Gracias desde el corazón

Mujeres y pájaros. Joan Miró

 

A Pánfilo, integrante de nuestra bandita peluda. Gracias por tanto.

El viento comenzó a soplar ligeramente, era una especie de arrullo para el corazón. También era una manera de anunciar que el otoño se acercaba. La montaña que rodeaba el lugar donde vivía Consuelo le daba un hermoso toque al paisaje, el verde oscuro de la vegetación recordaba lo bello de la naturaleza, la importancia de su cuidado y de no perder la capacidad de asombro ante ella.

Consuelo acababa de llegar a casa. En vísperas de inicio de ciclo escolar su día había estado ajetreado. Su lugar de trabajo era una pequeña papelería que tenían como negocio familiar. En la colonia donde vivía había pocas papelerías. Consuelo y su familia siempre buscaban dar varias opciones de productos de buena calidad y tener precios al alcance de los bolsillos. Sin embargo, en los últimos dos meses el negocio había tenido bajos ingresos, así que ahora habían aprovechado las ventas.

Esa tarde ella se había adelantado a casa, la alcanzarían en un rato más, su papá René, su mamá Esther y su hermana Priscila. Consuelo iba a preparar la cena. Mientras buscaba cosas en la alacena y el refrigerador escuchó un alboroto en el patio. Tenían varios árboles con bellos follajes, justo ahí era el escenario de la algarabía. Se asomó para escuchar con atención el trinar de los pájaros. Solo alcanzaba a ver que las ramas se movían mientras seguía deleitándose con los cantos de las aves.

Recordó que, en otras ocasiones, al pasar por el parque de su colonia, había escuchado esa algarabía en los árboles. Esto solía pasar alrededor de las seis de la tarde o unos minutos después. Era un trinar casi fugaz, mientras las aves se acomodaban en las ramas y luego, como un acto de magia, salían volando nuevamente o daban vueltas alrededor. Ahora le tocó presenciarlo en el patio de su casa.

Regresó a la cocina. Ya no tardaría en llegar su familia para cenar. Encontró tortillas de maíz y de harina, frijoles y quesillo. Así que decidió preparar unas dobladitas de frijol y quesadillas. El clima había refrescado un poco, así que eligió que tomarían chocolate con canela.

Mientras preparaba la bebida, Consuelo recordó la alegría que le brindó el escuchar el canto de los pájaros. Pensó que, a veces entre tantas actividades, no se toman en cuenta esos regalos de la naturaleza, que a veces uno se olvida de dar gracias desde el corazón por cada instante y por cada experiencia vivida, aun cuando no sea del todo grata. Agradecer le da un toque distinto al día a día.

El aroma del chocolate con canela se esparció por la cocina. Estaba tan ensimismada que no se dio cuenta que su familia había llegado, hasta que escuchó a Priscila decir: ¡¡Qué rico huele!! Parece que la cena ya está lista.

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