Los Consejos Vecinales en Berriozábal

La democracia es un proceso complejo y difícil. A veces de difícil acceso, en más de las ocasiones incomprensible para muchos, porque implica supeditarse por completo a la “dictadura de la mayoría”, una idea no tan arraigada en una población como la nuestra, la mexicana, en donde la ciudadanía ha sido relegada por años a un mero concepto sin uso, marchito y marginado por los partidos políticos que han estado en el gobierno.

El triunfo de la denominada Cuarta Transformación, tal y como se logró y en el contexto donde se llevó a cabo, no tiene parangón en la historia reciente del país. Aún están en espera los muchos análisis del impacto social y político en el arrasamiento en las urnas de parte del partido MORENA, ya en los próximos años se irá poco a poco entendiendo la dimensión de lo ocurrido. Una primera lectura de todo esto es el principal propósito de la gente cuando salió masivamente a votar para cambiar por completo el estado de cosas del país, por la vía pacífica y legal; concretamente semejó lo que todo el mundo ha dicho, una ola de hartazgo con la finalidad de deshacer las antiguas formas de hacer política, tan viciadas como inoperantes en muchos sentidos.

Siempre he dicho que, quizá por la prisa y por la inercia de la transformación a todo vapor, se perdió el momentumde la gente y su participación activa en la Cuarta. Muchos de los votantes volvimos a quedar en aquella inercia del voto por sí mismo, en solitario, como si eso bastara para el ansiado recorrido democrático mientras nos devolvíamos a nuestras casas pensando cómo ayudar en el cambio. Se debió explotar más el ánimo ciudadano en la cimentación de esas nuevas maneras de entendernos en lo colectivo y en lo público. Por el contrario, se volvieron a dejar a las instituciones como las únicas garantes de la participación. No es que esté mal, pero si la transformación implicaba el cuestionamiento del “oficialismo” en todo orden, pudo haber tiempo para pensar cómo debían ser estas nuevas normas y reglas.

MORENA

Como se sabe, la participación ciudadana es fundamental en cualquier ejercicio democrático. En un país como el nuestro, con una larga tradición en políticas fallidas – entendidas éstas para el servicio de la gente- organizare cuesta trabajo.

En la pequeña ciudad de Berriozábal, se han constituido los primeros Consejos Vecinales convocados por la alcaldía, ahora de MORENA, para ser el enlace de los barrios ante el gobierno. La idea no es nueva, lo innovador es que realmente se estén haciendo y, sobre todo, con la anuencia e intervención de la población. El sentido es descentralizar las decisiones gubernamentales y hacer que la gente haga suyo el gobierno, “del pueblo y para el pueblo”, dijeran las tradicionales consignas políticas.

Se han realizado dos reuniones barriales las que se han escogido a vecinos/as como representantes en distintas “carteras” que van desde el medio ambiente, seguridad, educación, desarrollo, etc. Se dice fácil, pero ponerse de acuerdo en un país, se insiste, donde nunca antes la política (y los políticos) había preguntado a los ciudadanos su sentir y su percepción de sus gobernantes.

Más que interesante el ejercicio. Las primeras participaciones hablaron más de quejas y de desagravios de los gobernantes pasados (en realidad, un rosario de hurtos, fraudes y expolio del erario, a diestra y siniestra); mucho escepticismo de cómo sería “cambiar las cosas” si “todos son iguales”. La demandas, desde las más locales (“quiero que pavimenten mi calle”) hasta las más generalizada (“que haya seguridad en el pueblo”, “necesitamos agua potable”), no hablan sino de las más imperfectas de las organizaciones, pero desde luego, poco a poco, la gente puede recuperar lo que siempre ha sido suyo pero tal vez nadie les había dicho. De a poco, ya en la segunda reunión, ya con el Consejo organizado, las demandas han aterrizado en un primer listado de necesidades. Por cierto, es evidente la participación de las vecinas, mujeres aguerridas y entusiastas que han tomado la batuta de este incipiente ejercicio democrático, y ahí es cuando uno puede percibir que, aunque imperfecto, este sentido de la participación va por buen camino.

A mi nunca me habían preguntado, ningún representante, ningún gobernante, por mis necesidades ciudadanas, mucho menos por nuestra intervención en la política. Nunca nos habían incluido y escuchado. Hoy es la primera vez, un primer atisbo de que el gobierno puede mandar obedeciendo.

 

 

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