El Mundial del capitalismo sin culpas

Foto: FIFA
Por Jorge Rosendo Negroe Alvarez*
Una de las entidades más poderosas del mundo, que converge capital económico e injerencia política global es sin duda la FIFA, como pruebas rápidas están que tiene afiliadas más Federaciones de Futbol que países asociados a la ONU, además de imponer sus reglas neoliberales sobre la soberanía de las naciones que son sede de las Copas del Mundo.
Y es justo el recurso económico la motivación de la FIFA y a la vez su debilidad, pues en su afán de generar más capital cayó en manejos turbios de dinero, sobornos, lavados y demás situaciones que los Estados Unidos sacaron a la luz en el escándalo conocido como “FIFA GATE”, en el que la justicia estadounidense realizó juicios contra varios dirigentes de esta organización, siendo finalmente cerradas las acciones legales en diciembre de 2025, meses antes de iniciar el mundial en territorio norteamericano, luego de algunas negociaciones que terminaron en un premio de la paz inventado a Donald Trump. Así, la FIFA llegó limpia de culpas al mundial 2026, lista para extender su maquinaria extractivista a favor del capitalismo voraz.
En este nuevo formato de Copa del Mundo, el acceso a los juegos se vuelve elitista, pues un algoritmo en la boletera oficial de la FIFA genera precios dinámicos de acuerdo a la demanda que exista por los mismos, algo así como lo que hacen empresas como UBER o Ticketmaster, aunado a que si se sueltan a cuentagotas las entradas, entonces se altera el algoritmo, llegando a ofertar boletos que costaban originalmente unos 30 mil pesos a más de 100 mil pesos. Y aún así hay quien los paga. Así, tanto Infantino como la FIFA misma están libres de culpa, es el “mercado mismo” el que eleva los precios.
Muchas empresas recibieron entradas por patrocinar la Copa del Mundo, algunas hicieron dinámicas para invitar a sus consumidores, otras las utilizaron con sus directivos y trabajadores, otras más, en el caso de México, invitaron “influencers”, algunos de los cuales ni siquiera entendían el juego o conocían a los rivales, pero lo que importaba era estar presentes en el evento de moda para evitar el F.O.M.O. (fear of missing out) concepto tan importante para los jóvenes livestreamings como para sus seguidores, e incluso varios de estos últimos encontraron en las transmisiones de sus estrellas una manera de acercarse al futbol. En una era en que no importa tanto ver como ser visto. Y debido a que lo hemos normalizado, creemos que el capitalismo está libre de culpas.
Los derechos de marca se instauran en el mundo de lo legal, dejando ganancias para la persona física o moral que los haya registrado, es a partir de esta figura jurídica que se pueden negociar los usos permitidos (y pagados de las marcas), por ello es que la FIFA, no sólo registro varios nombres referentes a su torneo, si no que además tiene el control sobre las transmisiones del Mundial (ellos surten a VIX y otras plataformas), por ello presiona a las autoridades locales para cazar la piratería, los productos no oficiales, el uso de licencias personales de transmisión para fines comerciales y demás, actuando de acuerdo a los intereses extractivistas de la FIFA, pero como es lo legal, entonces no hay culpas más que de quien rompa la ley.
Ya en los partidos, en vez de los tradicionales dos tiempos del futbol, este formato, queriendo copiar a los deportes estadounidenses que pausan a cada rato, agrega cuatro, bajo la excusa de una pausa de hidratación, en la que el juego se detiene para dar paso a comerciales que beneficien a quien transmite el juego. La verdad es que una interrupción así tiene consecuencias, pues no sólo corta el ritmo del juego, si no que permite reposicionamientos estratégicos, que han definido goles en este torneo. Y a pesar de los abucheos de los verdaderos amantes del futbol, la división del tiempo en el soccer continua con fines “humanitarios”, dejando al capitalismo libre de culpa, pues los comerciales que pasan en este espacio son sólo para mantener la atención en la pantalla.
Las decisiones arbitrales ya no son definitivas, pues en la búsqueda de la objetividad para quitar culpas al árbitro, la tecnología del VAR (controlada por la FIFA) permite validar o invalidar anotaciones clave en los diversos partidos, tal como sucedió en la última jornada de la fase de grupos, con la anulación de un gol que le daba la posibilidad de continuar vivo a Irán o que hubiera dado orgullo a Colombia al derrotar por un gol al Portugal de Cristiano Ronaldo, cosas que no sucedieron, pues la animación arbitraria de los cuerpos de los jugadores dio la razón a la FIFA, al ser ellos los que la realizan y por lo tanto, quienes deciden como debe ser. Ya me imagino que si en los partidos de futbol amateur hubiera VAR, el árbitro no tendría que salir corriendo culpado por el equipo perdedor.
Y debido a que tanto la emoción del encuentro así como los goles anotados, alegran o entristecen a los espectadores, dependiendo si es a favor o en contra, es la esencia misma del futbol la que la FIFA quiere monopolizar, obligándonos a pagar por disfrutar del evento, sin embargo hay que dividir el futbol del futbol asociación, el primero sería la práctica de pegarle al balón, a la lata, de meterlo entre dos postes, entre dos mochilas, de sudar y gritar la anotación, el otro sería el producto regulado por la FIFA y sus Federaciones, con las reglas que cambian a conveniencia del capitalismo e intención de cobrar por todo… Y de esto la FIFA si tiene la culpa.
*Investigador especializado en Estudios Sociales del Deporte y en Usos de la Imagen en la Investigación. Doctor en Antropología Social en la Universidad Iberoamericana Ciudad de México. Fotógrafo profesional. Miembro del Seminario de Usos de la Imagen y el Audio en la Investigación del Departamento de Ciencias Sociales y Políticas de la IBERO CDMX. Tiene varias publicaciones académicas y foto ensayos tanto en México como en Argentina, Brasil, Chile, Inglaterra, Polonia. Además ha expuesto fotografías en diversas ciudades de México, así como en Austria e Inglaterra.







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