Tiempo de canallas

Protestan en Estados Unidos contra el presidente Trump
En 1996, el Fondo de Cultura Económica publicó el libro de Lillian Hellman, Tiempo de Canallas. Es oportuno invocarlo en estos tiempos que vivimos. Hellman escribió contra el macartismo, esa corriente política en los Estados Unidos, instaurada por el Senador McCarty quien inauguró la persecución contra las izquierdas norteamericanas acusándolas de “comunistas”. Eran los años de la llamada Guerra Fría, resultado del fin de la segunda guerra mundial. El siniestro Senador McCarty instauró un tribunal para juzgar él mismo a los acusados. Bastaba una llamada telefónica anónima para señalar a quien fuera de “comunista” y de inmediato los agentes de McCarty acudían para atrapar y juzgar a la persona señalada. No se sabe a ciencia cierta el número de personas asesinadas bajo este tipo de arrestos, tan similares hoy a los que hace el tristemente célebre ICE con los inmigrantes. Corría la década de los años 1950. No importaban las evidencias y las pruebas. Bastaba con que alguien fuese acusado del terrible delito de “comunista” para que se le decretara incluso la pena de muerte. Así nació entre otras características ese Imperio contemporáneo que es los Estados Unidos, como el Ángel de la Muerte que asecha al mundo. Es notorio que la mayoría de los acusados por el Senador McCarty eran intelectuales, artistas, escritores, actores de cine; en estos tiempos, de “comunista “se hubiera acusado a tantos célebres actores que denuncian las atrocidades de Trump. En el año de 1930, un escritor norteamericano, Dashiell Hammett publicó El halcón Maltés, una novela cuyas trama fue llevada al cine en una película que protagonizó Humphrey Bogart y dirigió, por cierto por vez primera, Jhon Huston. Hammett fue acusado por McCarty de “comunista” y llevado ante el famoso tribunal. Justo Lilliam Hellman era su pareja, una escritora dedicada a escribir relatos para niños, se reveló como una gran ensayista, justo con su libro Tiempo de Canallas en donde denuncia al macartismo y los actores que servilmente y por venganzas acusaban incluso a compañeros de “comunistas” sabiendo lo que le esperaba al acusado o acusada. Hoy no es el fantasma del comunismo que recorre al mundo, sino uno que nació en la posguerra, convertido en realidad lacerante: el fascismo. Como si fuese una de esas neblinas portadoras del mal, el fascismo se extiende por el mundo liderado por el Gran Imperio contemporáneo. Para esta neblina letal no existe ni la democracia, ni el derecho internacional, y menos el “respeto al derecho ajeno” que decía Benito Juárez. Sólo cuentan los millonarios y sus negocios. Ni el deporte se escapa: allí está Nefastino con sus siniestros proyectos de convertir en empresa privada-lo que en parte ya es-al espectáculo del futbol. Incluso, el fascismo es capaz de revertir la voluntad de los pueblos contra sí mismos, como lo demuestran los casos de Colombia, Bolivia, Ecuador, Chile, y la lucha de Lula en Brasil para evitar que el pueblo se vuelva contra sí mismo. No hay duda: es un Tiempo de Canallas como lo escribió Lillian Hellman. Es probable que aún sea factible ver en algún sitio la película El Halcón Maltés filmada en 1941. Lo que si es factible es conseguir el libro de Lillian Hellman en el Fondo de Cultura Económica porque por lo menos existe una edición que data de 2021 y es probable que una con fecha más cercana. La perversión que denuncia Lillian Helmann alcanza a figuras estelares del cine, actores y directores, que señalaban a sus propios colegas de “comunistas” y los lanzaban al precipicio. Un precipicio que hoy se ha creado a través de los teléfonos móviles con las tiras interminables de videos que causan adicción desde la niñez. Es la “llorona” actual de la leyenda nahua, que en forma de mujer se presenta a los hombres para conducirlos al despeñadero. Hoy son las interminables tiras de videos reproducidas al infinito hasta que se cae en el abismo de la enajenación de sólo pensar en las redes sociales, en el tik tok o en uno de los mil trucos enajenantes de una tecnología sobre la que advertí en 1993 en el texto La Antropología ante el Nuevo Tiempo. En su momento, en aquellos años de la década de los 1950, Lillian Hellman se dedicó a defender a Dasheil Hammett hasta lograr arrebatarlo de las garras del tribunal de MaCarty, y con ello marcó el principio del fin de uno de los períodos más oscuros en la historia de los Estados Unidos. Hoy es el fascismo del círculo de poder norteamericano lo que amenaza y daña al mundo. Y sólo una reacción del propio pueblo norteamericano puede iniciar el fin de esta pesadilla.
Tlajomulco de Zúñiga, Bosques de Santa Anita. A 4 de agosto, 2021







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