De movimientos estudiantiles

En estos días que corren he visto en la televisión pública varios documentales que muestran el desarrollo del CEU, movimiento estudiantil universitario en el que participó Claudia Sheinbaum. El Consejo Estudiantil Universitario se fundó en la Universidad Nacional de México (UNAM) el 31 de octubre de 1986, justo al cumplirse 18 años de la masacre de Tlatelolco en 1968. En aquello años era Rector de la UNAM el Dr. Jorge Carpizo, magistrado, con prestigio como jurista. Con esa obsesión que tenía el régimen priísta de privatizar la educación, el Dr. Carpizo propuso una serie de reformas académicas y administrativas que apuntaban hacia ese propósito, imitando al sistema universitario de los Estados Unidos. El nombrado “Plan Carpizo” recibió de inmediato la respuesta estudiantil. Lo que más indignó al estudiantado fue la propuesta de elevar significativamente las colegiaturas y quitar el pase automático a la Universidad de los estudiantes provenientes de las preparatorias que, de hecho, eran ya la entrada a la UNAM. Pero el CEU se había consolidado y lanzó el muy importante Movimiento Estudiantil de 1987. En ese año, el “Plan Carpizo” anunció la elevación del monto de las colegiaturas de acuerdo a lo aprobado en el Consejo Universitario en el año de 1986. El “Plan Carpizo” rompía de hecho la autonomía  universitaria adoptando medidas dictadas desde el Gobierno Federal. El CEU logró que se instalara una Mesa de Negociaciones en cuyo desarrollo la representación estudiantil derrotó todos los argumentos de la pesada burocracia de la UNAM. Varios de los miembros del Consejo Universitario que participaron en los debates, eran priístas distinguidos que no tuvieron éxito en ocultar el origen de los dictados que recibían. Al no obtenerse un acuerdo en aquellas memorables sesiones, que incluso se transmitieron por Radio Universidad, el CEU declaró la huelga el 29 de enero de 1987. La victoria estudiantil fue total: el 10 de febrero de 1987, los estudiantes levantaron la huelga obteniendo un triunfo histórico, que, desde mi punto de vista, reivindicaba al propio Movimiento Estudiantil de 1968.  En varias partes de los documentales, aparece una joven Claudia Sheinbaum hablando en los mítines universitarios, arengando a sus compañeros y compañeras. A lo largo de los documentales, hablan varios de los que fueron dirigentes de aquella histórica huelga conducida por el CEU, que, por cierto, adoptó el formato y las reglas del Consejo Nacional de Huelga de 1968. Después de la Revolución Mexicana, los movimientos estudiantiles fueron importantes impulsores de cambios sociales en un país, México, que veía como los ideales revolucionarios se esfumaban ante la llegada de cada sexenio, culminando en regímenes represores como el que encabezó Gustavo Días Ordaz y llevando la corrupción a grados inverosímiles durante los gobiernos de Fox, Calderón y Peña Nieto. Mientras veía esos documentales sobre el CEU y los acontecimientos de aquellos años finales de la década de los 1980, rememoré mis días en el Consejo Nacional de Huelga, la invasión de la CU, el Ingeniero Heberto Castillo, mis compañeros y compañeras, y caí en cuenta que aun queda mucho por analizar de ambos movimientos. Quizá uno de los aspectos que necesita mayor reflexión acerca de los movimientos estudiantiles del siglo pasado en México, sea su repercusión internacional, sobre todo, en el marco de la Guerra Fría y de los grandes movimientos en contra de la guerra de Vietnam y el imperialismo en general. La masacre del 2 de octubre en Tlatelolco ocurrió ante los ojos de la prensa que llegó al país para reseñar los Juegos Olímpicos. Incluso, en el mes de noviembre de 1968-a un año de mi egreso de la Escuela Nacional de Antropología e Historia (ENAH)-se celebró en la Ciudad de Nueva Orleans, la Reunión Anual número 68 de la American Antrhopological Association, la más grande organización de antropólogos en el mundo. Mi mentor, Ángel Palerm y entre otros, Guillermo Bonfil, mi profesor, me habían anunciado que formaría parte de una delegación mexicana de antropólogos que asistiría a la reunión en Nueva Orleans. En esa delegación, además de otros colegas, iría también Salomón Nahmad, nuestro tan querido y respetado amigo. Mi incorporación a la reunión obedecía a que se me asignaba explicar ante la Asamblea de los Antropólogos y Antropólogas, el desarrollo del Movimiento Estudiantil y la participación de los estudiantes de la ENAH. Así que me incorporé a dicha delegación y llegamos a Nueva Orleans justo un día antes de la inauguración del Congreso de la llamada “Triple AAA”. Fue para mi una experiencia muy importante. Allí conocí a quienes había leído, entre otros a: Margaret Mead, a Pitt-Rivers, a George Foster, que nos recibió dándonos en un sobre varios dólares “para tragos” en la inauguración. Se me informó que hablaría durante el desarrollo de la Asamblea General de la Triple AAA y así sucedió. Con los nervios de punta, al escuchar mi nombre, caminé hacia el podio acompañado de un gran colega, Martin Diskin, quien fue mi traductor. Me presenté como representante de los estudiantes de antropología de la ENAH y delegado ante el Consejo Nacional de Huelga, y a continuación relaté el desarrollo del movimiento, las peticiones enfatizando el punto de libertad para los presos políticos y la búsqueda de democracia, finalizando con la descripción de la tarde-noche del 2 de octubre de 1968 en Tlatelolco. Martín Diskin tradujo fielmente cada palabra. Al finalizar mi intervención se suscitó una discusión en la que recuerdo a los antropólogos de la izquierda, intervenir: Angel Palerm, Eric Wolf, Sindey Mintz Guillermo Bonfil, entre los que recuerdo. Aun Pedro Carrasco también intervino en aquella memorable reunión. Al final, se votó la propuesta de los oradores: dirigir una carta al Presidente Díaz Ordaz protestando por la masacre de Tlatelolco y exigiendo la libertad de todos los presos políticos. En esa carta, los antropólogos reunidos en la 68 Reunión de la “Triple AAA”, destacaban: Condena a la violencia del gobierno de Díaz Ordaz contra manifestaciones pacíficas de los estudiantes; protesta al ataque de instituciones universitarias invadidas, dañando la autonomía universitaria; condena a la violación de los derechos humanos por parte del gobierno de Díaz Ordaz; finalmente la Solidaridad Académica Internacional con el Movimiento Estudiantil de 1968. Al término de la lectura de la Carta, la Asamblea irrumpió con fuerte y prolongado aplauso. Estoy seguro que en algún lugar de la prensa nacional debe estar mencionada dicha carta. Y es a ese tipo de sucesos y sus repercusiones a lo que me refiero ciando menciono que aún falta completar el análisis de un movimiento estudiantil como el 1968 y en general, de los movimientos de estudiantes mexicanos en el siglo XIX.

Bosques de Santa Anita. Tlajomulco, Jalisco. A 2 de noviembre, 2026.

No comments yet.

Deja una respuesta

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Leave your opinion here. Please be nice. Your Email address will be kept private.