Vivir de las armas y criticar su uso
Se sabe que la manipulación de armas, de cualquier naturaleza y calibre, depende del lugar del globo terráqueo donde la persona que las quiere usar haya nacido o viva.
Se sabe que la manipulación de armas, de cualquier naturaleza y calibre, depende del lugar del globo terráqueo donde la persona que las quiere usar haya nacido o viva.
Yo lo decía porque me causa desasosiego ver cómo se atropellan unas y otras. Las veo como la metáfora plena de la confusión actual de la sociedad. ¿No ha visto cómo la gente se atropella en los andenes del metro de la Ciudad de México? ¡Igual que hormigas!
A quienes asesoran el quehacer comunicacional de Manuel Velasco Coello no les ha caído el veinte en las diferencias entre lo que son comunicación social y el aparato informacional del Estado.
Y no solo por “la calor” que enciende los ánimos a todos y vuelve violento hasta al más pasivo, sino por las circunstancias políticas, económicas y sociales que distinguen a la cada vez más roñosa capital del estado.
El mundo ha avanzado mucho en la búsqueda del bien común. Pero asuntos como la impunidad y la corrupción no abonan a los deseos de igualdad y de cierre de las brechas que causan la desigualdad. Los beneficios de una vida plena deben de ser para todos, y si no los puede garantizar la familia, el estado es el que debe de proveer. Eso es lo moralmente aceptable.
García Márquez, sobre El coronel no tiene quien le escriba: «La primera vez que lo escribí (en París, en 1956) eran 140 cuartillas, y esa versión no tenía ningún episodio más que la versión definitiva. Es decir, había 60 cuartillas de palabras inútiles”.
En momentos en que el gobierno de la ciudad parece no responder a estos estímulos trágicos, es momento de despertarles del sueño de una ciudad segura antes de que la ciudad se convierta en una galería de bicicletas blancas.
¿Cuál es ahora el término de moda para el antónimo de barroco: minimalista? Minimalista es lo mínimo, lo austero; al contrario, barroco es la profusión, el desborde, el agua que no puede contenerse e inunda todas las orillas. El barroco, cuando está, por ejemplo, trepado en un retablo de templo colonial, se le viene encima al espectador, como si fuese una ola que se eleva como una montaña o como un Lucifer que es expulsado del cielo. Y la palabra barroca es más todavía. Si barroco suena a barraco, barroca suena a lo que suena: roca. Y es que la […]
Esto no es precisamente el descubrimiento del agua tibia, pero representa a mi juicio un tema del que poco se habla desde los medios informativos debido a un factor necesario para la construcción del prestigio: la credibilidad.