Tercera llamada: El mundial de futbol tras bambalinas

El mundial Paralelo: En línea de 3
Por Yoloxóchitl García Santamaría
Oscuro. Se abre el telón. El silencio inicial de una puesta en escena en un escenario tradicional es sustituído por el sonido de los aficionados que dentro de un estadio levantan bufandas, banderas o playeras, silban, aplauden, abuchean, saltan al ritmo de cantos colectivos. Detrás de una pantalla, en ese mismo momento, el espectador televisivo escucha la narración que menciona la alineación y que comenta los minutos previos al partido.
El futbol puede analizarse como una forma de espectáculo escénico porque comparte con las artes escénicas elementos fundamentales como el uso del espacio, la construcción de acciones frente a espectadores, la corporalidad, cierta dramaturgia, un tipo de ritualidad y la producción de afectos colectivos. La cancha, en este sentido, funciona como escenario; los jugadores, como intérpretes y el público participa como una audiencia activa que co-crea la experiencia. Desde el punto de vista del investigador argentino Jorge Dubatti, las artes escénicas tienen su particularidad en el convivio: estar en presencia uno frente a otro y en esa presencia ser afectado en tiempo real. Cuando esto ocurre en una puesta en escena de gran escala existe una estructura que sostiene al espectáculo. En el teatro se llama tramoya, un mecanismo integrado por varas, cuerdas y poleas que sostienen los telones, las luminarias y todos los artefactos que permiten crear la ilusión escénica. Este mecanismo es manipulado por los técnicos y especialistas del teatro. Entonces, ¿qué hay detrás del telón del escenario mundialista? ¿Cuáles son los elementos de aquello que no está expuesto ante el espectador pero que mantiene el espectáculo?
Detrás del Mundial 2026 existe una compleja red de relaciones económicas y políticas. Tras bambalinas se despliegan dinámicas de poder con profundas desigualdades. No hace falta explicar lo que representa la FIFA a nivel global. Aunque el discurso oficial insiste en la cooperación internacional, la distribución de recursos, la infraestructura, la cobertura mediática y los beneficios económicos no ocurren de manera equitativa. Estados Unidos concentra gran parte de la inversión tecnológica, los estadios con mayor capacidad, los patrocinios y la atención comercial, siendo entonces el principal centro económico del espectáculo deportivo global. Por su parte, México participa desde la subordinación, la preparación del Mundial 2026 implica gastos públicos, transformaciones urbanas y procesos de turistificación cuyos beneficios no alcanzan a la comunidad local, que incluso es excluida de su propio territorio.
La remodelación de ciudades, la seguridad reforzada y la adecuación de espacios están provocando exclusión social y vigilancia intensificada. Los preparativos del Mundial 2026 están transformando temporalmente a las ciudades anfitrionas en vitrinas que funcionan como escenografías del espectáculo, ocultando problemáticas como la desigualdad.
Por otro lado, detrás de cada partido, entre telones, el futbol se convierte en una mercancía: marcas transnacionales, cadenas televisivas, plataformas digitales y patrocinadores controlan gran parte de la experiencia. Entonces, lo que el espectador consume como emoción colectiva está cuidadosamente producido mediante estrategias de mercado. Son parte de una dramaturgia diseñada para mantener el espectáculo funcionando de manera rentable.
Volviendo a las artes escénicas, el Mundial opera como una gran puesta en escena, no por lo grandioso sino por lo gigantesco del acontecimiento. Existe una tramoya oculta: sistemas de poder que organizan quién aparece en escena, quién obtiene ganancias y quién permanece invisible. Aquello que ocurre tras bambalinas es precisamente lo que sostiene la ilusión del evento. Cuando termina un partido, entre el eco de los tambores y el vacío de las gradas, queda suspendida una pregunta: ¿quién escribe realmente esta obra y quiénes cargan el peso de mantenerla en pie?
Tercera llamada. Oscuro. Se abre el telón. Comienza el espectáculo.







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