Cruz Azul: ¿será que ahora sí?

El futbol es cosa seria cuando se trata de indagar los sentimientos que arroja, no sólo a los fans de este deporte, sino a un feelingque no podemos ver sino hasta que aparece. El Cruz Azul es el tercer equipo más popular del futbol mexicano y de los cuatro o cinco predilectos de toda la historia. Tiene feeling. Mucho y no es cosa menor, como tampoco lo es su tradición reciente, llena de dramatismo y de catástrofes dignas de un país envuelto en su particular laberinto de la soledad.

Escribíamos hace algún tiempo que, como nadie, el club encarna lo que el pueblo de México tiene como fortuna, o por lo menos lo que su imaginario lo permite. Veamos: el Chicharito Hernández, en el pasado Mundial de Futbol declara enfático que hay que pensar en “cosas chingonas”, enseguida se pinta el pelo de rubio y mete un gol ante Corea. El público, la prensa y los críticos lo vitorean y celebran que sí, en efecto, dejemos nuestro derrotismo para pasar del “no se puede” al “viva México cabrones”. Cómo no lo habíamos pensado antes, y el líder de nuestra selección lo dijo tan fácil y tan contundente.

Unos días después, quizá en el juego más fácil pero crucial de su grupo, pierden contra Suecia. Entonces, ese mismo público, esa misma prensa y los ahora implacables y ácidos críticos se burlan del jugador y de sus locuras en pensar en lo que no somos, en lo que jamás podremos ser, sino eso, siempre perdedores y distantes a los triunfos en el deporte más popular del país, pero quizá en el más malo que somos para practicarlo.

Pintura: Óscar Rico

Eso es el Cruz Azul. Ya nadie se acuerda de cuántos años lleva sin ser campeón de la liga (bueno, sus hinchas si, puedo asegurarlo como quien augura la lluvia en un verano moribundo); es el amo y señor de los segundos lugares, de los que nadie nunca se acuerda (si, sus fans si, lo he visto y puedo dar fe como obispo en un bautizo); es uno de los equipos que más invierte en jugadores, entrenadores y donde no se ve jamás una ganancia (en eso sí sus seguidores me dan la razón, con toda la misma seguridad cuando decimos que el Partido Verde es bien transa). Y en todos estos años, la otrora potencia futbolística de la década de los setenta, tiene cero cosas en sus vitrinas.

Esta especie de tragicomedia (no lo digo en son de burla, neta, sino tratando de explicar la analogía con aquellas cosas chingonas todo el tiempo diluidas en esperanzas rotas), lo ha caracterizado, como decíamos en un texto pasado, en el equipo del “verbo ingrato”: cruzazulear, pensar que las cosas están bien pero de repente la regamos como siempre, cuando hacemos todo, para demostrar el miedo a qué hacer si alguna vez triunfamos.

Así lo escribía: “Lo del síntoma de los penales no es un hecho aislado. Forma parte de una cultura nacional que Octavio Paz describió como el síndrome de un país conquistado y amestizado por todos los lados que se vea. Casi carentes de identidad propia, siendo híbridos en nuestra idiosincrasia es muy probable que no metamos un penal ante un estadio lleno, con la presión a cuestas y con todo el barullo nacional a cuestas del jugador que tira. Siempre que sucede eso, los mexicanos pensamos en la posibilidad, real y contundente, de que se va a fallar. No a la inversa, porque capaz que no sabríamos qué hacer si en realidad se mete el gol y ganamos. Pues bien, eso el Cruz Azul lo ha perfeccionado a tal grado que se ha convertido en el equipo que hace todo excelentemente bien, pero para la derrota”.

Por eso, es impresionante ver su paso en esta temporada, contundente, jugando bien y tratando de convencer. A mí no desde luego, y no por mala onda, aunque soy Puma de corazón, entro en el universo de las falsas expectativas de un equipo que tiene que sufrir horrores para dar un paso gigante. Soy de los que celebro que hayan perdido lo invicto, capaz se la creen y de la humildad del ganador en la batalla, puedan pasar a ser los soberbios el barrio, de esos fanfarrones que no han ganado nada pero actúan como que sí.

No sé si les alcanzará para el campeonato, pero creo lo más importante de su racha ganadora es que el equipo se sacuda de esa indolencia con que toman las cosas serias en un deporte que necesita de seriedad. Ojalá lo logren, por el bien del feelingque genera en el futbol mexicano, pero por sobre las cosas por exorcizar de una vez lo fatalistas que somos en un país que no esquiva, ni por un instante, las formas más agrias de hacerse daño y burla de nosotros mismos.

Termino así: “El verbo cruzazulearcomienza a formar parte de nuestra realidad, no tan solo a los hinchas, sino de la avalancha de cosas que México hace mal y lo hacemos nuestro. Conste que no es conformismo, sino un esmerado anhelo por saber qué pasa en lo profundo de un histórico club que no puede congraciarse ni con sus numerosos fans, ni con su historia, ni con su leyenda. Mucho menos con su propio espíritu extraviado en un mundo paralelo, el cual machaca constantemente su esencia de equipo grande”.

 

 

Un comentario en “Cruz Azul: ¿será que ahora sí?”

  1. José Luis Cañas
    19 septiembre, 2018 at 14:21 #

    Te sigo leyendo y disfruto Brother!

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