Érika Moreno, la maestra apacible, tratada como criminal
La profesora Érika Moreno esperaba que la jornada de protestas del viernes fuera rápida y pacífica.
La profesora Érika Moreno esperaba que la jornada de protestas del viernes fuera rápida y pacífica.
Por Gabriela Coutiño. Atrapados entre una reforma a la que califican de punitiva y una coyuntura política que tiene que ver con la sucesión presidencial del 2018, el magisterio chiapaneco no quiere ceder y hace uso de su derecho y casi única estrategia política: la movilización. La coyuntura del 2018 puede servir para salvar al magisterio disidente o para condenarlo.
Por Herminia Hernández Morales. El gobierno federal le amarró las manos a Velasco y tomó el control de la situación reprimiendo al magisterio de Chiapas. Por su parte la ciudadanía se solidarizó con el gremio ofreciendo su casa, agua embotellada, cubrebocas, etc. Los docentes no son ni están preparados para repeler una agresión de tipo policiaco militar, para lo que si están hechos es para establecer relaciones y alianzas con la población a través de las asambleas de padres.
Se sabe que la manipulación de armas, de cualquier naturaleza y calibre, depende del lugar del globo terráqueo donde la persona que las quiere usar haya nacido o viva.
Había visto el arbolote ahí, al final de la Colina Universitaria de la Unach, muy cerca de la Facultad de Humanidades, pero no me había acercado lo suficiente para apreciarlo.
Yo lo decía porque me causa desasosiego ver cómo se atropellan unas y otras. Las veo como la metáfora plena de la confusión actual de la sociedad. ¿No ha visto cómo la gente se atropella en los andenes del metro de la Ciudad de México? ¡Igual que hormigas!
A quienes asesoran el quehacer comunicacional de Manuel Velasco Coello no les ha caído el veinte en las diferencias entre lo que son comunicación social y el aparato informacional del Estado.
Y no solo por “la calor” que enciende los ánimos a todos y vuelve violento hasta al más pasivo, sino por las circunstancias políticas, económicas y sociales que distinguen a la cada vez más roñosa capital del estado.
El mundo ha avanzado mucho en la búsqueda del bien común. Pero asuntos como la impunidad y la corrupción no abonan a los deseos de igualdad y de cierre de las brechas que causan la desigualdad. Los beneficios de una vida plena deben de ser para todos, y si no los puede garantizar la familia, el estado es el que debe de proveer. Eso es lo moralmente aceptable.