Entre la escucha y la escritura

Imagen tomada de https://www.gaceta.unam.mx/no-basta-ensenar-a-leer-hay-que-formar-lectores/

Las gotas de lluvia comenzaron a caer, no eran ni las tres de la tarde. Mateo, el jefe de Sonia, le recordó que en una hora daría inicio el taller de escritura. Sonia se apresuró a la salita donde se llevaría a cabo la actividad. En el pasillo sintió el aroma a tierra mojada. Respiró profundo. Amaba ese aroma.

Al llegar a la salita revisó si las sillas estaban acomodadas. Se cercioró que la mesa estuviera con el mantel en color marrón y que también hubiera hojas blancas, lápices y bolígrafos al centro. Echó un vistazo hacia la ventana, el ruido de la llovizna le hizo recordar que el taller iniciaba pronto. Deseó que no hubiera una lluvia torrencial para que el público llegara.

Antes de salir de la pequeña sala, Sonia observó el lugar, aunque todo estaba en orden sentía que algo hacía falta. Cerca de la ventana vio un espacio para colocar un jarrón con flores. Sin dudarlo, fue a su oficina, compartiría las rosas blancas que la acompañaban ese día. Recordó cuando había llegado a trabajar a ese espacio cultural, llevó rosas, una blanca y una amarilla. Eran algo simbólico, la presencia de la naturaleza como parte de la vida. Regresó a su oficina. Preparó café y llevó la cafetera a la salita.

El deseo de Sonia se hizo escuchar, la lluvia cesó. Mateo fue a supervisar el lugar y posteriormente, se retiró. Sonia era la encargada de recibir a la escritora que facilitaría el taller. Estaba emocionada, a ella le gustaba leer y también se había inscrito.

La escritora Dinorah Jade llegó minutos antes del inicio. Sonia la saludó y le dio la bienvenida. Poco a poco fue llegando el público. El grupo era pequeño, 13 personas, en su mayoría mujeres, solo llegaron dos varones. Había varias generaciones, mujeres adolescentes, jóvenes y adultas mayores. En el caso de los varones, eran el hijo adolescente y el padre adulto joven.

Dinorah acompañó al grupo con distintas dinámicas. La intención no solo era escribir sino identificar por qué, para quién, sobre qué y cuándo escribir. Sonia estaba atenta a sus roles, como anfitriona en el espacio cultural y como participante en el taller.

Desarrollaron varios ejercicios de escritura, a partir de preguntas que implicaban conectar con sus emociones. Cuando tocó el turno de compartir lo escrito, Sonia sintió que su corazón latía más rápido. El grupo estaba atento a la escucha de cada texto. Dinorah compartía sus comentarios, alentando a seguir escribiendo.  Sonia esperó hasta la segunda ronda de lectura para leer un texto. Su tono de voz mostró sus nervios, poco a poco fue tomando seguridad. Concluyó contenta.

En el cierre cada asistente agradeció a la tallerista, al espacio cultural y a cada participante. Esa tarde lluviosa le había dado muchos aprendizajes a Sonia y a las demás personas, entre la escucha y la escritura se podían generar herramientas valiosas para la convivencia cotidiana, respetuosa y amorosa.

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