Odiseo

La Odisea
Foto: Cortesía
Nohlan se coloca, siguiendo los pasos de Spielberg, en la antesala de las películas monumentales, respaldadas con una publicidad magnánima, emulando a su anterior éxito comercial —más bien regular, poco creíble— con la biografía del famoso físico nuclear probélico Oppenhemier, retando ahora un mito occidental, famoso y, quizá, poco leído: Odiseo.
Técnicamente una buena producción, bien llevada y tensada para que el espectador se meta en ella, no dejando que los ojos se mantengan fijos en todas las secuencias calculadas por una buena edición, su costumbre cinematográfica tiene en esta ocasión escenas de rostros angustiados, atmósferas existenciales, de un Malick. Nohlan convertido en uno de los favoritos del espectáculo del mundo hollywoodense se atreve con su Odiseo a continuar los legados que hacen de la guerra un espectáculo atractivo y sentimental de hombres violentos, huidizos, temerosos, perdidos en aguas en las que hay siempre algo para retar o para sucumbir, hace que esa búsqueda del héroe forzado, padre aferrado, valiente guerrero solo emulado por Aquiles, hace de casi toda la película un incansable y deseado regreso a casa, metiendo la pata en algunas situaciones pero ayudado o no, por los dioses.
Odiseo buscando, preguntando, tratando de recordar tras el shock troyano de una violencia ilimitada, tomando conciencia de esa masacre, de ese “engaño” emulado en la leyenda de la derrota troyana con un “caballo de Troya”. Odiseo sentado en medio de la matanza, destrucción de ídolos, saqueo y asesinatos a toda la flota y población troyana, de pronto se desengaña para hacernos ver que su reflexión primero, y su “retiro” después, le sirven para “humanizarse” tras los largos años de guerra pausada, de la insistente distancia familiar y de su poca añorada polis, lo transforman en el Bien que recuperará todo después de su odisea recorrida y el obligado ajuste de cuentas con las divinidades.
Merecida madurez cinematográfica tiene esta polémica película. Fuera de las opiniones de los “expertos”, Odiseo entra en esas proyecciones en las que pareciera nos quiere decir que nos veamos hoy todos. Sin proponérselo, Nohlan nos devuelve a un Odiseo íntegro, reflexivo, y finalmente, feliz… con su familia. ¿Adónde nos quiere llevar entonces su ejemplo heroico? Fuera de la conspiración política latente, fuera de las buenas actuaciones elegidas muy bien, el rostro de Damon nos seguirá por un largo tiempo.







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