, hoteles para continuar dejándose consentir precisamente por esa doctrina operada por panistas y priístas. Por eso es lógico que lanzaran sus ataques estratégicos contra el candidato puntero porque pudiera modificar ese privilegiado estado de cosas. Nadie les dijo algo y como si estuvieran en su casa, usaron medios masivos.

Sólo faltarían las voces del verde olivo. O del rojo y negro.

Un elegante eco de reporteros y analistas preferidos del gobierno, alarmados primero por la ventaja de los números del tabasqueño, pasaron de pronto a aceptar lo que para ellos era desde mucho tiempo imposible de decirlo públicamente: AMLO ganará. Voces de los señores representantes del pueblo se han oído y unido para aceptar lo inaceptable: que por primera vez la “izquierda” gane una elección. Ya veremos. Por lo pronto, votaré por el Movimiento de Renovación Nacional, con mis legítimas reservas, dudas, por supuesto.

Fuerte es la pelea de las derechas panista y priísta. Algo fuerte y profundo habría ocurrido como para que el candidato esté siendo bombardeado por una especie de pata bendita y otros certeros y directos balonazos. ¿Por qué el arbitro judicial habría ahora de intervenir, si no lo hizo antes con otros casos que con la mano no alcanzan para contarlos y le correspondía atenderlos? Algo habría pasado para que el joven candidato se haya metido nada mas ni nada menos, ¡con el presidente de México, diciendo que lo llevará a la justicia y de resultar responsable de algo, su fiscalía independiente hará su chamba! Sería esto extraordinario en un país donde el Poder Ejecutivo tiene una impenetrable e inamovible coraza, como para ser juzgado. A menos que sea por traición a la patria como se lee en la constitución. Bueno…

 

 

 

 

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