El futbol se volvió otra cosa

Foto: Osiris Aquino
Por Olivia Jarvio Fernández*
Desde niña me gustó el futbol. Nunca jugué muñecas ni casitas. Aprendí con mis amigos, los niños de mi barrio, a jugar beis, canicas, la cuerda y hasta luchitas; pero el futbol siempre fue especial. Con mi primo, aprendí las reglas y a entenderlo como juego de equipo, de competencia; él me transmitió el amor al Cruz Azul, lo que me hizo parte de un grupo, que confrontaba y defendía lo que en ese entonces era el amor por la camiseta.
Jugar futbol en ese entonces era muy simple. Bastaba un balón y las ganas de un grupo para armar un partido. No necesitábamos cancha, estaba la calle; no necesitábamos uniformes, lo que llevábamos puesto bastaba. No había árbitros, todo lo resolvíamos a gritos y a veces a empujones; el futbol era simple. En la televisión veíamos los partidos. Los del Cruz Azul siempre, que regularmente eran los sábados. Me doy cuenta, al rememorar, que con el paso de los años el futbol se volvió otra cosa.
El futbol como fenómeno social es un deporte de pasiones y polémica. Como espectáculo ha evolucionado sustancialmente. Las estrategias y la técnica demandan una preparación física distinta, con jugadores más fuertes, con mayores habilidades y conocimientos, dado el desarrollo de las reglas y de los recursos que ahora se utilizan para hacer más competitivos a los equipos. Hoy destacan las transferencias de jugadores a nivel internacional y, con esto, los fichajes multimillonarios. No obstante, toda la inversión que se hace para formar jugadores, puedo sostener que las estrellas de este deporte, los más grandes, sólo nacen: Pelé, Johan Cruyff, Franz Beckenbauer, Maradona, Messi, etc.
Cuando evoco esto, me doy cuenta que mis intereses siempre se inclinaron hacia la comprensión de lo social. Aunque a la fecha sigue siendo muy difícil entender totalmente todas las contradicciones humanas, puedo decir que la sociedad ha evolucionado y con ella, desde luego, los deportes, particularmente el que es el más popular a nivel mundial.
En la década de los setenta y de los ochenta, con el desarrollo de la televisión, se expandió la cobertura de este deporte que ahora mueve masas, incluso con algunas transmisiones del futbol internacional, narradas por grandes comentaristas. Cuando esto sucedió, mi afición y gusto por este deporte tuvo un momento de inflexión que me permitió entenderlo de otra manera.
Algo que detonó mi comprensión sobre aspectos diferentes del futbol fue que en esta época me hice seguidora de José Ramón Fernández que, con su estilo frontal, llamó mi atención a que el futbol, y el deporte en general, es más complejo y a la vez más “arte”; que sus expresiones eran múltiples y que, incluso, se sujeta por hilos que mueven a su antojo los monopolios, los grupos de poder.
José Ramón Fernández, junto con Raúl Orvañanos y más tarde con Carlos Albert, inició en 1973 un programa de deportes muy exitoso: Deportv, el cual se transmitía los domingos y que llegó a durar 35 años. Este programa se convirtió en la gran competencia para Televisa (la empresa hegemónica por muchos años) y que, dada su inteligente propuesta, llegó a superar en audiencia a los programas deportivos de la época.
Con el Mundial de 1986 en México, se creó otro programa que produciría un cambio de mi visión para este deporte: Los Protagonistas que, a decir de José Ramón, el nombre surgió de un comentario que una vez hizo César Luis Menotti, el Flaco, jugador y entrenador de la selección argentina, sobre los mundiales. Decía que del total de los equipos participantes sólo 4 o 5 eran “los protagonistas”, los que a la postre juegan semifinales y la final; es decir, de “los protagonistas” sale el campeón, los demás son invitados; la FIFA, como negocio, invita cada vez a más países, como lo hemos visto en el último mundial.
En una época de opacidad e intereses de grupos muy bien establecidos, donde el control de los oligopolios abarcaba incluso las decisiones de gobierno, el programa de Los Protagonistas, destacó por su confrontación permanente. Con una línea anti americanista siempre, se destapa la compra de árbitros, la crítica permanente a la federación; en 1988, es en este programa que se muestra la existencia de jugadores de la selección juvenil arriba de los 21 años y actas falsificadas: los famosos cachirules. El resultado lo conocemos. Castigo no sólo a la selección juvenil sino el veto a la participación de la selección en el Mundial de 1990.
Los Protagonistas no sólo mostró la parte oscura del gran negocio que estaba robusteciéndose y expandiéndose, sino que innovó dentro del periodismo deportivo, lo que hoy, —-con muy malos resultados—, buscan hacer las televisoras.
Lo que tradicionalmente eran comentarios entre dos participantes, se abrió a mesas de discusión de 4, donde los que hablaban eran expertos como, el mismo Menotti, Jorge Valdano, Butragueño, Pelé, etc. Así el espectador –por supuesto, yo en primera fila– podía entender el deporte de una manera diferente, disfrutar la belleza, pero asimismo sus complejidades. En este espacio se priorizaba el valor de la palabra y la cultura; el futbol se dimensionaba como un gran fenómeno social. El formato creado fue innovador y sirvió como referente de los programas nocturnos donde se polemizaba sobre deportes. Oscar Cadena, en su sección Al color, con su vestimenta de tirantes, y de acompañante permanente su cámara, integraba al programa, espacios de entrevistas realizadas a todos los participantes de las justas deportivas. La sección de “lo que no se vio” y “lo que no se oyó”, mostraba -la mayor de las veces confrontaciones en la cancha- con cámaras y micrófonos colocados estratégicamente. Es también aquí donde, por primera vez, se invitó a participar a mujeres. Ante la sorpresa de un auditorio mayoritariamente masculino, Silvana Galván se erige como la primera mujer comentarista de deportes en México, conduciendo una sección de resúmenes y reportajes, lo que hace con un estilo y personalidad únicas. También Mercedes García Ocejo, quien era periodista y consultora de proyectos culturales, con reportajes espectaculares, compartiendo una visión de lo más relevante de la cultura del país sede de los eventos deportivos.
Después de los análisis de las mesas de debate, se integraba un momento de comicidad, que a la distancia, se observa como de buena factura e inteligente. Ahí participaron Andrés Bustamante, Víctor Trujillo, con personajes como Brozo y Ausencio Cruz. Andrés Bustamente, que fue alumno de José Ramón Fernández, dada su calidad de artista, fue invitado para mostrar su creatividad e ingenio. Fue una fórmula que llegó a tener tanto éxito que derivó en una copia burda por parte de Televisa, lo que derivó en una lucha por acaparar el rating.
Me acuerdo de que, para los Juegos Olímpicos de Barcelona, Andrés Bustamente, quien haciendo trabajo de campo para crear su sección, bajo la bandera olímpica— logró captar el momento en que una flecha encendería el pebetero. La imagen que se transmitió para el mundo fue efectivamente la aparición del fuego en el momento en el que el dardo toca el pebetero. No obstante, la representación grabada y reproducida en un cassette, mostró que la flecha pasó de largo y lejos; es decir, que lo visto era una composición óptica para difundirla al mundo.
Para mí, el futbol se ha vuelto otra cosa. Lejos está el compromiso social de Maradona, o el discurso agudo e inteligente de Menotti y Valdano, o el trabajo valiente e innovador de José Ramón; los esquemas de comunicación se han transformado, la televisión de hoy reproduce copias fallidas de aquellos programas que eran filtros para ver más allá del deporte.
¿Cómo se recordará el Mundial 2026? Tal vez un Yamal con la bandera palestina, por el costo escandaloso para asistir a los partidos, lo que limitó y limitará a futuro la posibilidad de acceso a las mayorías; EU como país anfitrión manteniendo una guerra con otro país participante; prevalencia de restricciones de visado o de estancia para algunos países; violación flagrante del reglamento —cosa que no es ciertamente nueva, pero ahora está tecnologizada y con la participación de jefes de estado coptando a la FIFA—; o los jugadores argentinos al mostrar una pancarta donde se reivindica la soberanía de Las Islas Malvinas, o la detestable gestión de Infantino.
El futbol se ha vuelto otra cosa, seguro. Me quedo y termino con Menotti: “Cada pelota que patea un futbolista con la camiseta de la selección, despierta como hecho cultural una manifestación en los barrios, en los colegios, en las esquinas. Vamos a tratar de lograr un desarrollo cultural con el futbol profesional. ¿Para quién juegan?, le pregunté un día a mis jugadores en el mundial: ahí están sus papás, sus tíos, sus hermanos, los pibes que están por los barrios soñando portar un día la camiseta nacional. Para esos tenemos que jugar. Nada más.”
*Investigadora del Centro de Estudios de la Cultura y la Comunicación de la Universidad Veracruzana.







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