El conejo entre los juegos semánticos de la mente

El conejo entre los juegos semánticos de la mente
Foto: Cortesía

Por Hernán Brizuela Casimir*

La realidad actual se ha polarizado tanto que el mundo (occidental, del cual se juzga todo) prácticamente o estás de un lado o estás del otro. No importa cuál sea el lado. Somos habitantes del mundo semántico en el que las falsas dicotomías y oposiciones irreductibles, son su manifestación más clara y dura. Los pensamientos están cargados de elementos semánticos que mandan sobre el actuar. El gris no es bienvenido en el mundo del blanco y negro. Aquel que quiere tener la panorámica completa lo obligan a hacer zoom en un espacio concreto. El que quiere ser libre pensador se le limita a pensar de X o Y manera.

Y claro, el libre pensador, muy inteligente, evita la confrontación porque hoy la manipulación de las masas es un muro enorme e impenetrable. A diferencia de muros, como el que divide México de USA, que hay hasta túneles construidos para pasar clandestinamente, los nuevos muros se construyeron para que no haya fisuras. Esos muros ocupan no un espacio físico como el antes descrito, si no que ocupan el lugar más importante de la civilización humana: su mente.

Podríamos ejemplificar con prácticamente todo el mundo actual, pero vamos a hacer el ejercicio con un ejemplo dentro de la maquinaria mercadotécnica musical de productos injertados con cuña en las mentes de los consumidores.

Antes, porque sí, siempre hay un antes, la mayoría si no toda la esencia de la música provenía de la mente creativa de los músicos que la fundaban. Pink Floyd como ejemplo de ese devenir, y de un grupo que arriesgó todo sin escuchar las necias voces de las disqueras y productores, y que gracias a ellos existen muchos otros grupos con canciones de más de 6 minutos dentro del Rock progresivo y sicodélico (los más famosos claro está y junto a King Crimson, Camel, etc., dieron al género espacio a la creatividad).

En la biopic de Queen (bohemian rapsody) esa idea quedó plasmada cuando el productor les exige quitar minutos a la canción que da nombre a la película y hacer una que se ajustara a los estándares de la radio. Pero Queen no hizo caso y hoy en día sigue sonando los 6 minutos de bohemian rapsody y sigue siendo una enorme composición.

¡¡Se imaginan que hubiera existido en aquellos tiempos un productor y una disquera diciendo: ¡¡hey, Beethoven!! ¡34 minutos es mucho! ¡¡Ve haciendo más cortita esa quinta sinfonía por favor!!

Pero llegó el día. La lucha de unos se volvió la practicidad de otros. Mientras unos siguen peleando por darle al personal (los receptores de ese circuito de la comunión musical) calidad, otros, alejados de la creatividad, dan cantidad. Actualmente hay grupos que siguen haciendo discos. No solo de rock sino de todos los géneros musicales (con mucha calidad), sin embargo, la industria está monopolizada por el marketing para tiktok más que por la creatividad de los grupos y quedan relegados prácticamente a la nostalgia, a lo antiguo, a lo pasado de moda, a lo que no se promueve.

Hoy la llamada «conexión» es un truco publicitario para hacer ver que lo de hoy es lo inmediato, no importa la calidad sino la producción y el alcance en las redes más que en la experiencia. La conexión siempre ha existido. Todos los fans de sus grupos tienen conexión. Así que no es argumento actual para hacer ver que es algo reciente.

Y así llegó también el día en el que aquellos 6 minutos quedaron en el olvido. Hoy el tiempo le ganó a la calidad. Tiktok redujo a 30 segundos la escucha de una canción. Lo importante ocurre en esos 30 segundos, la atención se pierde después. Lo viral es lo exitoso, no el feeling, no la pulcritud de un solo de guitarra, no el mensaje y la voz que llega al alma, no las atmósferas que te transportan a otro lugar, nada de eso tiene peso para la industria musical actual.

Este 2026, en los Grammys awards, fuimos testigos de cómo se impuso el balbuceo, el abuso del autotune, lo vacuo, la escenificación principal es la actuación de la falta de talento, la promoción de la vulgaridad disfrazada de empoderamiento. El marketing ha regalado la idea de que el conejo malo es el ícono de la contracultura en Latinoamérica. La imagen de un artista moderno que rompe los cánones de la masculinidad pero que curiosamente en sus letras continúa perviviendo el machismo que objetiviza y sexualiza el cuerpo femenino.

El nicho del mercado norteamericano, materializado en los Grammys awards, llevó al menos talentoso de sus artistas (el conejo malo también es norteamericano) a ganar en todo lo alto, el premio hecho a modo para decirle al mundo que es el primer latino de todos en conquistar todos los premios (en los que fue nominado) y al medio tiempo del Súper Bowl. Es más que obvio que no por su talento sino por los intereses políticos e ideológicos que se pelean en el país del norte y que se promueven, colonialmente, hacia afuera.

Ahora bien. Regresando a las dicotomías y oposiciones. Es necesario decir que el discurso manejado por el marketing prácticamente construye argumentos manipuladores a manera de oposiciones para justificar que alguien sin talento sea apoyado mediáticamente de forma tan desmedida. Pero son falsas oposiciones elaboradas desde la ingeniería conceptual. El nulo talento de BB ni siquiera es un tema a discusión, lo importante a resaltar desproporcionadamente es su identidad latina. De tal forma los juegos dicotómicos se obtienen pares en oposición:

  1. A) si no apoyas a este latino triunfando en EEUU entonces eres b) un mal latino.
  2. A) Debería ser un orgullo que un latino nos represente ante el mundo, si no estás orgulloso entonces b) no eres empático con tu gente.
  3. A) El éxito de BB se debe a su conexión con la gente, tú como eres tan crítico b) no entiendes la conexión ni las fuquinvibras.
  4. A) argumentar que unos se sienten superiores por criticar la música del conejo, aunque eso signifique justificar la mediocridad, entonces b) estás demasiado viejo para entender su propuesta…

Así mismo, la viralización de su discurso en los Grammys contra ICE no alcanza para justificar que en sus conciertos en Latino América no se diga nada respecto a las acciones del gobierno norteamericano en el mundo o directamente contra los mismos latinoamericanos. La politiquería de los asesores de BB es mera estrategia publicitaria y oportunista.

Se confunde impacto comercial con mérito artístico. Se cree que la repetición constante del algoritmo significa éxito automático. Lo que el algoritmo hace es programación neurolingüística. Se insinúa que la juventud es tan básica que entiende perfectamente la lírica de BB ya que para la industria los jóvenes no tienen discernimiento.  Se cree que si todos los medios masivos lo difunden es impacto cultural (aunque lo más grave es considerar que la lírica de BB sea lo más trascendente para considerarlo un impacto cultural y aporte para el mundo).

La ingeniera conceptual[1] elabora, desde la semántica, ideas que se anclan al pensamiento. De esa manera, aunque se sepa que no tiene talento alguno, se resalta solo por «representar» a Latinoamérica. Se resalta que sea viral. Se resalta que es lo que está de moda y lo que debe consumirse si se quiere ser aceptado. Se resalta Se resalta que sea el primero en triunfar en español en un espacio que le pertenece al inglés, ocultando descaradamente a verdaderos talentos latinoamericanos e ibéricos que han ganado ya en la categoría de habla hispana anteriormente: Natalia Lafourcade, Juan Luis Guerra, Calle 13, Shakira, Alejandro Sanz, Bacilos, Julieta Venegas (entre otros más) insinuando que los enlistados no cantaron totalmente en español en sus discos, ya que el conejo malo fue el primero de todos en logarlo. Eso se difunde, aunque sea una mentira.

 La defensa apasionada por BB es como aquel muro del ejemplo de arriba. Sin fisuras, desde el centro mismo de la manipulación del lenguaje y por tanto del pensamiento. Bajando el estándar a niveles ínfimos, el cerebro se vuelve pasivo junto con su dopamina, y no exige más, no intentan explorar y se “aburre” con la experiencia de otra música con una elaboración y letras más complejas, con narrativas, estructuras y un discurso que debe darle seguimiento.  De tal manera, se moldea la mente para que sea poco crítica y se normalice el consumo de ese tipo de música por encima de otras.

Por último, y para concluir, queda por decir que la música desde el mainstream en español el día de hoy está en decadencia y además que la lengua fue asaltada y colonizada desde Norteamérica por las mentes anglosajonas de los Grammys. No se dice ni se ha meditado a fondo en ello, pero cabe preguntarse ¿Se adoctrina? ¿Se está trabajando en la construcción de una idiosincrasia del latino con los más bajos estándares culturales para que sea un ciervo dócil en el poscolonialismo del siglo XXI?

*Catedrático de la facultad de antropología de la UV.

[1] «La propaganda no trata de resaltar el significado afectivo de una palabra… de lo que se trata es de delimitar perfectamente su significado conceptual… para de ese modo, poder utilizar las asociaciones favorables en beneficio propio y las desfavorables para desacreditar al competidor.» (Leech, alianza editorial, Madrid: 1974)

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