Estrangular

Foto: Isaac Guzmán
Financiar migraciones se ha vuelto una poderosa arma política. Así se podría explicar los miles de centroamericanos que fueron presumiblemente impulsados por un “patrocinador”; así se podría comprender la “invasión” —como se ha intentado proyectar en una parte de la prensa española—, de marroquíes a Ceuta, un apéndice situado en territorio argelino. De ser acertada esta premisa, las migraciones no serían únicamente el resultado de problemas económicos (pobreza, inseguridad). Ahora está en pie esta “arma humana”.
No sabemos si hay testimonios de los venezolanos que llegaron a Chiapas fueron pagados. Más bien no deberían decirlo. Lo que sí decían era lo mal que estaba el gobierno madurista, pero no reiteraban primaria la situación económica como resultado del bloqueo comercial hacia ese país desde hace varios años, logrando con ello “estrangular” a la sociedad carente de recursos básicos. El arma migratoria orilla a que brote un “nacionalismo”, un contra sentimiento y contra el “otro”…, extranjero claro (árabe, africano, marroquí). En un país con un pasado franquista y con un avance derechista en el mundo, la receta árabe tendría un efecto en algunos nervios sociales. En suma, produce un rechazo social. No del todo, aunque sí en algunos países, como, por ejemplo, en Italia, por las consultas plebiscitarias en otros, y por el avance de la ultraderecha que usa a la migración como su principal demanda.
¿Por qué estaría Israel interesado en la cuestión Ceuta? Si la migración es en este caso un arma para desestabilizar un gobierno, o por lo menos afectarle su imagen y su labor en el manejo de una crisis provocada o no. España, el gobierno de izquierda del presidente Sánchez, no es del agrado del presidente ni de Trump ni de Netanyahu. Este se debe desde que el gobierno español se negó a pagar una cuota más alta para el mantenimiento de la OTAN y ha sido el único que claramente se ha opuesto a la guerra; además, —y esto es muy importante— España reconoce a Palestina como un Estado y su política exterior está conformada por varias iniciativas en las que sobresalen el embargo de armas, restricción del tránsito, presión de la Unión europea. Estos principios pacifistas contradicen la postura guerrista de Estados Unidos e Israel. Es por esto que las relaciones diplomáticas están, si no rotas, sí distanciadas.
El presidente Sánchez ha denominado “acciones criminales” al desempeño de las fuerzas armadas israelíes en Palestina y también en el Líbano. Si a esto le sumamos que su gobierno se negó a que el Pentágono usara la base militar en territorio español, el malestar se convierte en un obstáculo, al que habría que saltar o derribar. Hay un enfrentamiento entre un pacifismo solitario, aunque congruente, y un belicismo no ilustrado, aunque agresivo y con pretensiones de reconfigurar el mundo a través de la fuerza. Al final de cuentas, el haber aceptado la cuota a la OTAN que exigía Trump, no sólo España, implicaba recortes a proyectos sociales, a pensiones, endeudamiento, que son igualmente otra manera de “estrangular” a un gobierno “incomodo”.







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