Los coletazos del monstruo

 

Durante el Movimiento Estudiantil de 1968, con nuestras edades como sostén del optimismo, pensábamos que el cambio social estaba al alcance de la mano. El triunfo de la Revolución Cubana encabezada por una generación notable de jóvenes, no sólo se comentaba en las aulas, sino que era la referencia para probar que el Imperialismo era vulnerable al grado de que se le podía derrotar, Esas décadas de 1960 y 1970 fueron las de las grandes discusiones acerca de las tácticas y las estrategias para cambiar las injustas sociedades existentes en el llamado Tercer Mundo, es decir, esa gran parte del Planeta que resintió, sufrió en varias partes y todavía sufre, al colonialismo. Los estudiantes de ciencias sociales, por lo menos en antropología, habíamos devorado el libro de Peter Worsley, El Tercer Mundo. Una nueva fuerza vital en los asuntos internacionales (Siglo XXI, 1966-1967), al lado del libro de Eric Wolf, Las luchas campesinas del Siglo XX, (Siglo XXI, 1979) y un texto destacado como lo es el de Helene Riviere D´Encausse y Stuart Schram, El Marxismo y Asia, (Siglo XXI, 1974). En la década de los 1970, vivimos la Guerra de Vietnam, en la que una sociedad de campesinos cultivadores de arroz, se enfrentaban al ejército más poderoso del mundo, el de los Estados Unidos. Los vietnamitas liderados por el legendario Ho Chi Min buscaban reunificar su país divido en Norte y Sur por el colonialismo francés. El pueblo Vietnamita primero derrotó a los franceses en la batalla de Dien Bien Phu entre el 13 de marzo y el 7 de mayo de 1954 y posteriormente expulsaron a los norteamericanos firmándose la paz en Paris en 1973, lo que incluyó la unificación del país en la actual República Socialista de Vietnam con capital en la ciudad de Hanoi, a la vera del Río Rojo. Me viene el recuerdo de una conversación que sostuvimos en Paris con el Embajador de la República de Vietnam, un grupo de jóvenes latinoamericanos que asistíamos a Francia para solicitar al movimiento obrero, la solidaridad con la lucha del pueblo salvadoreño. En el transcurso de la amplia conversación con el Embajador Vietnamita, le pregunté cómo se explicaba la derrota norteamericana. Palabras menos, palabras menos, su respuesta fue: “Somos un pueblo campesino acostumbrados a tener paciencia, a vivir con modestia. Los soldados norteamericanos proceden de una cultura en donde la rapidez es prioritaria. Todo tiene que ser rápido, hasta la comida. De manera que cuando las batallas duraban más de lo que habían calculado, se iniciaba la desesperación y los errores de la tropa norteamericana”. Agregó el Embajador Vietnamita: “Es fácil iniciar una guerra o saber cómo empezó. El problema es que nadie sabe a ciencia cierta cómo terminará”. Al decir del Embajador Vo Van Sung, la paciencia fue el factor, junto a la convicción de que se peleaba una guerra de defensa soberana, lo que al final explicó la derrota del ejército más poderoso del mundo que sufrió bajas calculadas entre 58, 000 a 60,000 soldados   muertos o heridos. Además, las pérdidas en armamentos, equipo y las consecuencias pos guerra en los sobrevivientes y en la propia sociedad norteamericana, fueron devastadores. Ante el actual panorama de agresión a Irán por parte de Israel y los Estados Unidos, el recuerdo de la guerra de Vietnam es un referente importante. Como lo decía el Embajador Vo Van Sung, sabemos cómo comenzó esta llamada guerra del Medio Oriente, pero nadie sabe cómo terminará ni cuándo. Los constantes anuncios del Presidente de los Estados Unidos sobre que en semanas terminará la guerra, no tienen sustento. Asistimos a los “coletazos” del imperio, lo que hará aún más cruenta y peligrosa una guerra que bien puede salirse de sus causes y generar gran sufrimiento a toda la humanidad. La misma sociedad norteamericana ha reaccionado en manifestaciones multitudinarias bajo el lema “ni tronos, ni coronas, ni reyes”. Es un reclamo para que regrese la democracia al país que sirvió de modelo a Alexis de Tocqueville para escribir su famoso La Democracia en América, (1835). Con claridad, el pueblo norteamericano ha expresado que rechaza la guerra. Después de todo, no son los hijos de los multimillonarios los que están en las trincheras, sino los jóvenes clase medieros o de plano, pobres, que se enrolan en el ejército para sobrevivir.  Según el desarrollo de esta guerra sin sentido, parece evidente que los Estados Unidos y su aliado Israel, no calcularon la capacidad de resistencia del añejo Imperio Persa, cuyo pueblo es el único que debe decidir su destino, incluyendo la aceptación o rechazo de un gobierno clerical. Las noticias no llegan completas y en apariencia, Irán está siendo derrotado. Pero los “alargamientos” del término de la guerra por parte de los agresores, testimonian que la capacidad de defensa de Irán sigue en pie. La guerra debe terminarse y debe el Imperio abandonar su vocación de inmiscuirse en los asuntos internos de los países con el fin de saquear los recursos naturales del Planeta. Ojalá veamos el fin de este período infausto que presenciamos y que vivimos.

Bosques de Santa Anita. Tlajomulco de Zúñiga, Jalisco. A 5 de abril, 2026

No comments yet.

Deja una respuesta

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Leave your opinion here. Please be nice. Your Email address will be kept private.