Tratado

OTAN
Foto: Cortesía
A John Saxe-Fernández, in memoriam
Había pensado escribir cómo una forma de normalización de la violencia, fuerza, miedo y terror se ha gestado y patrocinado desde el poder norteamericano, nos recuerdan las calles alemanas de principios del siglo XX donde las fuerzas de choque (S.A. Sturmabteilung) destrozaban la República, persiguiendo, rotulando y atrapando a comunistas. Los nazis abrían de esta forma la funesta puerta del totalitarismo, que en la actualidad se expresa en ciertas formas en el trumpismo que evade otros problemas internos y externos.
Pero quizá la noticia del mes ha sido la terminación del tratado de armas estratégicas firmado en varias fases entre Rusia y Estados Unidos, ocurrida el 5 de febrero. Con ello el reloj del fin del mundo reduce a 85 segundos su ruta hacia el juicio final, el apocalipsis de la auto aniquilación humana. Ese tratado vigente desde muchos años se distinguió por ser el límite para la producción de armamento termonuclear, basado en las ojivas nucleares, en detener el primer ataque y la supervisión de las plataformas de lanzamientos desde submarinos o bombarderos.
Como herencia de la guerra fría y proclive a la Destrucción Mutua Asegurada (MAD) y en el contexto de una bipolaridad estratégica, estabilizó formalmente la seguridad internacional, es decir, la tercera guerra mundial, y permitió alejar momentáneamente ese riesgo. “Ya no estamos sujetos al tratado”, expresó el ministro de exterior ruso. Y es que ambas potencias ya habían expresado dudas, reticencias y, sobre todo, desconfianza, debida, —pero no únicas— a dos razones: el gobierno de Trump y la guerra ruso-ucrania.
Esta inestabilidad estratégica propició que Rusia se retirara del tratado, después de proponer una prórroga que nunca llegó de parte de Norteamérica. Trump, por su parte, ya se había retirado del acuerdo de armas estratégicas de mediano alcance, las que tienen una potencial menos bajo que los misiles de largo alcance que forman parte del acuerdo finiquitado. En cuanto a la guerra que libra Rusia en su frontera, su posición estratégica pasó a ser más defensiva frente al cerco la OTAN, no sólo en Ucrania, sino también en Asia ante un Japón aliado norteamericano, algo que ha tomado muy en serio, firmando acuerdos de seguridad y defensa con Bielorrusia y Corea del Norte. En realidad, el Estado Mayor Conjunto ruso prepara su defensa, factor que, por cierto, no es ajeno a su historia. Si ya antes del 5 de febrero, el rearme había empezado a caminar con cierta prisa en varias naciones, derribado estatus pacifistas o neutrales como Japón y Suecia, el fin del tratado estratégico de limitación de armas nucleares, abre la puerta en el tiempo que muchos creyeron se había ido: “el fin de la guerra fría”. Ahora esta guerra está más caliente. Una “paz fría” poco a poco se vuelve helada, pese a que los bombarderos estratégicos dejaron hace tiempo de volar todos los días desde 1947 en previsión de un ataque nuclear. Sin inspecciones, sin regulaciones, sin límites, el rearme tiene luz verde… tic tac tic tac…







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