La escritura me habita[1]

A todas las escritoras que me han acompañado e inspirado,
en especial a las mujeres de mi linaje, quienes desde su narrativa oral
me incentivaron el gusto y amor a la escritura.
Si tengo la oportunidad de poder comentar cómo y cuándo decidí comenzar a escribir, no dudo en evocar mis primeras líneas hace varios años. La lectura ha sido una gran aliada, pero también las distintas experiencias que he tenido en el paso de mis andares.
La serie de vicisitudes y anécdotas que he vivido son ahora los momentos que me permiten darle sentido a lo que plasmo en mis letras. Volteo a ver a mi niña interior y descubro esa inquietud por escribir, qué, no lo sé, no recuerdo con exactitud. Lo que si tengo presente es la inquietud, la curiosidad, el anhelo de que el texto o la imagen que leía y veía, encontrara un eco en algo que muchos años después hallaría en mi escritura.
Los textos sueltos que aún guardo y releo, dan cuenta de esa inquietud que continuó incrementándose y buscando lugar, de una u otra forma para poder plasmarlos. Es importante compartir que he tenido estímulos, las letras y textos plasmados en libros, cuentos, columnas, poesías, que me han contagiado el ánimo para seguir en este camino. Lo agradezco desde el corazón.
Hace tiempo escuché en la presentación de un libro la frase, ‘soy aprendiz de escritor’. Me gustó esa frase, la asocié con mi sentir. No me considero una escritora sino una mujer inquieta y apasionada de la escritura, a quien le gusta plasmar sus textos, ideas, reflexiones y lecturas de lo que sucede en mis contextos, terruños y en lo cotidiano.
A nueve años de escribir esta columna periodística, sin dudarlo puedo compartir que la escritura forma parte de mí, de mi día a día. La escritura me habita y eso es un gran regalo en mi vida.
[1] Este texto se redactó como uno de los ejercicios de la autora de esta columna, en el marco del Taller de escritura creativa Escribir para el alma, facilitado por Luis Antonio Rincón García, el 23 de abril de 2026.







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