Black Hawk

Black Hawk
Foto: Secretaría de Seguridad del Puebloi

En la modernización de la seguridad pública emprendida por el gobierno estatal, además de la tecnología, cuerpos elite y educación, se encuentra la compra del helicóptero halcón negro, cuyo costo es de 20 millones de dólares, un poco más de 362 millones de pesos. En los últimos días se ha escuchado volar. La gente comenta la frecuencia con la que vuela esta nave por los cielos tuxtlecos. No es común que oigan el ruido del motor de esta máquina de guerra para poco transporte, para repliegue, con artillería y construida por la empresa norteamericana Sicorsky, una sucursal del monopolio de armas y uno de los principales contratistas del complejo militar industrial y en gran parte del mundo: Lookheed Martin.

Hasta esta tierra ha llegado el helicóptero, el cual se informó, desprendió los techos de casas. De pronto una máquina de guerra se vuelve, si no estupefacción, sí curiosidad. O preguntas como: ¿tuvo la compra la aprobación del Congreso del Estado?, ¿Cómo se pagará?, ¿Ya se pagó?

Por otro lado, y como se ha demostrado por algunos estudios, en la compra de un equipo militar, (tanque, avión, armas), también se adquiere una dependencia comercial porque las herramientas sólo las posee el constructor original, además de que la capacitación profesional para el uso de la artillería y del manejo de la nave, también forman parte del “paquete” del negocio de las armas a nivel mundial y una de las bases económicas del capitalismo. En realidad, existe un riesgo de depender desde un tornillo, hasta el piloto, para que una adquisición costosa no funcione. Se compra un socio político. Puede ser reemplazado, pero si la empresa o Estados Unidos dice no, el reemplazo no llega y el aparato es inservible.

Sean peras y manzanas, el aparato ya está aquí y su sonido no deja dudas, pero sería bien conocer los detalles de la compra llevada a cabo en 2025. Lo que sí se sabe es que su prioridad es el combate al crimen organizado, así como “recuperar la paz”. Cierto es que en la actualidad la tecnología en las comunicaciones es vital para cualquier gobierno, frente a la capacidad bélica y tecnológica de los nuevos mercenarios, y hacia esa guerra cibernética se dirigen las instituciones públicas y privadas de seguridad. Una prueba de ello es que en la guerra Rusia-Ucrania, el teatro de operaciones no se decide con helicópteros.

Esta vía para enfrentar la violencia y la inseguridad, puede ser bien vista por algunos, pero no por otros, al menos que los resultados se vuelvan paz y seguridad para muchos chiapanecos, algo que, por otra parte, muchos deseamos- En 1994 el gobierno mexicano decidió no comprar helicópteros Cobra, porque entre otras cosas, había provocado un debate y oposición en el Congreso norteamericano, ya que su venta implicaba las violaciones a los derechos humanos y también porque el equipo militar vendido en países del continente latinoamericano, habían contribuido a derribar o bombardear puertas o edificios, o de plano apoyar golpes de Estado. Jane Therry, del Subcomité de Asuntos del Hemisferio Occidental de la Cámara de Representantes dijo: “el Departamento de Estado no aprobará la petición de los Cobra […] Durante la rebelión de Chiapas, México atacó a la población civil con helicópteros que Estados Unidos le vendió para combatir el narcotráfico. Este país no se los vendió pensando que México lo usaría para eso. A nosotros se nos criticó por haber vendido equipo militar que se empleó contra el pueblo mexicano […] El asunto de los helicópteros es muy delicado, pues no queremos que nuestro equipo asesine a campesinos mexicanos. Esto es lo que sucedió en Chiapas. no es pura especulación”. (Proceso, junio 20 de 1994, p. 24, en Olivia Gall (coord.), Chiapas, UNAM, CIICH, 2001.)

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