Mala noticia

Foto: Eduardo Molina Jiménez

“Pasé por la librería Porrúa, situada ahora en su nuevo lugar, allá en la 4ª oriente norte y avenida central. La encontré sin gente. Sus paredes tapizadas con libros, estantes ofertando novedades y muchos de superación humana, dos empleados, y yo. No se ven cámaras de vigilancia. ¿Para qué? ¡¿Quién va robar libros?! Abandonada por los compradores, solitaria sin convicción, se mostraba esta librería famosa por sus colecciones “´sepan cuántos´”. Esto escribí el año pasado.

La editorial Porrúa no existía en Tuxtla. Su llegada pensada para vender libros seguramente era optimista, pero su permanencia relativamente corta, mostró lo contrario. Su presencia habría sumado a las pocas librerías que se encuentran en Tuxtla. Su lugar originario la situó en la planta baja del edifico Maciel, en el centro de la ciudad. Hoy esta editorial ya no existe. Ha cerrado. La razón puede encontrarse fácilmente: poca o nula venta de libros.

Como en la librería del Fondo de Cultura Económica, situada en el extremo poniente de la ciudad, los libros de la editorial Porrúa estaban cubiertos totalmente con un nylon transparente. Envueltos como paquetes de mensajerías, impedía verlos por dentro: ni índices ni fotos podían verse porque esa rara envoltura lo impedía, y husmear las páginas en su interior no importando cuál apareciera en el momento de abrirlo. Sólo te queda aceptar que sólo puedes tocar y ver libros empaquetados. En una ocasión rompí el nylon carcelero y “liberé” un libro para poder ver el trabajo editorial, el índice, fotos, páginas y leer un par de párrafos. En otra pedí permiso para que rompieran el nylon-camisa-defuerza: —¿Podría ver el índice?—, preguntaba. A los empleados le debió parecer algo totalmente raro oír esta petición, pero sin preguntar, accedían previa consulta a un “supervisor”.

Como la Porrúa, la editorial Era también cerró; no en Tuxtla, sino en la ciudad de México. Mala noticia. Uno de los primeros libros que leí de todo el caudal que publicaba esta importantísima editorial, fue La Autonomía del Estado en México, de Nora Hamilton y uno de los últimos fue una muy buena biografía de Trosky de la socióloga Olvia Gall. Que una librería cierre no es cualquier cosa. Pese a todo, las ferias de libros aún existen. La de Frankfurt es una de ellas. La competencia por leer libros sitúa ahora en una batalla entre los electrónicos y los físicos. Por esa ruta van las bibliotecas, que poco a poco empiezan a parecerse a algunos pueblos abandonados en el país y a ser víctimas de la digitalización.

La modernidad que transforma y destruye todo lo que encuentra a su paso, se comporta así desde prácticamente el siglo XVI. Soluciona, automatiza, digitaliza, reduce, facilita caminos y accesos inmediatas. la IA espera su turno para reinar. ¿Dónde quedarán las librerías? Es una mala noticia que cierren librerías. Un encargado de la editorial Porrúa que me atendió era el mismo que estaba en la planta baja del edificio Maciel. Ahora perdió su empleo. Si una librería cierra, o una biblioteca está vacía, ya algo pasó…

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