Chiapas, en los últimos lugares

La ya famosa Transición del nuevo gobierno de la República bandea por muchos lados. De pronto, nos sentimos en Finlandia y a todo el mundo le corre sangre democrática y alientos de consenso. Después, ese mundo se torna sediento de venganza y pide a gritos de redes sociales que el “gobierno de cambio” cumpla lo que dijo (aún cuando ni entra en funciones); la gente se revierte a sí misma y los aplaudidores de 80 años de PRIAN son los ahora vanguardistas de primera línea y tornados críticos de la real politik. Otro día, esto parece la calma que precede la tormenta: una vez iniciado el nuevo gobierno, cualquier gesto, dicho, ademán, gesticulación será usado salvajemente para decirle a los 30 millones de votantes que hemos sido bastante tontos porque “son más de lo mismo”.

Pero a propósito de esto, en Chiapas continúa vigente la máxima que caracteriza su alejamiento histórico del centro del país, del corazón de la patria, donde se toman las grandes decisiones: aquí nunca pasó la Revolución, y a cada rato, en cada sexenio, trienio, cualquier proceso electoral, en todas partes de nuestra maltratada historia, le da la razón.

Hace poco salieron a la luz unos rankingsdonde ponían a Tuxtla Gutiérrez, la capital, como la peor ciudad para ser vivida a nivel nacional. Y no solo eso, Chiapas todo, por enésima vez, como de las entidades más atrasadas de México, empobrecidas y carentes de toda posibilidad de progreso. Gobernantes van y vienen, ni “combaten” la pobreza, ni “sacan del rezago” a la gente, no crean empleos, estamos en los últimos lugares e educación a nivel nacional. No hay nada, pero nada.

No es algo que no supiéramos, pero no deja de sorprender qué demonios piensa la clase política que tiene secuestrado a Chiapas. En la capital, por ejemplo, no hay una sola calle y avenida que no esté literalmente despedazada. Ninguna. Los remedos de tapones a los baches se diluyen cuando una simple llovizna cae, metáfora de nuestras esperanzas de no caer por un día en un agujero que te machaque tu carro. Tráfico desastroso, sin ningún señalamiento, una flechita por Dios, que indique algo para dar fluidez vial. Una vez, allá por la Buenos Aires, en Terán, vi que arreglaban algo unos trabajadores, un agujero de esos, y hasta agradecimos el gesto. Cinco días después, taparon todo a lo loco y quedaron decenas de protuberancias. En los cinco días teníamos una avenida sin baches a una con docenas de ellos. No arreglaron nada, al contrario, deshicieron lo que estaba bien y jodieron toda la avenida. Surrealismo total.

Y seguimos. El senador de la Republica recién electo, Noé Castañón, no puede tomar protesta en su cargo porque ha infringido la ley por un pleito familiar. Y huyó, cuando tenía que enfrentar las acusaciones. El representante del Pueblo, en el máximo órgano de democracia nacional, quien también tendría que velar por la aplicación de la justicia, es sospechoso de algo, y es de nuestro estado.

Foto: Roberto Ortiz

De repente, Chiapas, de nuevo en el torbellino político, como si fueran poco los índices que nos reprueban en todos los campos. Mucha gente piensa que ni la Revolución ni la Transición, ambas siguen ausentes de nuestra institucionalidad. Como siempre, desde siempre.

El broche de oro. El gobernador, Manuel Velasco, sustituto de sí mismo, dobles licencias, violentado las leyes y la propia constitución de Chiapas, se convierte en la propia fantasía virreinal de la que aspiran nuestros gobernantes. Gobiernan como en sus ranchos, sus feudos, majestades “chiquitas” (como dijera el periodista Salvador Camarena), ni se enteraron de que el país ya cambió. Pero ¿para qué enterarse, si son impunes? Corrupción, impunidad, malos manejos, saqueo. Les vale.

Reprobados en todos los campos, Chiapas en la miseria total, y no exactamente desde la pobreza. Lo peor del país aquí se cultiva, se atesora y peligrosamente puede germinar.

Y encima de todo, por si no tuviéramos suficiente, quieren cerrar una librería de calidad, prácticamente la única.

 

 

 

 

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