Mundial basura

Foto: FIFA

Por Germán Martínez Aceves

Más allá de las polémicas sobre si una selección nacional es beneficiada o no en el Mundial 2026, sin duda alguna somos testigos de grandes futbolistas históricos:

Kylian Mbappé es un delantero letal, impecable, derribador de cualquier tipo de defensas; Ousmane Dembelé le hace segunda, un dúo de diamantes negros que pueden ser la pesadilla de cualquier portero;

Erling Haaland, vikingo gigante emanado de la mitología nórdica, cazador certero del área chica que puede caminar entre los centrales como si atisbara atrás de los árboles a su presa convertida en balón que en cualquier momento le llegará y a velocidad de un trueno horadará la portería contraria con la fuerza de Thor.

Harry Kane, fino goleador que como caballero medieval puede bajar a reforzar la defensa de su portería, avanzar a media cancha cual lancero desaforado o mantenerse firme en la zona de gol para rematar el balón con la certeza de una espada hábil que perfora al enemigo, apoyado por Judi Bellingham, sagaz e inteligente armador, ambos son otro binomio que atemoriza a los rivales.

Lionel Messi, dígase lo que se diga de él, el rosarino de 39 años es un orfebre de la cancha que parece gozar las situaciones límite para desplegar su talento construyendo ataques punzantes y tiros a gol que llegan en muchas ocasiones a ser el triunfo de la belleza.

Cristiano Ronaldo, portentoso goleador que puede volar y rematar de cabeza de manera certera o disparar a la portería con la certeza de que la anotación es inequívoca. Con poca fortuna en el Mundial 2026 vimos el ocaso de una leyenda que salió de la cancha cabizbajo con el peso en sus hombros de que no pudo llevar a Portugal a buen puerto.

También hemos disfrutado el arrojo de Cabo Verde, el estoicismo de Irán, el placer de Curazao de haber anotado en su debut, la combatividad de Japón (si hubiera tenido un camino como el de Argentina, seguro llegaba más lejos) o el idilio que fue construyendo la selección mexicana con su futbol asociación que llegó a tener momentos virtuosos (el primer tiempo contra Ecuador, por ejemplo) y con la locuaz, imaginativa y relajienta afición que, lejos de los altísimos precios de los boletos, se apropió de las calles como una marabunta ávida de fiesta interminable y de válvulas de escape para paliar por unos días la brutal realidad.

Bueno, inevitable, como seguidor irredento de los Mundiales, no podía dejar de lado algunos puntos para llegar a lo que me refiero con el título del artículo: el Mundial basura.

            La voracidad depredadora de la FIFA encabezada ahora por Gianni Infantino crea una burbuja inflacionaria en medio de una danza de millones de dólares y componendas políticas vergonzosas con los peores seres humanos del planeta.

            Como buenos capitalistas salvajes su objetivo se centra en la multiplicación de billetes verdes a costa de lo que sea generando algo que a pocos o a nadie interesa: la contaminación que se produce en un Mundial de futbol con 48 países en tres sedes: México, Canadá y Estados Unidos.

            Al aumentar los equipos crece el número de vuelos internacionales y nacionales que transportan a los equipos, a los dirigentes de las federaciones, a los periodistas y a los millares de aficionados que realizan su peregrinaje cual fieles devotos de una religión. Pongamos el ejemplo de Colombia que jugó en los tres países sede y llenó estadios y calles con la gran ola amarilla. Súmese a ello el consumo de gasolina de autobuses y automóviles más los gastos de energía eléctrica y los viajes en jet particular de Infantino para estar en todos los estadios.

            De acuerdo con el portal El Mundo de España la Copa del Mundo genera en mes y medio más de 15 millones de toneladas de bióxido de carbono y gases de efecto invernadero que equivale a la emisión anual de una ciudad de un millón de habitantes.

            Entre más estadios aumenta el consumo de agua para mantener en buen estado las canchas, así como el consumo eléctrico para la iluminación y las pantallas gigantes. El promedio de asistentes de un estadio es de 80, 000 personas. Imagine a cada uno con su vaso de cerveza o refresco más bolsas de comida chatarra, cornetas y banderolas (en la inauguración alguien tuvo la ocurrencia de regalar sombreros de cartón y la afición decidió tirarlos como lluvia de sombreros locos).

            Ahora vayamos a las Fan Zone que, cuando menos en la Ciudad de México, conforme el seleccionado tricolor avanzaba las calles se llenaban de más gente y sí, más basura que creció de manera exponencial. Habrá que agregar a ello que no hay servicios sanitarios suficientes para la muchedumbre en expansión y si los hubiera serían objeto de retos aptos para el relajo desbordado. Ornamentos naturales, plantas, flores y árboles son propensos a la devastación del pueblo feliz y sabio.

La Secretaría de Obras y Servicios de la Ciudad de México calculó 80 toneladas de basura por cada celebración. En total fueron cuatro triunfos (Sudáfrica, Corea del Sur, Chequia y Ecuador). Multiplicado por los tres primeros juegos fueron 240 tonelada de deshecho y el último, dado que fueron más de un millón de personas alrededor de El Ángel de la Independencia habría que calcular otras 240 toneladas para un aproximado de 480 toneladas de basura, la mayoría, plásticos. Aunque fuéramos japoneses disciplinados que llevan su bolsita para recoger sus deshechos, de todas maneras, las montañas de inmundicias existirían.

Una posible mitigación sería la reducción de países participantes y tener solo un país sede, pero el monstruo insaciable de las riquezas no tiene llenadera y ya se planea que para el Mundial 2030 la inauguración sea en Uruguay como una manera simbólica de celebrar los cien años de la justa futbolista y realizar el campeonato de la Copa del Mundo en Marruecos, Portugal y España. Cantidad mata calidad.

Los ídolos del futbol siguen creándose en cada Mundial y junto con ello la basura contaminante que llega para quedarse como las “pausas de hidratación”, el pretexto idóneo para generar más ganancias en el sistema depredador de la FIFA.

*Es miembro de la Editorial de la Universidad Veracruzana y colaborador de Radio UV. Como delantero distraído con suma facilidad cae en fuera de lugar en cualquier circunstancia de la vida.

No comments yet.

Deja una respuesta

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Leave your opinion here. Please be nice. Your Email address will be kept private.