Futbol y Nación:símbolo y movilización popular

Imagen: Melly Silva
En este campeonato mundial de fútbol que aún transcurre, en México, que fue sede por tercera vez, observamos a multitudes celebrando el paso de la Selección Mexicana que un su período de preparación no había mostrado ninguna gran novedad. Pero lo que si fue novedad notoria desde el inicio del torneo fue el esfuerzo para combatir el elitismo del negocio montado por la FIFA (Mafia, que dice Thomas Kistner). Ante loes precios impagables por la población para acudir a los estadios, el Gobierno de México emplazó grandes pantallas y adecuó espacios públicos para c elebrar el FANFESTIVALK al que se ingresó de forma gratuita. En casi todas las grandes ciudades del país, la población se volcó para obervar os partidos de la Selección Nacional, que logró llegar invicta y si recibir gol hasta los octavos de final. Derrotó la Selección a Sudáfrica, Corea del Sur, Ecuador y Chekia, anotando 8 goles sin recibir ninguno. Llegó finalmente al quinto partido nada menos que contra Inglaterra pero respaldada por un poderoso grito que recorría la nación: ¿ …Y si, si? El pueblo estaba entregado a ese entusiasmo que una gran comunidad de identificación había inventado: ¿…Y si, si? Qué pasaría, hasta dónde llegaría el entusiasmo nacional ante los triunfos de un equipo que simboliza a la Mexicanidad. El si hubier, no existe. Pero si la Selección Nacional hubiera ganado el juego contra los ingleses, que todo mundo predecía, hasta los locutores, seguramente el nacionalismo, la euforia del triunfo, hubiera sido un suceso impresionante. Una vez más, observamos cómo el futbol propicia ámbitos para la manifestación de identidades: el campeonato mundial es un torneo de identidades, de pueblos, mostrándose ante el mundo. Esa es la cara popular. En México se hizo patente la simpatía hacia los pueblos que vienen de pasados coloniales: Cabo Verde, Marruecos, fueron ampliamente alentados por la afición mexicana. Pero hay otro ángulo que en este torneo mundial vimos desplegarse como nuca: los intereses políticos imperiales asociados al gran negocio. Llegó a tanto como el que el Presidente de los Estados Unidos pidierea y lograra que se revocara la tarjeta roja a un jugador de la selección estadounidense. Nunca se había visto tamaño despropósito. Afortunadamente la Selección de Bélgica tuvo el valor de derrotar a los estadounidenses y la artimaña trumpista fracasó. Los Estados Unidos no lograron el campeonato mundial, como era el propósito de la FIFA y del Imperio. Pero eso si: el negocio prosperó. Y lo volvieron hacer: el futbol es uno de los negocios del espectáculo más espectaculares, valga el pleonasmo. Una pésima decisión del director técnico mexicano, Javier Aguirre, que sacó del partido contra los ingleses al goleador Quiñones y al armador de juego Gilberto Mora, sin duda pesó para que México no lograra el empate en los tiempos oficiales. Si eso hubiera sucedido, México gana ese partido dado que los ingleses no hubieran aguantado el ritmo de los tiempos extras. Extraño cambio. Nos quedará la duda de por qué tamaña decisión. Pero lo que logró mostrar en el contexto del ámbito creado por los triunfos de la Selección Mexicana, es la importancia del símbolo: en este caso, de la Selección Mexicana de Futbol como símbolo de la Mexicanidad.
Tlajomulco de Zúñiga. A 7 de julio, 2026







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